
Después de empuñar las armas tras varias o muchas semanas sin darle al correr siendo el lugar elegido el parque del bulevar se veía venir la cosa, he sufrido un castigo de los divinos o de los no divinos por estar tanto tiempo sin darle a las zapatillas con las excusas de siempre: que si vacaciones, que si el estómago, que si el calor.
Normal todo, ya que cuando ayer tarde me decidí por fin, justo al empezar a correr recibí un chaparrón de los grandes, de esos que te quieren hacer abandonar, pero no lo hice al saber que era todo adrede, sí, de algún mal sabio encantador que me la tiene jurada se llame o no Malambruno.
Me dio igual, completé unas tres vueltas al parque donde creí deshacerme y estuve a continuación más de veinticuatro horas descompuesto, pero hay que seguir, volver a coger la forma y mandar al cuerno a los sabios, a los gigantes y a la lluvia.
2 comentarios:
Que llueva, no importa para quien tiene ganas de hacer algo.
La lluvia no es un castigo, en todo caso una motivación para la vida.
Si te cayó agua después del parón veraniego, es que tu cuerpo y tu mente la necesitaba.
Suerte y a seguir corriendo.
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