Me encuentro de repente lavándome las manos en los aseos de lo que creo que es la Colombia 50 de la calle Cerón. No sé qué hago aquí, he aparecido de improviso, sin avisar y sin saber cuando ni por qué entré, no recuerdo haberme dirigido en ningún momento a esta cafetería a tomar café por lo que pienso que la mejor opción para salir de dudas es salir a la barra y ver por lo menos qué hora del día es aunque tampoco recuerdo por qué no llevo reloj y el por qué me estaba lavando las manos.
Mi nombre es Mc Alsen y es que por orden de no sé quién tengo una doble misión, por un lado conseguir evitar que un mal apócrifo e imitador de ese no sé quién que me ha colocado en esta situación lea sus regulares publicaciones, y mejor todavía que no sepa cuándo, cómo y dónde las publica; por otro impedir que este sujeto lea por las calles, plazas y cafés de la ciudad.
Al salir a la barra las encargadas del local no salen de su asombro al ver a alguien que nunca entró antes en el WC sino que apareció en el escenario debido a una mezcla del azar y el libre albedrío, pienso que el mejor recurso es salir de la cafetería, entrar en las calles de Jaén y largarse.
Ahora lo entiendo, en la terraza de la Colombia 50 está él provocándome con un ejemplar de “el doble” de Dostoievski , sí el gilipollas ese al que tengo que pararle los pies evitando su lectura pública como si quisiese ganar algún tipo de fama y honra leyendo al aire libre en una ciudad en la que no se suele leer en público. Pero no tengo instrucciones del no sé quién, además con tanto personal apurando sus últimos sorbos de café en las mesas sólo podría resolver el encargo de una forma aparentemente amistosa siendo lo mejor volver al excusado de caballeros e intentar desaparecer o ver lo que pasa.
Intentando entrar en el váter para difuminarme, no se puede abrir la puerta, está atrancada o cerrada, una de las camareras así me lo confirma, no sé qué hacer estoy atrapado al no poder acceder al aseo buscando mi evaporación. Ya no hay clientes en la barra, tampoco en la terraza, de repente, se abre el aseo de hombres y aparece una chica que no había visto antes vestida también de camarera pero con bata blanca y un vaso de agua sobre un plato con algo pequeño y redondo al lado, no puedo volver a salir a la calle pienso con angustia, un reloj colgado del techo y un rótulo con el horario me dicen que van a cerrar viendo la hora.
- Es la hora de que se lo tome – le oigo decir.
5 comentarios:
Una locura muy real ... Encantada de haberte descubierto.
Excelente relato de un ser o no ser, de un ocurrió pero no ocurrió.
Es tan kafkiano que, ni siquiera Kafka lo escribiría mejor.
acabo de llegar de Sabiote postferia. El caracol lleno de cacharritos de feria. la proxima vez te aviso o me avisas. Saludos emilia (yoelchoto)
esa pudiera ser una situación no muy lejana en nuestro entorno..l asistencia continua al servicio a lavarnos las manos...son las paranoias que nos crean nuestras autoridades sanitarias...con la dichosa pandemia .. saludos
Curiosa pesadilla en el baño de una cafetería. Un personaje de Trainspotting resolvía el problema metiéndose directamente en el mundo interior del retrete.
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