REFILONES



Se miraban los tres mutuamente y de refilón. A pesar de las piedras que le iban a ser colocadas en el camino por el auténtico Sir , el disfrazado del primero seguía en su empeño de promocionar la lectura por las calles de Jaén.

Se encontraron los tres esa mañana algo menos cálida que otras en la terraza de la Colombia 50 como centro de todas las operaciones y con el objeto de que el disfrazado de Sir pudiera leer ante el resto de parroquianos y personas semovientes por el lugar la magnífica obra de Adolfo Bioy Casares que lleva el título de “la invención de Morel”.

Había surgido un problema, el disfrazado no se fiaba de su real y así el autor tuvo que implicarse de forma directa en la promoción lectora que iba a realizar su personaje ficticio ante los malos ojos del auténtico e indiscutible Sir acudiendo por tanto en persona como observador o implicado en los acontecimientos que pudiesen suceder.

-Yo soy el auténtico Sir- se atrevió a decir el que traía de su casa una forzada expresión de cabreo.
-Yo sin embargo soy un mero imitador disfrazado, venido a menos y testigo de mi propio fracaso- dijo el del disfraz que intentaba leer “la invención de Morel” sin ningún éxito debido a la extraña atmósfera que se había formado.
-Yo soy el autor de la historia- manifestó el autor de la historia.
Estaba claro que no iba a haber avenencia por ninguno y eso hizo que me planteara presentarme yo mismo en la Colombia 50 mediando entre los tres o cuatro que íbamos apareciendo como autores, personajes y sujetos de carne y hueso víctimas todos de una especie de locura diabólica ante el horrorizado espanto de las majas camareras de la cafetería que tan buen café nos sirven, y con el único objeto final de colocarlos a cada uno en su sitio.





XXIII

A última hora decidió no entrar del todo en Villapalacios tomando dirección a la cercana localidad de Bienservida con el propósito de reunirse con la señora castellana a la que nunca tuvo que dejar que desapareciera por la vieja vía del tren.

Caminando en completa soledad por ese camino abandonado que nunca tuvo que estar así al tener un proyecto ferroviario en marcha que nunca se materializó y conforme iba avanzando hacia su destino volvió hacia atrás en sus pensamientos planteándose cómo podría resolver aquel error que cometió al dejar el viejo hospital y buscar aquella playa imaginaria de sus pensamientos que a la fuerza y por pura cabezonería convirtió en realidad trasladándola a esta ruta imaginada donde creyó haber llegado a Reolid en un tren con sus pasajeros que ella percibió como reales en la susodicha y figurada línea que ahora le servía de camino y que nunca vio pasar ningún tren al ser desmantelada antes de su inauguración.

Pensaba sin poder evitarlo en la señora castellana como la única espectadora imparcial de todo lo que le estaba sucediendo, reflexionando a su vez sobre la posibilidad de romper con las pocas cosas lógicas que le sucedían dentro de ese ilógico mundo que ella misma buscó que le crearan al mejor estilo de realismo mágico al ser la protagonista ficticia de una historia irreal o extraña pero que era presentada al espectador como si fuese algo cotidiano y común, contándole al lector pasajes de sus pensamientos o deseos convertidos en metáfora.

Por fin justo cuando estaba oscureciendo ese no menos extraño día que los anteriores llegó a la estación de Bienservida donde le pareció que su vista le jugaba otra mala pasada al tener que apartarse bruscamente del camino o vía para no ser arrollada por un tren correo que abandonaba el pueblo pero en dirección hacia Albacete, justo en dirección contraria a la que hubiese deseado. Al subir al anden comprobó a la vista de sus ojos que incluso algunos pasajeros abandonaban la estación con bolsos y maletas

-Hola buen hombre ¿cómo ha llegado a pasar este tren por aquí?

-Hay trenes que se pierden y no vuelven a pasar. Hay que cogerlo, a veces es mejor el tren solitario que podemos tener cerca por esta abandonada línea que no otros en los que se confía como mejores pero pasan de largo y no los vuelves a ver. Pero pase por aquí, en la cafetería de la estación la está esperando el señor Cronista Oficial de nuestro querido pueblo, de hecho publica regularmente el Diario de Bienservida, y es ya de noche, tiene mucho interés en conocerla en persona y hablar con usted.

-Tú eres la famosa señora de la playa. Siéntate, tomemos café juntos.

El cronista oficial de la lustrada y legal Bienservida recibió a la solitaria pasajera sin equipaje en la misma mesa que durante tantos años la estuvo esperando no dando del todo crédito al tenerla por fin ante sus ojos.

-Me siento, tomaré algo, pero quiero saber lo que está pasando- ignorando el tuteo.

-Lo vas a saber, es muy fácil todo, tú no ves lo que muchos ven, ser protagonista literario no es fácil, estás dentro de una historia y tu escritor fuera del libro, con sus hojas en blanco y con la pluma con tinta él es el que manda y argumenta contigo a su particular modo y libertad de albedrío. El protagonista, aunque en este caso hablaremos de la protagonista puede condenar al mismísimo escritor a sentirse por un lado solo y por otro conseguir aislarlo del resto provocando incluso que los lectores empaticen contigo marginando a este escritor. Tu situación la veo difícil, puedo explicarte como estoy haciendo esta absurda situación que estás viviendo pero es complicado que te ayude ya que tu conflicto consiste en que él escribe y tú eres el personaje de su historia que no acabas de encontrar acomodo en la misma.

-Un lío que no me explico como me acabado metida en él, como una espiral sin final y de la que no logro escapar.

-Y más en este tipo de historias donde el autor escribe lo que le dicta su protagonista, donde ella misma le narra el argumento y él escribe desde la soledad y el ostracismos al que es condenado por este personaje y los cercanos lectores de la historia.

-Cambio de tema, mi misión es volver a Cástulo ¿volverá a pasar el tren por Bienservida?

-No lo sé, es difícil saberlo, todo depende del autor, ya ves que la vía no tiene ni raíles, y aquí en la cafetería de la estación sólo estamos los dos, no hay ni camarero, ni siquiera la estación es una estación, tú la ves así, pero yo que no estoy en la historia para mí no existe, tú misma eres pura ficción para mí. Si te fijas no han traído ni café ¿cómo van a servir café en un bar de estación que nunca lo fue?

-Sigo sin entender.

-¿Has pensado en el posible arropamiento del autor y que nunca nadie lo hubiese mirado con malos ojos? A lo mejor la clave estaba ahí, su aislamiento no lo provocó sólo su personaje, sino los primeros testigos de la historia, pienso que a lo mejor si esto no hubiese sucedido nunca hubieses sido una viajera por estos lares manchegos abandonados, el argumento hubiese sido otro, quizás un mero borrador que nunca hubiese sido publicado como novela.


MÁS ALBERTO OLMOS

Tras una carrera mañanera de poco valor, sólo unos veinte minutos en ida y vuelta por la vía verde del aceite en la mañana del sábado, y después de una ducha en solitario me he vuelto a forrar con el disfraz de Sir Alsen Bert para seguir fiel a mi firme propósito de tomarle la delantera a las instituciones culturales de la ciudad sean públicas o privadas y promocionar la lectura en las calles de Jaén o en los lugares más insospechados, al estilo de otras ciudades más lectoras y con el fin de que cuando nos vean leyendo un libro sentados en un banco de la semipeatonal Bernabé Soriano nadie piense que sufrimos algún tipo de locura individual incurable que podamos transmitir al resto de paisanos y acabe formándose en la ciudad del Santo Reino una especie de epidemia lectora y callejera de carácter colectivo.

El lugar elegido para leer ha sido una peluquería de señoras, una elección no arbitraria que lo sepan ustedes, llevo cortándome el pelo en este local más de una década, y con el tiempo he llegado a considerar que para un caballero siempre es más interesante raparse en una peluquería de sexo contrario.

El libro elegido para la ocasión no ha sido otro que El Estatus de Alberto Olmos y por cierto muy recomendado para cualquier lector que se precie o señora de la peluquería que me hacían compañía en la interminable espera del turno. Algo que llegué por momentos a olvidar, me metí tanto en el libro y su contenido, me introduje tanto en el argumento como si yo mismo fuese el aire que rodeaba a los protagonistas o el causante de sus aparentes y no aparentes males que llegué a olvidarme completamente del lugar en el que me hallaba. La amable chica que me rasuró la china me hizo volver a la realidad tras salir de una obra penetrante recomendando desde aquí al lector que sea él el que la penetre de improviso antes de que sea tarde, anticipándote al final poco después de la mitad de la novela.

En la estantería me esperan impacientes A bodo del naguragio y El talento de los demás también de Alberto Olmos.


XXII


Cruzaba la vieja carretera general para poder acceder al Balneario de Benito en busca de sus supuestas amigas y así poder aclarar toda la historia esa de beatas, santas y ejecutoras cuando justo en la verja de entrada observó una guapa mujer que se disponía a montarse en una bicicleta tipo tándem..

-¿Qué hay que hacer para entrar al sector femenino de los baños?

-Buenos días, soy una señora castellana que me dirijo a la manchega localidad de Villapalacios. Vente conmigo en la bicicleta, pedalearemos las dos por la vieja vía que nunca llegó a ser tal, mi paso por esta historia será breve y quiero sacarte de aquí, eres un personaje principal y aquí en Reolid aunque han aparentado hacia ti un cariño inmenso no es lo que te crees.

-¿Quién me ha colocado como personaje? ¿De qué me estás hablando?

-Sé que era alguien que te apreciaba mucho y que nunca te juzgó, aquí sin embargo querían someterte a un juicio moral tras una instrucción secreta a tus espaldas. Hablaremos por el camino, así que vámonos antes que se eche la tarde, podrás dormir en mi casa.

