
El androide y las quimeras - Ignacio Padilla – Páginas de Espuma. El título me resulta curioso pero más curioso es verlo en la estantería esperando lector, no recuerdo haberlo comprado o encargado y tampoco me acuerdo de haberlo visto anteriormente, pero el caso es que hoy estaba en la estantería quizás por aparición repentina o porque el polvo iba a convertirlo en eso mismo enviándolo al olvido absoluto. Ya en su segundo relato percibo con agrado el intento de resucitar a Kafka, aunque a partir de ahí con algunas excepciones vuelve a enterrarlo de nuevo. Ignacio Padilla es su autor, un autor desconocido por lo menos para la modesta aunque amplia lista de autores que me pueblan el alma y mente, voy enseguida a saber quién es al leer la portada doblada hacia el interior del libro, el relato del mago, la mujer y el espejo acojonante.
También percibo con extrañeza La historia que no pude o no supe escribir – Javier Cánaves – Ediciones Baile del sol, voy a compartir la seguida lectura de éste y el de antes durante este largo puente con el Astillero, ya tocaba, una de las maravilla onetianas. La historia que no pude o no supe escribir en su portada te seduce a meterte por el atrayente suspenso de la imagen, sigues hasta que lees que debido a una estancia corta en Fuerteventura hablas con tu mujer por teléfono estando tú con otra, y al otro lado del hilo ella también está con otro, hasta ahí disfruté su lectura anoche en la cama, temprana y merecida tras volver a correr 7 kilómetros después de muchos meses sin saborear esta distancia, hasta ahí el libro ha prometido, ¿raro por qué? El escrito es blogero que escribe libros, no es el único, o escritor que escribe en un blog, tampoco es el único, además el título de la obra me recuerda a un paréntesis absurdo que creo haber vivido, el título del blog es caótico, habla del martes, otro que tengo enlazado habla de abril, nombres de días y meses como denominaciones de diarios personales lanzados a que los lea cualquiera.
El otro libro desapareció de la mesita de noche durante el ingreso en el sanatorio de Cástulo, soñé con su desprendimiento cuando la musa lo solicitó en época de calma para nunca volver, o le prendió fuego en los infiernos o era la pequeña porción de sus anhelos, en los tiempos revueltos soñaba que me leía sin dejar rastro visible e ignorando las letras unidas al serle suministradas por entregas o mediante el oculto recurso de la oralidad. Libros extraños, el que escribía cada día durante el tratamiento como eterno folletín y el desaparecido que el imperante silencio no logró devolver al sueños de todas las noches en la estancia.
2 comentarios:
no siempre el famoso es el que nos llena..no conozco a ninguno..un saludo
Tienes razón: hay libros que aparecen y nos saltan a la vista, sin que seamos conscientes de cómo llegaron a ese lugar, al alcance de la mano.
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