
Hoy como muchas mañanas que te lavas las manos frente a mí te he vuelto a ver desde el interior mirándonos como siempre al unísono y recordando de nuevo que yo aquí dentro y tú ahí afuera no pensamos lo mismo.
En el exterior vuelves a mostrar tu feliz apariencia y compartida gracias a que el interminable e inexorable girar de las manecillas del reloj hizo que se lo tragara el olvido; pero aquí en el interior sigo también feliz porque la situación y el deseo imposible de la amnesia no fue del todo tal, sólo una necesidad práctica por ficticia.
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