Pedalearon las dos en silencio, no hacía más que observar el camino sin raíles por el que ella creyó que tenían que pasar trenes con pasajeros, de hecho todavía recordaba a algunos de los que la acompañaron en su viaje desde Albacete sobretodo aquella chica de los libros con aire de lorquiana que luego le pareció ver transfigurada como beata aparente por las calles de Reolid. Pensaba que cuando llegase a Villapalacios y tras ducharse desnuda en casa de la señora castellana dormiría y a la mañana siguiente buscaría cualquier transporte que la llevase a Cástulo elucubrando la posibilidad de visitar su estación de ferrocarril, de hecho el camino por el que pedaleaban como vía del tren que nunca se inauguró debería conducir hasta ella, ¿quién sería su escritor que la había convertido en un personaje literario? Pensaba en todos los que conocía de Cástulo y en los que no eran de Cástulo, no sabía cómo había llegado hasta ahí, ni cómo llegó a aparecer desnuda en aquella playa y luego en aquel tren que todos le negaron que existía, aunque lo primero quiere recordarlo como un viejo y auténtico deseo en la realidad no literaria a la que volvió a romper de nuevo el silencio la amable señora castellana y sin dejar ninguna de las dos de pedalear.

-Nunca he creído en los liderazgos reales o psicológicos, ni tu escritor es tan malo ni el resto de personajes tan buenos. Creo que ellas estaban sin quererlo y sin reconocerlo bajo algún tipo de influjo de terceros, algo que luego no era tal ya que quien sojuzgaba y dominaba estaba a su vez sometida a un poder aparentemente mayor.

-¿Hablas de esa ejecutora de Reolid y las beatas aparentes?

-Hablo de cualquiera que sobre los demás ejerza un liderazgo que nunca le ha sido otorgado y que tú como bien sabes quizás lo utiliza como vía de escape, al igual que yo he utilizado un enfriamiento argumental para ayudarte a escapar de Reolid y huir a Villapalacios. No le des más vueltas ahora, llevamos mucho pedaleo por este camino, ahí en mi casa y cuando repongas te daré más detalles.

Al llegar a la estación de Villapalacios y a pesar de no tener carácter funcional ésta se mostraba llena de personal que parecían pasajeros al tener algunos maletas junto a sus pies, parecía más ambientada esta localidad, tenía el cariz de ser más pueblo que Reolid, más manchego incluso. El ver incluso la estación así a pesar de no tener raíles la hipotética vía hecha camino y por la que habían transitado la llenó de optimismo.

-Bueno, hemos llegado, tengo que continuar sola por lo que te tengo que dejar aquí, me esperan para tomar café en la cercana Bienservida y como tal que lo soy con respecto a este nombre de aldea albaceteña no puedo faltar nunca al estar dispuesta siempre que me invitan.

No entendía cómo se quedaba otra vez sola al ver alejarse esa bicicleta por ese camino que estaba segura que conducía hacia Cástulo. Empezó a titubear sobre buscar algún alojamiento en Villapalacios a pesar de ir sin blanca o viajar sola por el mismo lugar que desapareció la señora castellana hasta la aldea de Bienservida.

Un letrero fuera de la estación en el que se leía “Bienvenida a Villapalacios” donde antes debió decir “Bienvenido” al añadirle alguien en pintura negra un rabito a la “o” para convertirla en “a” le hizo pensar que tal como veía el panorama en este absurdo viaje debía deberse todo a un conflicto sin resolver que tenía que tener con el escritor en el que ella era la protagonista aunque había sido la inspiradora del argumento de la historia en la que estaba sumida y todo por la propia soledad del escritor.

Un círculo vicioso que giraba en su cabeza y quizás también en la del escritor en el sentido normal y también en el inverso de las agujas del reloj. Al fondo le pareció colgando otro rótulo en el que se leía “Bar”.

LEYENDA URBANA



Sir Alsen Bert sigue vagando como lector solitario por las calles de Jaén retándose a sí mismo y pensando en desafiar al resto de sus vecinos de que él y sólo él es el único capaz de sentarse en el Pósito, en Dean Mazas o en la mismísima Plaza de la Audiencia a leer otra buena y gran obra de Alberto Olmos “Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder”, un libro recopilatorio de grandes textos virtuales y donde además se habla de alguna forma de él donde a su vez y en su proyecto de literatura realiza una crítica favorable de su admirado Alberto Olmos en esos blogs que Alsen Bert tiene por la red.

Sir Alsen Bert es lector y se cree a sí mismo que es un gran lector, lo que ha hecho que me apropie de su personaje, él huye de mí y cansado ya de perseguirle lo he secuestrado o detenido de forma ilegal en este blog, aquí no se va a sentir tan libre ni noctívago, le voy a encargar la noble misión de poner a los habitantes de Jaén a leer, pero no en su casa o en la biblioteca que ya muchos lo hacen, sino por sus calles, por la semipeatonal Bernabé Soriano, en el parque del bulevar, junto a la catedral, viajando en el nuevo tranvía, donde sea, me da igual, debe de convertir a Jaén en ciudad lectora y por sus calles al estilo de Madrid, Salamanca, Barcelona, ¿qué no tiene Jaén que sí tienen esas?

NULO ESTATUS

El mismo día que empiezo a oír de nuevo que la NASA por fin ya de una vez va a enviar naves tripuladas con humanos a la luna me dispongo a leer varias obras de Bioy Casares, concretamente en mis manos está la muy recomendada Invención de Morel. Espero que si al final se arrepienten y nadie se atreve a ir rueden mejor el cortometraje que la otra vez.

Como se puede apreciar tengo personalidad propia al no dejarme guiar por esos blogs seudoliterarios que siguen a Alberto Olmos como si fuera un mito antes de tiempo o un animal mitológico subido en una pira, todos quieren ser o ya lo son sus acérrimos seguidores.

Alberto Olmos como escritor es bueno, tengo también todos sus libros por cierto aquiridos en la Librería Metrópolis con dinero contante y sonante, no sacados gratis de bibliotecas provinciales.

Pero al final y en vista de la novedad también he adquirido “el Estatus”, pero sin tanto bombo y pelotilleo blogero, y de forma más práctica, pagando su libro sobretodo porque su autor vive, yo soy así, de autores fallecidos me da igual sacar sus obras de la biblioteca, pero de los vivos y coleando les hago llegar su parte de comisión.

Igualmente me identifico mejor con Roberto Bolaño, que no necesitaba al resto.

PAPELES INESPERADOS



De forma inesperada Sir Alsen Bert ha comprado los Papeles Inesperados de Julio Cortázar publicados inesperadamente por Alfaguara, con una presentación y exposición a la venta como si fuese esta obra cualquier mal best séller.

Se siente feliz recordando que le gusta marginar a algunos lectores ocultándole parte de su escribienda cuando saborea un cono mediano de chocolate en la terraza de una céntrica heladería en el Paseo de la Estación de Jaén, no contemplando al pasar a las mozas y menos mozas imaginando cómo serán sus muslos más arriba de lo visible, sino leyendo esos papeles inesperados de Julio Cortázar y siendo él mirado y observado por todos y todas .

Sir Alsen Bert se había olvidado por momentos ante la obsesiva lectura, la ocultación de sus escritos y la contemplación a la que estaba siendo objeto, que no se encontraba ni en Salamanca ni en Madrid.


XXI

-Usted es la chica que dice haber llegado en el tren, la que también dice venir de la playa.

El Bar Central donde tenía que tomar el último café con las beatas aparentes aparecía ampliamente despoblado, sólo se mostraba ante ella el viejo dueño que la miraba baboseando y como si nunca hubiera visto mujer en su vida mientras aparentaba secar con un trapo sucio los platos tras haberlos utilizado una imaginaria y masiva clientela que le hacía creer y creérselo él también que había tenido el local lleno.

-¿Qué quiere usted? ¿Qué sabe usted de mí?

-Aquí se sabe todo, se pueden decir unas cosas y nosotros o yo mismo creer otras, pero en este caso es su mirada, su forma de actuar no natural, usted no ha podido engañar a nadie aunque haya silenciado todo u ofreciendo en algunas situaciones su propia verdad elaborada, ¿un tren por aquí, por Reolid?, todavía lo estamos esperando, ¿quién se cree que aunque fuese cierto lo del tren iba a venir usted de la playa cuando esta línea sin inaugurar iba a unir la capital manchega con Mágina y Cástulo, y nunca con la costa?

-¿Han venido mis amigas? Quedé aquí con ellas.

-¿Amigas? ¿Se refiere a las beatas aparentes? Creo que no son sus amigas, no suelen ser amigas de nadie, además sí estuvieron aquí pero se fueron antes de que usted llegase, dijeron tras abonar el desayuno que prefirió usted ir a la estación que nunca lo fue porque creyó ver u oír de madrugada ese tren que sólo existe en su mente. Pero las volverá a ver, seguro que a estas horas ya están de servicio de patrulla. Amigas dice usted ¿qué sabe usted de amistades?

-Váyase al cuerno.

Salió del bar sin disfrutar del ofrecido café de balde y cogiendo la empedrada calle que no había visto al llegar y que parecía subir hacia una iglesia cuya silueta iba adivinando entre la niebla paso tras paso a pesar de dejar a su espalda el camino soleado. Un único paseante se levantó de un escalón de un portón al pasar ella, le había llamado la atención la etiqueta que no se había cortado de la ropa interior negra que le habían dejado como muda en la vieja casa junto a la estación.

-Perdone señorita.

-¿Es a mí?

-Sí, a usted, pocas mujeres quedan ya en el pueblo y no es normal su situación aquí, ni siquiera sabemos si no roza la no legalidad.

Había decidido tras el incidente de hacía unos minutos en el bar que no hablaría con nadie, pero ahora que estaba cerca de la iglesia se le había unido este viejo vecino que amablemente le ayudó a cortar la etiqueta de las bragas que le asomaba por el pantalón.

-Usted no puede ir a Cástulo –dice el viejo- realmente nunca has salido de allí y perdona el tuteo, hablas del camino y el camino siempre ha estado ahí y nunca quisiste cogerlo aunque una vez pensaste y creíste haberlo hecho.

-¿Quién es usted? ¿Qué sabe usted de mí? ¿Qué pueblo o lugar es éste donde todos parecen conocerme? Sólo busco a mis amigas.

-¿Seguro que son amigas?

