
Llegó en la madrugada de San Lucas a la librería Mimo Libros sacando seguidamente su ganzúa vibradora de batería con el fin de penetrar en su interior, el propósito no era otro que el hallazgo y captura de un extraño libro sin autor y en el que existía un litigio contencioso en el que se disputaba su autoría, mostrando desde entonces mucho interés en su localización y que según un viejo librero de Cástulo el único ejemplar disponible había llegado por azar a este histórico local de compraventa de libros antiguos, un ejemplar que no se había puesto a la venta desde que el pardillo de su último dueño se quisiese desprender de él como obra inservible y de poco valor por escaso dinero.
El local oscuro y lleno de polvo, gracias a eso se amortiguó la ya de por sí silenciosa atmósfera que encontró a su paso, la obra estaba a la vista sin la compañía de ningún otro libro en el mostrador haciéndola suya sin pensar al ver al instante en un rincón una radio antigua de esas que tardan en calentarse pulsando sin titubear uno de esos botones que hacían subir los otros que permanecían pulsados. El parte no podía ser más desalentador, una voz retransmitía una noticia local relatando un suceso en el que según el testimonio de algunos vecinos que salían de sus casas vestidos de fiesta habían visto a un sujeto entrar en la librería Mimo Libros forzando la vieja persiana, el locutor puso fin a la noticia contando que varias unidades del cuerpo nacional de policía ya se dirigían hacia allí por lo que la desazón sobrevenida provocó que utilizara como escape una vieja puerta que salía a un pasillo bifurcándose con otro que daba a un patio andaluz de interior con otra puerta a la que se aproximó con extrema cautela y en la que le pareció oír unos extraños gemidos que procedían de los adentros, todo con sumo cuidado también de no extraviar el famoso libro.
Fue ahí cuando con el libro en las manos me descubrió a cuatro patas sobre la mesa con un desconocido y sin lograrme desconcentrar de la tarea decidí omitir el consabido “no es lo que parece” ya que no cabía en sí al verme, me pidió permiso para participar obligándome a decir que no, invitándole sólo a introducirse en el armario, obedeciendo acto seguido don una docilidad asombrosa.
Observa y aprende.
Fue lo único que me escuchó decir al cerrar la puerta y asirse al perchero justo cuando llegó la patrulla policial no imaginando que se iban a dirigir al armario que lo encerraba, no llegó a ver a la agente hasta que notó en sus muñecas el clic de las esposas sin soltar el libro de sus manos, él también decidió olvidarse del “no es lo que parece”, pero mientras sin darle tiempo a razonar tanto acontecimiento distinto sobrevenido se vio sin pensarlo dentro del furgón policial imaginando como destino final de su heroicidad de San Lucas el de la comisaría. Cuando sin dejar de hojear el ejemplar conseguido en la librería vio por la enrejada ventanilla de su eventual celda rodante totalmente iluminada la plaza de toros se temió lo peor, al abrirse la puerta fue recibido por otros agentes del distinto cuerpo de la policía local, era evidente lo que ocurría, su detención era entregada a los municipales para ser devuelto por éstos al recito ferial de la vestida que albergaba en estos momentos el pleno de los habitantes de Jaén. Vagó en solitario dejando a su derecha el sapito loco y buscando una tranquila casera para ociarse en la lectura de la joya que todavía así en sus manos, -no es lo que parece- decía la primera frase de la primera página de la obra cuyo número no coincidía precisamente con la página 1, se puso nervioso y creyó perder la razón del tiempo y del lugar, temió que si se desvanecía no iba a poder volver en sí justo cuando le servían la primera cerveza en esa tranquila caseta de nombre desconocido, pensó que el argumento podía ser relacionado con alguna historia pasada de su doble vida anterior. Decidió casi con la razón perdida que no iba a abandonar más el sanatorio en busca de estupideces, desde que llegó a Cástulo todo le parecía absurdo, creía que ese paréntesis de varios años de tratamiento como enfermo mental llevaba aparejado alguna salida o excursión a la capital, tampoco sabía si era realmente la capital, muchos de los vecinos que iba conociendo con el paso de las semanas como enfermo en Cástulo le decían sobre lo que creía él como capital oficial que “no es lo que parece” otorgándose éstos a su ciudad la capitalidad supuesta. No supo en ese momento si tomarse esa noche la píldora que le habían preparados como tratamiento o leer algunas páginas de ese desconcertante libro que llegó a sus manos sin saber cómo, se sintió dichoso porque esa noche las cuidadoras no lo ataron a la cama.
2 comentarios:
Alguien dijo que pocas cosas son en este mundo lo que parecen.
Me ha gustado mucho este relato Jesús.
Un abrazo...!
No es lo que parece, y sin embargo, ¿ qué es lo que parece ser ?
Un relato muy singular, original, diferente, kafkiano.
Muy bueno. Sí, señor.
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