
Se miraban los tres mutuamente y de refilón. A pesar de las piedras que le iban a ser colocadas en el camino por el auténtico Sir , el disfrazado del primero seguía en su empeño de promocionar la lectura por las calles de Jaén.
Se encontraron los tres esa mañana algo menos cálida que otras en la terraza de
Había surgido un problema, el disfrazado no se fiaba de su real y así el autor tuvo que implicarse de forma directa en la promoción lectora que iba a realizar su personaje ficticio ante los malos ojos del auténtico e indiscutible Sir acudiendo por tanto en persona como observador o implicado en los acontecimientos que pudiesen suceder.
-Yo soy el auténtico Sir- se atrevió a decir el que traía de su casa una forzada expresión de cabreo.
-Yo sin embargo soy un mero imitador disfrazado, venido a menos y testigo de mi propio fracaso- dijo el del disfraz que intentaba leer “la invención de Morel” sin ningún éxito debido a la extraña atmósfera que se había formado.
-Yo soy el autor de la historia- manifestó el autor de la historia.
Estaba claro que no iba a haber avenencia por ninguno y eso hizo que me planteara presentarme yo mismo en
1 comentarios:
Todos somos autores de una historia, de nuestra propia historia. ¿ Qué historia es más interesante o excitante?
Todos utilizamos ese disfraz que nos impone el día a día. El mejor disfraz: el que se parece a nosotros.
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