-Ustedes en este Reolid o como se llame el pueblo no están del todo bien, claro que son mis amigas, me ayudaron con lo del tren.

-No se fíe, le voy a decir una cosa, las beatas aparentes sirven a la ejecutora y hasta aquí y hasta este simple viejo le ha llegado el olor que quieren someterla a proceso legal. Pero nada, usted siga buscándolas, quizás las encuentre en las Termas de San Benito o Sambenito, ya me da igual el nombre. Ese lugar fue víctima del brazo ejecutor y me estoy jugando el pellejo por lo que le cuento, los viejos baños de benito fueron también sometidos a la ejecutora por baños ilegales, fíjese que para que siguiesen funcionando tuvieron que hacer otra piscina, tenía que haber una para hombres y otra para mujeres. Seguro que están allí. Pero tenga cuidado ya le digo que quizás se sometida a proceso ejecutor por razones morales también relacionadas por un baño.

-¿Por dónde se va a los baños de Benito o como le digan?

DESDE DENTRO



Hoy como muchas mañanas que te lavas las manos frente a mí te he vuelto a ver desde el interior mirándonos como siempre al unísono y recordando de nuevo que yo aquí dentro y tú ahí afuera no pensamos lo mismo.

En el exterior vuelves a mostrar tu feliz apariencia y compartida gracias a que el interminable e inexorable girar de las manecillas del reloj hizo que se lo tragara el olvido; pero aquí en el interior sigo también feliz porque la situación y el deseo imposible de la amnesia no fue del todo tal, sólo una necesidad práctica por ficticia.






XX

Se baja del tranvía justo al final del recorrido y en el nublado atardecer que le había hecho minutos antes distraerse y pasarse la parada de Bernabé Soriano donde si le habían informado bien, se encontraba la sede principal de Ediciones Perezoso´s. Desciende sin más remedio por la calle Campanas donde sin oír sonar ninguna sí le pareció verlas a su derecha, no tenía tiempo para pensar, debía encontrar la editorial decidiendo ignorar incluso la cafetería Colombia 50 al embargarle una incertidumbre inquietante y que le hacía no querer dejar escapar más minutos sin saber toda la verdad.

Justo encima del Cine Cervantes lee en un rótulo y en desgastadas letras el nombre de Ediciones Perezoso´s, lo que le hace sentir de abajo hacia arriba una especie de calor frío a pesar de la nublada y fresca tarde primaveral que un rato antes había sentido al bajarse del tranvía en la Plaza de Santa María.

Sube las escaleras y encuentra la puerta cerrada y algo desgastada como el rótulo, siente una sensación que le hace pensar que el tiempo se detuvo en ese lugar y que nada ni nadie le hizo volver a andar. La dejadez del rótulo, la soledad del interior que no ve, pero que tal como encuentra la inaccesible entrada le hace imaginar esos minutos que se detuvieron como para siempre y que ninguna cuerda logró reanudar el inapreciable movimiento de las manecillas.

Se da cuenta de que no va a porder ser, que ha hecho el viaje desde Cástulo para nada, jamás sabrá la verdad, nadie le va a poder explicar nada, nunca podrá saber por qué ella fue protagonista ficticia de una historia real, sólo porque hace muchos años lo convirtió a él en protagonista real de una historia ficticia.

HISTORIETA DE K.



Menos mal que gracias a que a uno lo acostumbraron a la vida extraña viví mi derecho a voto esta mañana en las elecciones europeas como algo normal y dentro de lo corriente.

Resulta que tras depositar el voto cuando lleva el colegio electoral diez minutos abierto te encuentras al salir con que en realidad está cerrado por falta de sobres y el policía de la puerta no deja entrar a nadie hasta que lleguen los faltos sobres que no estaban a la hora establecida.

Yo que estoy en el interior sin saber cómo y tras haber depositado como digo la papeleta en la urna le digo al amable guardia que entré en el colegio a las nueve en punto y por traer de casa el voto en mi sobre me han dejado votar junto a otros dos señores. Usted se calla me comenta el policía, está cometiendo una infracción penal por alteración del orden público y lo puedo hacer detener.

Menudo antecedente, el año pasado presidente de mesa y este me podía haber visto comiendo un bocadillo en la comisaría y con derecho a una llamada, ya digo, menos mal que por lo vivido estos años atrás está uno acostumbrado a vivir dentro de lo absurdo.







XIX


-Parece que ha llegado la chica de la playa.

-Estaba inquietando a algún vecino, cree haber venido en tren, menuda majadería y sólo por tener en las afueras del pueblo una estación que nunca lo fue.

-Es curioso –dice uno de los hombres- Creo que piensa que no todo está perdido, que existe la esperanza que volvamos a hablar con ella y que no se va a encontrar sola del todo y para siempre, poco a poco se irá sintiendo cómoda.

….

Tras arrojar a una papelera la sucia ropa interior siguió vagando en solitario por las angostas calles del pueblo, sólo un par de beatas aparentes y sin patria la saludan cuando éstas se dirigían camino de los suburbios del pueblo. De pronto aparece la tercera mujer, la que hablaba pero callaba cuando el marido asomaba. La ve quedarse quieta bajo el cartel en blanco y negro colgado en la agrietada fachada que anunciaba una proyección de “El Luchador Manco” en el cine de verano de Reolid.

-Tú ibas en el tren.

No obtiene respuesta, el silencio es absoluto, parecía que iba a contestarle pero había asomado el marido de entre los callejones provocando la desaparición de los dos entre la bruma acechadora que le hizo recordar los amaneceres en los viejos patios de Cástulo.

Sigue vagando con rumbo incierto por las callejas de Reolid, ve salir de un cenáculo a las dos beatas aparentes. La que parece más lorquiana por su atuendo se dirige a ella.

-Mañana tomaremos contigo el último café, quizás podamos explicarte algo que ignoras. Ahora debes de descansar, junto a la vieja estación hay un caserón habitado por un viejo solitario bebedor y que se encarga del entorno, los domingos por la tarde discute en solitario con una imaginaria mujer, pobre, murió hace muchos años. Él sabe ya que estás aquí, tiene sábanas y toallas limpias.

Vuelven también a desaparecer en la noche venida y ya cerrada, no tiene más opción que ir a esa vieja casona al pie de la estación por un camino que deja las casas de Reolid y que parece ir a campo través. No ve la casa, pero sí la estación, se muestra oscura dentro de toda lógica al no haber sido nunca conectada a la red eléctrica, no hizo falta según la absurda teoría de que nunca llegó a circular por aquí el tren.

Por fin ve la vieja casa, con una luz en el piso de arriba. Tras sucesivas llamadas a una puerta que siempre parecía que estuvo abierta nadie responde, no hay nadie y se siente tan cansada que decide subir y acostarse en una solitaria cama de la sala que aparecía iluminada desde abajo aunque no sin antes intentar adivinar la silueta de la estación que sigue ahí esperando una esperanza que es la misma que ella siente, el tren que la pueda llevar hasta Cástulo.

Duerme sin importarle que esté o no el casero, el viaje y el deambular por la ciudad la había agotado hasta la extenuación, no pensó en nada, ni en la playa, ni en los pasajeros que conoció en el tren y que luego creyó ver por el pueblo, aunque sí estuvo segura de una cosa cuando pasaron varias horas, y es que el ruido de un tren la sobresaltó, la luz de sus faros iluminó en parte la habitación, las ruedas metálicas chirriaron al detenerse en el silencio de la noche.

ESE IMPERCIPTIBLE MOVIMIENTO




Ha sido una alegría saber que al padre de uno de los amigos de mi hija, Pedro A. Campaña Ortega le gusta escribir en diario Jaén, llevaba tiempo leyéndolo, pero no había jamás pensado que lo conocía en persona, creía que cada uno no era el mismo, sino diferentes personas, que cosas. El caso es que ayer sábado leía la siguiente frase a este señor ya convertido en mi mente en uno sólo, es decir en el mismo y en el ejemplar escrito que leía junto a un buen café en el Tren: “Un servidor de ustedes lleva en crisis desde que entró en circulación el euro“. Ahora que escribo a la vez que nos bebemos esta litrona de Alcázar en la jornada sabatina viajo al pasado unas catorce horas antes cuando pasaba las cuentas a un libro de contabilidad como presidente del bloque que soy y disfrutando los últimos días de mandato y mascullando mi cabeza sobre por qué cuando vivía la peseta tenía superávit la comunidad y ahora con el euro le cuesta llegar a final de mes. Algo me dice que con los euros se pierde dinero de unas manos que van a aparar a otras, algo que no sucedía con las pesetas, y que si sucedía era todo más discreto e imperceptible.

Menuda tarde fotera y cervecera disfrutamos el jueves gracias a Urbánica. Circo, danza, música, teatro y perfomance (¿qué es perfomance?) por las calles del viejo Jaén, cuyo punto álgido llegó con la actuación de la Batukada en la Plaza del Pósito y en la terraza del bar del mismo nombre, donde tuvieron la deferencia de dejarse caer la alcaldesa Carmen Peñalver y Juan Espejo el director del Diario Jaén, aunque se fueron pronto con Lucas de Caja Jaén que también pasaba por allí. No veo a Jesús Tíscar ni a Álsen Bert, y eso que en el pósito estaba todo el rojerío de Jaén.

Mientras, viajo por lo existente y por lo no inexistente, los recuerdos imborrables, los días irreales, las historias olvidables y las versiones que nunca sucedieron. Me alegro aunque no daré la talla que una revista argentina se muestre interesada. Sin problemas, todo gratis a condición de que no olviden quien soy.

EL BIOMBO




Justo cuando recordaba los espasmos pélvicos sufridos a cuatro patas durante la madrugada anterior, sentí la necesidad de asomarme discretamente por la raja del biombo que separaba los hombres de las mujeres que tomaban café en la barra, a fin de intentar ver los señores que salían del aseo y así poder diferenciar el origen de la humedad en la delantera de sus pantalones, algo más delatador si cabe que la oscilación pupilar o el pasajero temblor de sus manos al mover el azucarillo disuelto en la taza de café.

