
El día de la marmota terminó hace un año, el ambiente es óptimo y operante, se le concede otra oportunidad aunque le surjan dudas y miedos, ella no es ella aunque ahora le recuerde a lo que vivió con ella en la primera etapa.
No quiere dar más de lo dado aquella vez en que lo dio todo y le citó a un encuentro desnudos en la playa convirtiendo su vida en repetitiva y con la prueba insuperable del día de la marmota agravando su estado como paciente en el sanatorio mental de Cástulo transformándole en un suplicio su existencia y todo por el deseo del juego de Adán y Eva.
Otra religiosa del hospital le pronosticó como futuro el presente de hoy, con el alta en las manos la malvada, sórdida y grotesca vida que sufrió aquellos años van quedando en el olvido incluido cuando buscó evitar que pudiera coincidir con M. en un permiso de salida y que pasara algunos días en aquel hotel en el que estaba prohibido hospedarse vestido sin conseguirlo, pero que le hacía mirar por las tardes en la piscina hacia un lado y hacia otro por si aparecía de la nada no con el vaso de agua y el ansiolítico sino como una segunda Eva.
Ella desapareció, ella vuelve a estar ahí, no es la persona, sino lo que desapareció aquellos últimos años que hoy ha vuelto a aparecer. También me consuela y alegra la vida ver a mi querida Julieta Trujillo Banacloche en el supermercado del Corte Inglés.
3 comentarios:
No entiendo bien...porque los sentimientos del que escribe no siempre son descubiertos por el que lee... pero el juego de Adán y Eva...me gusta aún con frío...saludos
siempre he odidado a las marmotas
Disculpa el retraso, amigo Jesús, estoy hasta arriba estos dias.
Un abrazo.
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