REFILONES



Se miraban los tres mutuamente y de refilón. A pesar de las piedras que le iban a ser colocadas en el camino por el auténtico Sir , el disfrazado del primero seguía en su empeño de promocionar la lectura por las calles de Jaén.

Se encontraron los tres esa mañana algo menos cálida que otras en la terraza de la Colombia 50 como centro de todas las operaciones y con el objeto de que el disfrazado de Sir pudiera leer ante el resto de parroquianos y personas semovientes por el lugar la magnífica obra de Adolfo Bioy Casares que lleva el título de “la invención de Morel”.

Había surgido un problema, el disfrazado no se fiaba de su real y así el autor tuvo que implicarse de forma directa en la promoción lectora que iba a realizar su personaje ficticio ante los malos ojos del auténtico e indiscutible Sir acudiendo por tanto en persona como observador o implicado en los acontecimientos que pudiesen suceder.

-Yo soy el auténtico Sir- se atrevió a decir el que traía de su casa una forzada expresión de cabreo.
-Yo sin embargo soy un mero imitador disfrazado, venido a menos y testigo de mi propio fracaso- dijo el del disfraz que intentaba leer “la invención de Morel” sin ningún éxito debido a la extraña atmósfera que se había formado.
-Yo soy el autor de la historia- manifestó el autor de la historia.
Estaba claro que no iba a haber avenencia por ninguno y eso hizo que me planteara presentarme yo mismo en la Colombia 50 mediando entre los tres o cuatro que íbamos apareciendo como autores, personajes y sujetos de carne y hueso víctimas todos de una especie de locura diabólica ante el horrorizado espanto de las majas camareras de la cafetería que tan buen café nos sirven, y con el único objeto final de colocarlos a cada uno en su sitio.


1 comentarios:

Alfa79 dijo...

Todos somos autores de una historia, de nuestra propia historia. ¿ Qué historia es más interesante o excitante?

Todos utilizamos ese disfraz que nos impone el día a día. El mejor disfraz: el que se parece a nosotros.