POÉTICA 2.009

Me hecho con dos obras de interés y no por la revista Quimera que las reseña este mes de abril, sino gracias al mancebo literario de la Librería Metrópolis en la Calle Cerón, la calle literaria y cafetera de Jaén por excelencia al desembocar la misma en el mejor café de la ciudad, el Colombia 50. Pasear por este entorno cafetero y literatopoético te hace sentir que estás en un Jaén algo distinto e imaginario. Me olvidaba de las obras, hablo de El Hospital de la transfiguración y Vacío perfecto, ambas de Stanislaw Lem.

Va a ser difícil que Juan Manuel Molina Damiani y Ángel Cagigas nos traigan a Stanislaw Lem que falleció hace unos tres años en Cracovia, pero de momento y gracias a Poética ‘ 09 Encuentros de Abril (organizado por la Universidad Popular de Jaén) sí nos van a traer y hacer pasear por la ciudad a autores de la talla de Luis García Montero y José Manuel Caballero Bonald. A ver si acabo pronto con El Chino de Henning Mankell y me aplico el cuento del buen hacer en la afición literaria que tengo algo abandonada al irme por algún que otro derrotero inadecuado, y pensar que Strieg Larsson lo tengo en la cola tras los dos libros de Stanislaw Lem.

Fotografía de Jesús Garrido.







XVII


Al detenerse el tren en la estación de Alcaraz iba recordando otra vez y de forma inevitable aquellos días por los bares de Cástulo en los que creyó ser presa de la mala siembra. Varios pasajeros entraban al vagón, viajeros invisibles que poco a poco iban a adquirir en el trayecto identidad y personalidad propia hasta que en cualquier momento más o menos inesperado del viaje vuelvan a su estado difuminado y anónimo, un estado del que fue mejor que no salieran para ser compañeros de su viaje.


El silbato del Jefe de Estación dio la salida justo cuando se sentó a su lado ese viejo que moqueaba y babeaba y que tuvo que aparentar ignorarlo cuando sus ojos volvieron a cruzarse con esa pasajera que leía y leía sin parar, como en este tren de esta línea fantasma y que nunca llegó a circular por sus vías ningún vagón ni locomotora pero que desde que abandonó la estación de Alcaraz en dirección a la cercana ya campiña olivarera de la provincia de Jaén parecía que no iba a detenerse en esos lugares tan abandonados y solitarios como el cercano ya apeadero de Reolid.

Fue una avería en la máquina la que hizo detener el tren más tiempo del programado en Reolid, convirtiéndose esta parada en un trasiego sinfín de pasajeros que subían y otros que bajaban como lugar de su definitivo destino, y otros como ella, que veía como se iba a retrasar también su definitiva llegada a Cástulo. Observa como la chica de los libros se había bajado del tren antes que ella y se había acercado a las primeras casas del pueblo junto a la carretera general donde los vecinos del lugar observaban ese expreso diurno ahí detenido en ese edificio que fue construido como estación y que nunca sus raíles y traviesas llegaron a soportar el peso de ningún tren y sus andenes nunca supieron lo que es una chica joven esperando a su novio que regresaba al pueblo desde Albacete o de Mágina, o que un soldado o recluta con su petate esperase su tren durmiendo en un banco bajo el reloj de la estación, o como ahora, que una avería en la locomotora había provocado que casi todos los pasajeros del expreso conocieran esta pequeña localidad albaceteña ya acostumbrada desde siempre y para siempre a que nunca haya tenido ningún viajero que se bajara o subiera aquí debido a que nunca llegó a terminarse de construir esta línea de ferrocarril.

-¿vas también hacia Cástulo? – le preguntó la chica de la playa a la chica de los libros. Se habían sentado las dos juntas en un banco junto a una vieja casa que miraba hacia la vieja carretera general, acto provocado por el afán mutuo de encontrarse la una con la otra.

-Voy en efecto a Cástulo, a encontrarme con mi esposo, pero allí los dos cogeremos otro tren que nos llevará hasta Fuente Vaqueros.

Esta frase le proporcionó esa tranquilidad buscada y necesitada al saber que este tren que no recuerda cuándo y dónde lo cogió, que no sabía decir su procedencia, si Albacete, si Utiel, sí tenía como definitivo destino el de Cástulo.

-Hazme compañía, siéntate junto a mí, no soporto a ese viejo expulsando mocos y babas.


XVI


Con el último sorbo de café empezó a escuchar el silencioso sonido de la campana del que creyó ser el último tranvía que descendía despacio por la llamada a la sazón calle Campanas en honor a las de la catedral y desde hacía algunos años a este tranvía que ahora estaba a punto de detener su lento circular en lo alto de Bernabé Soriano.

Se encontraba sola en la única mesa que en ese anochecer cercano más por la hora de su reloj que por el momento oscuro y neblino del cielo mantenía la cafetería Colombia 50 cuando, tras apurar ese último resto de café optó por levantarse y dirigirse a la parada a fin de montarse en el último tranvía para bajar a la estación y coger el también último tren que la llevaría ya con la noche cerrada hasta Cástulo.

Optó por apresurarse al ver que podía perderlo, dejando tras de sí la cafetería aún más sola que al encontrarla unas horas antes cuando había sucumbido a su propia incertidumbre sobre si debía o no penetrar en el interior de la Tasca El Alcocer donde esa tarde noche la Tertulia del Tomate Negro tenía programada una velada literaria sobre la obra “Delirios en la Arena” moderada por Jesús Tíscar Jandrá y Manuel Molina. Había decidido en el último y decisivo instante no entrar y preferir ser la última pasajera que se subiría esa noche al tranvía donde se sentaría en la última fina y miraría por la ventanilla trasera el armonioso descenso por la anochecida ya ciudad de Jaén antes de abandonarla definitivamente camino de Cástulo.

Ella piensa cuando el Paseo de la Estación se va quedando atrás, que la tertulia sobre el libro que le asoma del bolso deberá hacerla sola, pensará que seguirá sin saber que la época en la que transcurre el argumento de la novela no es el mismo que el que ella quiere relacionar cuando lo veía a él en aquel viejo Hospital de Cástulo. Se dará cuenta que habrá sido tarde y que no tendrá la oportunidad de desplazarse otra vez fuera de su ciudad para saber más sobre esa modesta obra que leyó y releyó tantas veces a escondidas del resto, cuyo autor no acaba de relacionarlo con el protagonista de la misma, la cual siempre le dejó la duda sobre su posible carácter autobiográfico.

CALLE BERNABÉ SORIANO



La nueva imagen de La Carrera antes de ser inaugurada por Jgarrido.


Quizás sea la primera foto en la red de la nueva imagen de la Carrera o Bernabé Soriano de Jaén aunque todavía sin inaugurar oficialmente, yo aprovecho mi blog para mezclar pasado y futuro con la imagen e inaugurarla a mi manera antes de tiempo. Un nuevo pavimento y traslado de la imagen al pasado.

Felicito a los actuales gobernantes municipales, operarios o a quien corresponda en el día de la fecha por haberlo hecho tan bien en lo que respecta a levantar una calle sin tantas molestias vecinales o peatonales como hemos sufrido otras veces. Una obra de cambiar la calzada de una calle que casi no ha molestado a nadie y la propia oposición en secreto ha reconocido el buen hacer de los que gobiernan.

Queda inaugurada virtualmente la nueva imagen de la calle Bernabé Soriano de Jaén, más conocida como la Carrera.

Pasado, presente y futuro unidos para una nueva imagen de la que quizás sea la mejor calle de Jaén.


XV


- ¿Falta mucho para llegar a Cástulo?

Ella no sabe a quién le hizo la pregunta, tampoco sabe si la pronunció en voz alta, de hecho no recordaba al instante haberla pronunciado, a veces hablaba por un lado y pensaba por otro como en ese tiempo remoto en aquel viejo Hospital de Cástulo en el que el dictado de su memoria le escribía una cosa y luego obraba en otra.

La gran mayoría de viajeros dormían o leían, y también ambas cosas, leyentes durmientes pensaba cuando intentaba ladear con sus pies algunos restos de arena que había arrojado sin poder evitarlo al suelo del vagón provocando la distracción de una pasajera que leía sosteniendo el libro abierto entre las manos y otros ejemplares le esperaban cerrados en su regazo.

Protagoniza su propia historia en ese viejo tren que le lleva por fin de retorno hacia Cástulo, lugar del que piensa que nunca tuvo que salir para desear aquel encuentro en sus pensamientos con él en la playa y no haberse querido enterar cuando en el viejo hospital le dijo lo que nunca tuvo que haberle dicho y no pensar ahora por qué llama hospital a lo que todos saben que no es un hospital, al igual que ahora viaja por una línea de ferrocarril que nunca se llegó a inaugurar y por la que jamás llegó a pasar ningún tren.

El tren se había detenido en Balazote, casi una hora antes habían salido de Albacete donde se subió sola sin saber claramente su procedencia a este vagón cuyo letrero colgado junto a la puerta rezaba Baeza Utiel, una amable señora que callaba junto a su marido y que hablaba enérgicamente cuando este se desplazaba al vagón cafetería le garantizó que ese tren llegaba hasta Cástulo, aunque por otro lado ignore si todos los viajeros tenían como destino el suyo o iban a decidir bajarse en esas viejas estaciones de paso que nunca llegaron a serlo como Mágina, Guadahornillos, Tribiño, Bienservida….lugares que nunca llegaron a oír silbar una locomotora, ni a despachar billetes las taquillas de sus estaciones que se construyeron para esperar un tren que nunca llegó y que quedaron como testigos mudos de estos vagones como en el que se encuentra y que tampoco llegaron después a pasar por ellas, una línea de tren fantasmal que nunca llegó a funcionar.

Quiere llegar pronto a Cástulo, es difícil estar en la más completa soledad aunque estén a su lado todos los pasajeros que viajan con ella hacia el mismo lugar, imagina aquí cuando el tren se aproxima al Jardín que este inexistente camino de hierro tendrá que desaparecer como tal al no haberlo sido nunca y dedicarlo algún día como vía verde.

Pero este camino nunca se desmantelará, sencillamente porque nunca llegará a existir como vía de trenes en activo al igual que nunca existió ese viejo Hospital de Cástulo, unos caminos sin rieles que nunca llegaron a ver un reloj colgado en sus estaciones ni conocerán la figura del jefe de estación, un jefe de estación que ahora ve por la ventanilla que les da la salida en el andén de El Robledo, una estación que años más tarde verá construida y sin haber sido alguna vez utilizada cuando vaya de vacaciones a Alicante por la carretera general, aunque una vez pensara e imaginara otro destino vacacional totalmente diferente.

Ve entrar a su vagón un pasajero que no había visto antes – ¿falta mucho para llegar a Cástulo? – le pregunta.

Es una viajera del tiempo por un lugar que nunca será tal, quiere llegar pronto a Cástulo, a su viejo hospital que tampoco lo es, que sólo es otra cosa del mismo lugar.

UN DESEO LLAMADO TRANVÍA

El otro día contemplaba como algunos señores del PP de Jaén recogían firmas de los ciudadanos en contra de la contrucción del tranvía, la gente pasaba y ni miraba. Pero de repente aparecieron algunos pesos pesados del partido rodeados por un pelotón de seguidores y la cámara y videocámara abriendo el camino hasta la mesa de firmas.

Los del pelotón firman a diestro y siniestro a los peces gordos que se han colocado tras la mesa mientras la cámara y videocámara cumplen con su cometido, que no es otro que grabar una actuación que de alguna forma enmascaraba una realidad. En pocos segundos convirtieron una triste mesa en un alegre y teatral espectáculo.

A los pocos minutos desaparecen todos dejando otra vez la mesa triste y sola.

No soy entendido en la materia pero aparte de las bondades ya resabidas que va a suponer para el tráfico en Jaén la implantación del tranvía, considero que este medio de transporte le otorga a la ciudad una decoración diferente, una especie de adorno visual que cuando lo veamos circular vamos a pensar que estamos en ciudades como Lisboa, Sevilla o Barcelona por poner no muy lejanos ejemplos. Veremos un contraste urbano muy agradable a nuestros ojos, modernidad y vuelta a aquellos años en los que estuvo de moda, sobretodo cuando lo veamos circular por Bernabé Soriano, Plaza San Francisco, lugares con historia y un vehículo también para la historia que nos hará retroceder mentalmente en el tiempo, cuando lo oigamos pasar en silencio y con el toque habitual de la campanilla. Una pareja esperándolo en el andén, un señor leyendo sentado a la espera, una joven acercándose con su paraguas en un atardecer lluvioso.

El tranvía le dará a Jaén una imagen diferente, una mezcla de modernidad y de volver a tiempos pretéritos, me lo quiero imaginar yo esperándolo una noche de invierno….ojalá no tarden, y que el resto, no destruyan.
XIV

Sé que un día relatará la historia si es que no lo está haciendo ya, no imaginaba que cuando con aquella compañera y amiga íbamos a los cafés a consolarnos iba luego con el tiempo a ser trasladada a esta playa como un personaje de un libro o cuento suyo en el que mi persona se vería aquí desnuda de forma permanente siendo a la vez la musa y la protagonista, la que tanto le dicta su relato como la que participa dentro del mismo.

Vuelvo a recordar una vez más que en el pasado deseé estar aquí, pero no así, nunca esperé estar sola y menos durante tanto tiempo, tenía que haber existido ese encuentro que le sugerí y eso que estuve preparada tal como le dije cuando hacía unas copias en el viejo hospital en el que nunca quiso darse por aludido cuando me oyó decir aquello sobre lo bien que se me estaba quedando la barriguita para la playa.

Quiero recuparar el optimismo en este lugar, no soy real, sólo soy parte de un relato que él ha trasladado a esta lejanía, mi personaje real era otro y él lo ha transfigurado tal como imaginó que yo hice con él fuera de este mundo ficticio. Busco el desencantamiento, aquí no valen azotes como al estilo Dulcinea, aquí sólo vale recomponer el puzle y serle sincera, pero ya es muy tarde, ésto forma parte de otra historia, otra historia que ya está en su mente, esta está agotada y no da más de sí aunque siga aquí sin salida permanentemente. Deseo volver a mis orígenes, sé que así podré salir de este lugar de eterna soledad, ir a los lugares donde se inició todo, entrar en el viejo hospital de nuevo y sus bares cercanos.

Pero él no estará, hace tiempo que se fue, él sólo me lo relatará.

No me hiciste la mejor foto que hubieses podido hacer porque no quisiste a pesar de yo haberte invitado a disparar contra el posado que tú hubieses elegido a la carta, pero no, tú has preferido ir a visitar a Juan Antonio Peral Partal y José María Ortega “Sitoh” en la Sala de Exposiciones Maestra. Sus viajes, óptimos robados, se sacó partido de la fiesta de la primavera para luego mostrárnoslas, has salido alucinado.

Y tú hoy lo muestras a él, ya que crees que nunca se autorretrató, pero tú sí lo hiciste en su propia exposición, tú no eras de la prensa pero te mezclaste sutilmente entre ellos para dispararle con tu cámara una y otra vez.

Eres ambicioso, quieres ser como él o incluso mejor que él, pero no puedes él es el maestro y tú el tonto discípulo de ti mismo al no tener ni quien te oriente, él expone y tú no, él es un profesional e hijo de fotógrafos y tú un simple y torpe aficionadillo del tres al cuarto que no fue capaz de llevarme a la playa y decirme que me situara de lado o de espaldas contra las rocas para dispararme a bocajarro con cualquiera de las cámaras de las que siempre sueles llevar encima, él dispara con conocimiento de causa y tú sólo por puro azar y sin entender nada de nada.


XIII

Me despierto sin recordar haberme dormido, he soñado o he recordado, no soy capaz de acordarme, sólo sé que el tiempo no pasa en mi entorno, las horas interminables se suceden únicamente en el interior de mi cabeza.

He visto en mi sueño el viejo hospital, el lugar en el que mi mente amaba a alguien en silencio cuando mis ojos y ante el resto aparentaban un odio matarife. Amor y odio ambos en uno, amor en mi interior y desprecio en mi argumento exteriorizado y elaborado cuidadosamente para no perder mi afamada reputación.

Él no entendía nada o sí, no me acuerdo, sé que intentó alterar la situación que yo le creé al mostrarme su frialdad siendo totalmente vano su intento, y ahora no puedo cambiar yo esta estática e interminable escena teniendo como único consuelo el ver las suaves olas que llegan a la arena bajo este sol también inamovible.

Todavía recuerdo el día que se marchó para no volver, nunca imaginé que ni me dirigiese su mirada por última vez, con las veces que él me miraba, primero de forma casi suplicante y luego de forma tan desafiante que yo aproveché para adjetivarle en algo que ni él mismo se hubiese creído al ser un tema tan sobradamente superado por él al saber yo de sus costumbres y forma de ser, que precisamente esa superación fue el desencadenante de mi deseo de estar con él y por lo menos una vez en algún lugar creo que similar a éste en el que sigo atrapada como encantada.

Fue mi última flecha que tampoco le alcanzó por lo menos en mi lugar deseado, es más creo que sirvió de argumento para algún día poder relatar la situación en la que me encuentro ahora y por qué. Me gustaría ser partícipe de todo a alguien que estuviese aquí conmigo, pero no hay nadie y nadie va a venir, ahora entiendo lo que es la soledad. La soledad que se siente muy sola cuanto más sola es, algo que empiezo a saborear en este día eterno. Quiero ir al viejo hospital pronto e imaginarlo allí conmigo, la huella que dejó tras su partida siguió allí durante aquellos lejanos días y creo que sigue aquí como si él hubiese estado antes bañándose con ella.

DEMASIADAS EMOCIONES

Tuve tiempo esta mañana entre el deshacer de una maleta y el hacer de otra de poder leer no en la Colombia 50 sino en la mesa camilla de casa el artículo de Juan Espejo director de Dario Jaén, que en su crónica de la semana recordaba a Alfonso Ramírez Cano. Primero fue Lola Fontecha, luego la Procuradora Julieta Trujillo Banacloche , ahora lo hace el director con su propia firma a través del mismo diario. La época, el lugar, el cómo y el por qué dan igual, pero puedo decir que también tuve en su momento la oportunidad de conocer a Alfonso Ramírez con su voz fuerte, como de aparente enfado pero sin llegar a estarlo. Era una maravilla de persona, totalmente admirable.

Demasiadas emociones, demasiada carga emocional estos días que hace que tu mente y alma viaje de una década a otra en fugaces instantes. Como cuando en las primeras horas de la tarde de nochebuena, cuando paseaba por el barrio de el Clot en Barcelona y tras oír unos pitidos de un mensaje, leo algo así como que los grandes momentos y las experiencias inolvidables son positivas si somos capaces de transmitirlas a los demás. Pepe, el autor del mensaje fue sobradamente capaz de hacerlo, en el momento justo además, en uno de los mejores instantes para mí de la mágica nochebuena, cuando rompí el protocolo familiar y me escapé en solitario a mi viejo barrio, su mercat, su forn Sant Jaume, su fuente que todavía aguanta, sus tiendas de comestibles tradicionales, y por supuesto la misma atmósfera de siempre, un barrio que ha sabido soportar estoicamente la transformación ociosa y comercial del otro vecino barrio de les Glories. Torre Agbar, Hoteles, Macrocentro comercial, nada que ver, a un lado de la Gran Vía un mundo, y detrás mi barrio de pequeño, el de siempre, el que me hace sentir la necesidad de acudir y pasear por él de vez en cuando.

Ya digo, demasiadas emociones juntas que esta tarde de domingo no me dejan concentrarme en las andanzas del buen soldado Svejk, toda una joya en apariencia ahora mismo que leyendo el nombre de su autor Jaroslav Hasek no hace ni falta decir quien me habló primero y recomendó después su lectura.

Nos vemos pronto. Feliz año a todos.
XII

Es como estar atrapada en el interior de una fotografía en un día nublado donde no se mueve nada al haber desaparecido el antes y el después, sin poder ver por dónde llegué a esta playa donde no logro divisar alguna posibilidad de salida.

Voy y vengo una y otra vez por la arena limitándome el paseo las inaccesibles rocas por las que pienso que desapareció mi ropa, una arena a la que nadie viene y de la que nadie se va haciéndote permanecer completamente sola convirtiéndose la situación de estar sin sustento ni vestimenta en penosa y callada cuyo silencio es más ruidoso que cualquier tipo de compañía que yo desease tener o recibir en este lugar. Estoy aquí donde no quiero estar a pesar de que siempre anhelé llegar hasta aquí desde que en aquella otra playa en la que él no hacía más que poner el anzuelo en la caña para ver si picaba y mordía cualquier inocente pescadito, tuviese ese presentimiento que provocó una fuerte atracción a esta cala almeriense que parece haberse evaporado del mapa al detenerse el tiempo en mi eterna soledad.

Como en cualquier fotografía, el tiempo no existe, se ha paralizado todo aunque yo siga aquí sintiendo su lento transcurrir. Sigo desnuda en la playa, pero también soy una imagen estática para el espectador sin poder alterar su contenido intentando escapar, como si estuviese encerrada entre cuatro paredes sola y sin salida.

PREMIOS BLOGUEROS

Leo esta mañana en la Colombia 50 un artículo en el Ideal de un tal Jaime Vázquez Allegue donde se realiza una excelente comparación entre los blogs y el periodismo. Nos cuenta cosas que ya sabemos, que el bloguero actúa con respecto al blog como director, redactor, diseñador gráfico y tipógrafo, y así es, pero se le olvida algo a este señor, y es que el bloguero es también el lector de sí mismo y más cuando nadie te lee y en tu blog no entran ni las moscas.

Pero lo más importante del lugar y aquí estoy más de acuerdo con este articulista, es que los blogs son lugares de encuentro con los seguidores donde, y esto lo añado yo, se puede mantener una tertulia entre los lectores y el autor sobre lo publicado, e incluso otras veces el lector entra, lee y se marcha en silencio.

Este lector también es muy importante, tanto como el que participa, el que lee en silencio te busca a ti más que el artículo en sí, busca tu existencia y pensamiento más que el escrito en cuestión otorgándole al blog una suprema categoría de solitario, algo que es muy difícil que ocurra con la prensa.

Con el blog sabes de tus lectores, pero también es un viaje en soledad y hacia ninguna parte donde como ocurre en mi caso me considero un exiliado de mí mismo, es decir no busco nada, , ni reconocimientos, ni premios, ni aplausos, ni leches en vinagre, igualmente la última vez en la que tuve la oportunidad de un premio que no tenía nada que ver con el blog no me gustaban las miembras del jurado, sí he dicho miembras. Esto último viene a cuento de que leo por ahí con asombro que se conceden premios entre blogs y bitácoras como la mía, los administradores del blog son premiados por otros administradores de otros blogs, suena un poco a locura y para eso ya tengo la mía, no quiero ninguna más.

Mi mayor premio esta mañana de domingo lo tengo aquí en la foto, la prensa con Mari y Sandalio, menudos personajes se ha inventado el Luis Heredia este, ayer ya avanzada la madrugada y con la Noria de fondo tuve que detenerme en la página 64 para descojonarme de la risa, hacía tiempo que un libro no me hacía reír, ¿hay mayor premio que ese?
XI

He llegado por fin a esta cala de arena negra, me la encuentro desolada, totalmente abandonada de bañistas, es como si nadie viniese ya, como si este lugar hubiese dejado de existir en el tiempo o éste se hubiese detenido con respecto al lugar.

Instantes antes y cuando todavía lucía el sol había visto un vehículo con una pareja en su interior salir a toda pastilla por el carril que accede a la localidad de San José, había sido la última visión civilizada que vieron mis ojos antes de pensar en el por qué de la soledad de este lugar.

Me encuentro sola e imagino que te marchaste antes de que yo llegara, te has asustado, tenías miedo y has partido con ella. Igualmente aprovecho el lugar para desvestirme poco a poco hasta quedar completamente desnuda, creo que mis pensamientos están en otro lugar, no sé si te conocí y llegué a ver alguna vez personalmente, si te obligué en pensamientos a la soledad y ahora al no ver la salida de la playa es como si me viera yo condenada a permanecer sola en esta misma, sin tu compañía y sin la de nadie. Creo que te hice perder todo y ahora yo me veo aquí sola en este lugar que conforme van pasando los minutos se me asemeja más a una jaula al no lograr ver la salida hacia las dunas, como si ésta no existiera, dándome cuenta que la soledad es como una especie de cárcel, veo lo duro que es no tener la suficiente compañía en estos momentos desoladores.

El viento ha hecho desaparecer toda mi ropa hacia el otro lado de las inaccesibles rocas, me da igual haberla perdido si de momento no tengo hacia dónde ir, creo que voy a tener en las próximas horas tiempo para pensar en algo y da igual hacerlo vestida que desnuda y aunque hago otro intento de abandonar la playa y su soledad no puedo, es imposible salir, es como si no existiese forma de cambiar la realidad a pesar de que cuando entras en algún lugar sin puertas cerradas con llave debe de existir algún acceso por donde escapar.

Me viene a la memoria el mito de Dulcinea al sentirme como hechizada o encantada, pienso en los tres mil azotes que se tenía que proporcionar Sancho para desencantarla, pero Sancho y Dulcinea no existen, yo sí que existo….

HIPERACTIVIDAD

Nunca una mañana por traslado vacacional fue tan activa como hoy la mía y tocando todos los palos como me decía aquella vieja amiga que conocí hace tiempo en una ciudad cercana.

Vengo de correr ahora, termino ahora mismo de salir de la ducha, nunca había corrido por la vía verde a estas horas tan intempestivas como es el medio día, y no ha estado tan mal, buenas sensaciones aunque han sido cinco kilómetros escasos pero subiendo. Lo peor del corredor no es el correr, es el pensar en correr por lo menos en mi caso. Cuántas veces habré hecho novillos sólo por el hecho de la hora previa a la carrera, que si frío o que si calor, que si la vestimenta, pensar que no vas a rendir y que te vas a sentir mal, atasco al estar la vía verde lejos; es como pasarlo mal los domingos como también me ocurre, por el hecho de pensar que después viene el lunes. Estoy seguro que cuando logre superar este escollo psicológico rendiré mucho más, porque ya digo correr luego no es tan desgraciado, ya que te sientes bien tanto en el momento de sufrirlo como al terminar.

Y lectura, mucha lectura, lo siento por Ana Karenina, ha vuelvo al bombo de la suerte en la estantería de libros pendientes justo al acabar el prólogo. Hoy he comprado dos y por lo menos de uno de ellos tengo que hacer la crítica. Por un lado y tras la tostada en la Colombia 50 he adquirido en El Corte Inglés El comienzo de la primavera de Patricio Pron que ha sido el ganador del XXIV Premio Jaén de Novela, y por otro lado tras telefonear a Arturo del Colegio de Abogados de Jaén he adquirido por fin Sandalio el silencio de los inocentes del letrado Luis Heredia Barragán. Este último va a ser el primero en caer, ya diré aquí y a su autor lo que sea en su momento.

Que alegría me ha dado ver cuando venía de correr a Amparo aunque ha sido desde la ventanilla del coche, mañana voy a verla en persona, que regocijo el poder hablar con ella de nuevo. Y mañana también ArtJaén´08 II Feria de Arte Moderno y Contemporáneo, donde espero poder inmortalizar “Desolation” la famosa escultura de Jamie Salmón. Que raro suena lo de inmortalizar una escultura.

DESCONFIANZA EN JAÉN COMO CIUDAD LECTORA

El mismo día que me atrevo a empezar Ana Karenina de Tolstói, me doy casi por vencido en el intento de hallazgo de “Sandalio el silencio de los inocentes” que ha publicado el abogado ejerciente Luis Heredia Barragán. Tengo que leer su libro, su autor de alguna forma es amiguete, aunque sólo sea de hola y adiós en aquellos años de Jaén y que tras un paréntesis de muchos años en Linares no voy a tener más remedio que encontrármelo casi a diario retomando por tanto el adiós y el hola y que seguro que si leo antes su libro dicho saludo tendrá más fuerza si cabe para ambos. Luis Heredia Barragán, es de los muchos abogados (es que si digo de los pocos suena mal) que siempre ha tenido un trato cordial, siempre sin agobiarte y sin meterte prisas en nada, vamos una persona atenta y amable, y que si ya he pelotilleado bastante y no encuentro el libro mañana en la librería Metrópolis espero que tenga la deferencia de obsequiármelo.

Igualmente y hablando más y más de libros estoy cabreado, ya que como consumidor desde hace ya más de veinte años de el Diario El País y a una media de unos tres semanales me siento de alguna forma engañado con el hecho de que los primeros ejemplares de una de las que pueden ser las mejores colecciones que ha editado este diario, como son los libros de poesía de los 30 poetas en español del siglo XX no llegaran a muchos quioscos de prensa en Jaén.

Por lo visto, muchos quioscos recibieron dos ejemplares, pero no el domingo que era el día señalado, sino el sábado dejando a muchos lectores y a un servidor con un palmo de narices cuando ese domingo has madrugado para hacerte con los libros.

No culpo al diario, ni a la cadena de distribución, ni al quiosco, ni al repartidor, ni a nadie. Pero un diario como El País que precisamente el sábado dedicó algunas de sus páginas de cultura y otras del suplemento Babelia a recordarnos las bondades de las obras y su lectura, y que las mismas no lleguen a los quioscos de Jaén el día anunciado y sí lo hagan dos míseras entregas el día anterior al anunciado provocando que los azares, que algún amigo del quiosquero, que alguien que luego no sigue la colección o alguien que pasaba por allí, se hayan hecho con esta primera entrega, dejan al resto de lectores o compradores desilusionados como en mi caso tras una fidelidad de décadas a este diario y a otros de la provincia.

Mientras Jaén va aportando despacio y sin pausa nuevos valores al panorama literario como el de Luis Heredia, la literatura es como si desconfiara de Jaén. Pero eso sí, el Zafón ese me lo encuentro en todos los escaparates.

Día de Santa Catalina, día de sardinas en el castillo o garbanzos en mi casa, hace frío, pero esta tarde saldremos a correr y a mascullar sobre esta rabia lectoril. Pero tranquilos que corriendo se escapan todos los males del cuerpo, ya lo sabéis.

SONATA A KREUTZER

Aquel que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir – Thomas Mann – La muerte en Venecia.

Te veo y te observo conteniendo en mi interior como tantas otras veces lo que no es capaz de expulsar mi mente. Vuelves a tu ficción, lees el ejemplar de hoy domingo que hace algunos instantes compraste en el quiosco de Blas de la plaza de San Roque de Jaén, pero no en la Colombia 50 que hoy te has encontrado cerrada, sino en la cafetería El Tren de la misma avenida de Madrid. Estás contento, te veo una media sonrisa de las pocas que te quedan ya al descubrir que Diario Jaén te ha publicado como relato un capítulo de tus preferidos de Corredor Perezoso, el de las voces en el Médano en el que con tan pocas palabras pasamos de una década a otra en el recuerdo del pasado, del presente e incluso del futuro.

Hoy te observo sin que me veas desde uno de los rincones oscuros del local, pensando a la vez que lees la prensa en algo que oíste o leíste alguna vez y que no recuerdas su autoría, una frase de esas que capturas al vuelo guardándola en silencio, sembrándola en tu interior a la espera que germine, crezca y madure como cualquier fruto más de los que pueblan el jardín de tu mente. “La mujer como tal, debe de mostrarse siempre bella y sexualmente activa a fin de evitar que nuestra respectiva pareja decida acudir al amancillamiento en las casas de tolerancia” tal como las define León Tolstoi en tu recién leída “Sonata a Kreutzer”. Tú nunca hubieses estado de acuerdo, eres de los que piensa que nuestra sociedad libre y moderna nos ofrece siempre de forma abierta y en muchos otros lugares una alternativa distinta, sea pasajera o con vistas a una determinada duración sea ésta corta o eterna como les gusta prometer a algunos y siempre de forma gratuita donde los únicos gastos sean los derivados de la relación tales como el sustento, la vivienda, el ocio, etc. Y no debido al amancillamiento en sí, ya que este tipo de salida o búsqueda de placer sexual en estas situaciones no suele llevar implícito el abono de una determinada cantidad de dinero. Y todo sin pensar en nuestra propia e infinita capacidad sexual de autosatisfacción como mujeres que somos, algo inexistente en las casas de tolerancia de Tolstoi.

Cuando terminas el desayuno y la lectura dominical tienes un presentimiento y me buscas en el rincón, un rincón solo y vacío, no sé por qué intentas hallarme con la mirada si sabes que hace mucho tiempo que ya no estoy contigo.

VOCES EN EL MÉDANO

Dedicado a Mari, que pasó tantas horas conmigo en El Médano.

Y para Juan Cruz, que volvió a recordárme este lugar en sus obras.

Relato publicado en la edición impresa de Diario Jaén el domingo 16 noviembre 2.008.-


Muchas veces me pediste que te contara esos años. Muchas veces te imaginé en El Médano contemplando con ella el mar y atravesando los cardonales hasta llegar a la playa de la Tejita donde ningún bañista hacía caso a un viejo letrero que todavía lograba mantenerse en pie el cual rezaba con letras mayúsculas: “Prohibido bañarse desnudo”.

Eran unos años en los que todavía no te conocía, ignorando que en un futuro fueras a pasar tanto tiempo conmigo y nunca caí en la cuenta ni pensé que aquella voz que oía algunas veces era la tuya cuando telefoneabas a tu mejor amigo que por aquel entonces lo tenía yo aquí a mi lado antes de que se marchara a los madriles. Nunca imaginé que aquella voz tuya que sólo me preguntaba por él iba a estar luego conmigo escuchándola y conociéndola delante de mí tantas veces, sintiendo incluso una vez la necesidad de volver a oírla por teléfono cuando después de haberla oído como siempre por la mañana la llamé por la noche para recomendarle que cambiase de canal de televisión.

Quién me iba a decir que esa voz desconocida que me hablaba desde El Médano a la cual no prestaba ninguna atención, iba luego a desear que se silenciara y dejase de oír delante de mí y a pesar de que ésta insistió en que por favor la siguiera escuchando.

Hoy siento a veces la fugaz necesidad de oírla antes que se marche del todo y tenga que imaginármela, por eso hoy también te escribo desde tu propia imaginación, porque hace mucho tiempo que tú también has dejado de oír mi voz y quiera compensarte con mis letras silenciosas y sin voz propia al igual que yo me quedaré aquí viendo cada día las tuyas.

Un día viajaré hasta El Médano, me acercaré sola a la playa de la Tejita a bañarme desnuda fijándome si ese letrero prohibitivo sigue ahí después del paso de los años. Me imaginaré que oigo tu voz, desearé que esté la playa sola donde pueda pensar de forma tranquila que estás ahí, tu oyéndome y yo hablándote otra vez, tu hablándome de nuevo y yo por fin escuchándote.

X


Me creo momentáneamente a salvo pero sé que no es verdad, es una forma extraña de percibir lo que yo mismo sé que no es, esa imagen femenina está ahí, no se representa sólo en mi cabeza, tiene que tener nombre con apellidos y ser de carne y hueso. Es lo que pensaba al alejarnos de la playa en el coche mientras contemplaba esas viejas casas sobre el árido terreno que solía visitar Goytisolo en sus campos de Níjar.

Un rato antes y justo después de que bajara del séptimo cielo más silencioso que nunca, nos encaminamos de la mano por la arena hacia las toallas dándose cuenta de que me temblaba la mano aunque no lo entienda, no entiende lo de esa viajera del tiempo, ella piensa que es una fantasía y yo no digo nada al no querer agobiarla al no caberle en su cabeza que alguien real o imaginario viaje, habite o simplemente circule por los mismos lugares que yo en tiempo o épocas distintas. Por eso pienso una y otra vez que el encuentro será inevitable antes o después, el cruce de caminos está ahí al acecho, sólo falta el momento adecuado para llegar a él, y tengo por seguro que esto será así da igual el mes, el año o la década pero llegará.

Ahora nos vamos de la playa, no ha venido nadie de momento, nadie se ha presentado a bañarse con nosotros a pesar de que presiento alguna vez que alguien anhela venir y llegue a ocurrir lo inevitable dando igual que sea en un lugar como éste tan perdido en el mapa y que aunque me diga que estoy soñando sé que no, es como una silueta invisible que me parece verla e imaginarla, oyéndola hablar y deseando un encuentro en esta playa que vamos dejando atrás.

Pienso en el lugar en el que nací y siento frío estando en septiembre, hace mucho tiempo que no he vuelto pero sé que ella si no ha pasado por allí lo hará antes o después, como en ese lugar con el faro en lo alto de la montaña sobre el mar donde hice mis primeras fotos y que me tuvo viviendo los veranos y fines de semana.

Ella estuvo o estará ahí, sé que vendrá a la playa, sé que algo sucederá en este lugar que de momento creo haber dejado atrás. Ella se acaba de dormir en el coche justo al salir de este lugar llamado San José.

PROTAGONISTA EN EL ABISMO

¿Cómo es posible haber perdido lo soñado si sólo quería jugar a que ayer nunca hubiese sido mañana? Nunca quise nada, nunca te pedí nada, quería como siempre quise viajar por mi soledad, pero no que ésta me aplastara.




Hace un par de domingos cuando desayunabas conmigo en la cafetería Colombia 50 de la Universidad, te recordé que justo en el momento en el que te arrojaron al abismo, te hicieron sentirte olvidado entre el resto y venido a menos, o que no formaras parte de esa selección de las especies al estilo Darwin gracias a su privilegiado lugar de residencia, iban precisamente a convertirte en el protagonista y centro de atención tal como el tiempo te ha ido contando. Todos te han preguntado durante estos años, todos han querido saber lo que piensas, lo que opinas, el cómo veías las cosas, da igual la diferente intención de cada uno, pero en esos años de sufrimiento te transformaron sin darse ninguno cuenta en el personaje principal de una película imaginaria, cuando a ti siempre te ha gustado pasar desapercibido o simplemente ser un don nadie y sin estar atrapado sin salida en ese blog que me cuentas que escribes que se ha convertido para ti en una especie de jaula.


Este fin de semana, y cuando nos damos un lluvioso y nocturno paseo de viernes por Sabiote me vuelves a hablar de ese anonimato al que te condenaron, de ese agujero sin final al que te sentiste arrojado, una sima sin fondo al cual te sentías y todavía te sientes caer de forma permanente y nunca te das el batacazo definitivo. Ya en el pub Lelia, mientras tomamos café volvemos a zambullirnos en estos recuerdos, vuelve la soledad como tema principal, una soledad que como ya te dije hacía varias semanas provocó que estuvieses más acompañado incluso de lo que tú buscabas, tal como te ocurrió en tu última noche de San Antón que corriste solo haciéndote sentir con más compañía que las otras dos anteriores que corriste acompañado pero que nadie te vio, fuiste un corredor anónimo entre otros dos también desconocidos. En tu última carrera de San Antón te animaron, aplaudieron e incluso un niño tuvo la osadía de comentarte que ibas de los últimos. Pienso que la soledad como condena provoca que todos estén pendientes de ti, unos con su sonrisa, otros con su compañía compromisaria, otros y esto es lo triste incluso con temor.

Esta tarde noche lluviosa de principios de fin de semana, esta noche hallowediana para muchos estamos los dos solos en la barra del mismo pub Lelia al que veníamos desde hace ya casi veinte años, uno de los hermanos que sirven la barra está pendiente de nosotros para que no nos falte nada, no encuentro la explicación de si es mejor que no te hubiesen empujado al abismo en solitario o que te hubiesen mantenido y así hubieses seguido siendo ese desconocido que siempre quisiste ser. No te he dejado leer como era tu intención en la soledad del pub esta tarde las primeras páginas de Herzog de Saul Bellow, la soledad es lo que tiene, que no te dejan ni un momento.

EL DÍA DE LA MARMOTA

Dedicado a mi mejor amigo, él sabe a quien me refiero, fue quien me enseñó hace muchos años la película de el día de la marmota.


Esta noche he soñado que entraba en la Colombia 50 y vuelvo a ver aquel muchacho con barba aperillada con total apecto de bohemio parisino leyendo un ejemplar de A contrapelo. El local está más oscuro y vacío que cuando suelo acudir a desayunar fuera de mis sueños, como aquel día en el que me encontré al mismo cliente que tengo delante en mi sueño pero con la cafetería más llena, ocasión en la que supe por primera vez de la existencia de esta pequeña pero magna obra de Joris-Karl Huysmans. Me acordé de una vieja amiga y no dudé ni un momento en solicitarle su desinteresado asesoramiento literario a fin de adquirir un ejemplar del libro o en otro caso olvidarlo como tantas otras cosas que tendré que olvidar de forma irremediable antes o después.

Vuelvo a recordar el sueño de anoche en el que dejo a mi izquierda varias mesas desoladas llegando al rincón del local donde veo una mujer sola leyendo un libro, un libro que conozco al recordar que lo tuve en mi estantería hace algunos años. Me siento en la esquina de la barra frente a ella mirándole sus tristes ojos, han perdido la belleza que seguramente tuvieron en su época. Quiero leer su interior que quiere decirme algo pero no puede haciéndome recordar otro sueño que tuve hace mucho tiempo, en otra época y en distinto lugar, una historia de amor odio, una historia onírica e imposible de materializar que me hizo sufrir muchísimo al no poder expresar emociones y tener que llorar dentro de un diario, como atrapado en sus páginas y sin poder salir del mismo. Dentro de ese sueño viví como una suerte de selección natural de las especies pero en mi propio espíritu el cual vagaba sin rumbo por el sueño aunque parecía que estaba despierto, una selección en la que yo nunca estuve, convirtiendose así el sueño en pesadilla al no ser de los elegidos, me creí sentir como Bill Murray en el día de la marmota en la película atrapado en el tiempo. Por un lado me sentí fuera, como en ninguna parte y en tierra de nadie, pero por otro lado estaba dentro de un cuaderno, dentro de un bloc, o un blog, da igual, no podía salir del mismo. Era mi vida real aunque dentro de ese sueño anterior.

Vuelvo a mi sueño actual y ella no está, supongo que ha abonado la consumición antes de marcharse, veo el libro encina de la mesa. En la Colombia 50 soy el único cliente, no está ni la camarera ni mi amigo el bohemio, cada vez veo el local más oscuro y quiero despertar, este lugar me tiene también como atrapado y por eso a veces fuera del sueño, cuando en la vida real desayuno tantas y tantas veces me traslado a otro lugar, a otra época…..


LA SILUETA

Hoy en la vía verde del aceite no me he mojado, he salido con esa intención, la de empaparme lo más posible pero sin conseguirlo. Me he puesto de barro hasta el culo, la entrada a la ruta se embarriza al estar en obras con la lluvia de las horas anteriores a mi presencia y la de otros usuarios. Han suprimido los malos olores, pero ahora la entrada debe de arreglarse de forma inmediata, ya que de lo contrario el acceso puede verse imposibilitado.

Ya en plena marcha he sufrido más de lo habitual, me notaba pesado, como si no tirara, me faltaba el estímulo de otros corredores, la soledad hacía mella. Me pareció tener una visión, como una silueta en forma de mujer que por más que corría no lograba alcanzar a pesar de verla siempre más cerca. Siempre he corrido por sentirme perseguido, pero hoy era yo el que perseguía sin querer algo, sin saber lo que era, sólo veía una forma. Conforme avanzaba más metros la veía más cerca, pero también más difuminada, iba desapareciendo poco a poco tal como me iba encontrando mejor en la carrera. Cuando casi desapareció, me sentí pletórico, cada vez mejor hasta que dejé de verla al extinguirse por completo y volver en sí a pocos metros del final del recorrido tras oír el pitido de un tren que entraba por las fuentezuelas.

Pienso en que tengo que dejar de huir, ya no tengo razones para escapar de algo que nunca logró alcanzarme al sentirme yo más veloz y a pesar de mi carácter trotón más que corredor. Creo que debo de correr como tal, sin escapes ni persecuciones, pero no me concentro en mis propios pensamientos y deseos, al salir de la ruta vuelvo a embarrizarme trasladando el lodo al pedal del embrague.

SOBRE LA LECTURA

José Antonio Flores Vera vive en Granada, corre por utilizar el tiempo de buena forma nunca mejor dicho, yo corro por huir de algo que ni sé ni nunca tuve claro. Es un gran amigo virtual y personal, fue para mí un placer hace un par de años el entregarle en mano su dorsal de la noche de San Antón que tuvo la gallardía de recorrer en veinte minutos menos que yo, noche de San Antón que lo está esperando de nuevo.

Al igual que otros compañeros de la blogosfera José Antonio es un lector empedernido, la lectura le transmite sosiego y tranquilidad, nos dice que es un robo al tiempo de trabajo para prestárselo al ocio. Pero no menciona la lectura pendiente que a veces podemos llegar a acumular, ya lo dijo Antonio Muñoz Molina en un artículo, tengo ya más libros que tiempo de vida por leer. Hoy sábado por la mañana por ejemplo me encuentro con un lote más abultado de la cuenta que no sé si habré sido capaz de completar y eso que tenemos hoy una hora más, destacando principalmente las últimas publicaciones impresas (no me gusta mucho leer en pantalla) de Manuel Holgado, el Diario Jaén de hoy, El País de hoy, el primer tomo de la Enciclopedia General de Jaén editado también por Diario Jaén, un artículo de este mismo diario sobre un abogado amigo llamado Luis Heredia Barragán que ha publicado un libro titulado Sandalio, otra obra más de Juan Cruz, hablo de Contra la sinceridad, así como un artículo de El País sobre este mismo libro, y etc.

Pero llega el caso que cuando pienso que los sábados suelo leer más con mis hijos que conmigo mismo me pregunto ¿dónde termina el sosiego y empieza el estrés sobre querer leer?

Y mañana la media maratón de Jaén 2.008 memorial Paco Manzaneda, y carrera popular 10 kilómetros saludables. Este año toca correr por la mañana y luego acudir de espectador. Me llevaré la cámara para intentar sacar las fotos de la media maratón de Jaén.

JUAN CRUZ EN "EL PÚBLICO LEE"




Muchas veces me pediste que te contara esos años. El pasado sigue contigo, viviendo en tu presente, recordando tantas cosas que no puedes saber si no te las cuento, para vivir aquella parte importante de tu vida que te negué tendrás que recurrir a la imaginación.

Sigues corriendo, has perdido dos kilos, pero no quieres ni correr la media maratón de Jaén, ni lo diez kilómetros saludables, no estás todavía en forma para esa distancia aunque te has fijado volver a correr por tercera vez en noviembre la carrera popular trofeo Santa Catalina de Jaén. Son muchas cosas, muchas actividades, correr, leer, la feria de San Lucas. Precisamente en la feria has descubierto un nuevo autor del que no sabías nada, se trata de Luis Mateo Díez con muchas obras publicadas, aunque es El expediente del náufrago el libro que te espera junto a tu cama estas tardes y noches de fin de semana. Un libro del que no sabes contarme nada al estar ecrito según tus primeros pensamientos medio en serio y medio en broma. Los libros son como las personas, unos más serios que otros, se hacen respetar como yo hice contigo, sabes que no te otorgué confianza casi en nada y así me guardarías ese total respeto que buscaba, al contrario que hice yo contigo, que sí me tomé la confianza hasta el punto de interesarme si ibas a tener otro hijo cuando ella que en principio ya no podía tener más sufrió un retraso y tú exteriorizabas evidentes muestras de preocupación. Las personas hablando en viceversa, también somos como los libros, unos se hacen respetar y otros son demasiado abiertos pudiendo aprovecharte de su confianza para que te expliquen en sus páginas lo que ellos no pueden luego leerte a ti.

Hoy estarás contento, te enteras gracias a Diario Jaén que esta tarde de domingo, en el programa de Jesús Vigorra “El Público lee” los espectadores van a entrevistar a Juan Cruz y sus Muchas veces me pediste que te contara esos años. Quiero leer tu mente como tantas otras veces, crees que se hablará de la Playa de Famara, de Saramago, de Lanzarote, de El Puerto de la Cruz, de el Diario El País, y quizás de ti y de mí, seguro que en alguna fase del programa nos veremos reflejados, mientras tanto sigo sin poder decirte nada y obligarte a que vengas aquí, a que te cuente todos esos años.
IX

Me hubiese gustado verte tranquilo, pero sé que no puedes ya que tus miedos y tus obsesiones te tienen la cabeza ocupada, trasladada a otro lugar, y yo intento convencerte de que estás donde tienes que estar y en el sitio y época correctas.


Al contener mis últimos gemidos no me percaté de que te vaciabas en mi interior, que raro suena estando los dos en remojo rodeados a cierta distancia de algún que otro bañista que espero que no hayan percibido ningún sonido que intentaba amortiguar mordiéndome la lengua.

No quieres salir del agua, acabas la faena de forma satisfactoria para ambos y vuelves a apagarte hundiéndote en tus preocupaciones. Sigues con tus manías temporales, vuelves a referirme lo de aquellas dos ciudades de tu infancia y no sé qué tipo de presentimiento de coincidir con alguien de la que desconoces su identidad y en algún lugar cuando menos te lo esperes, alguien que ha pasado por esos lugares cuando tú ya te fuiste. Me dices que crees que vas a coincidir antes o después, ahora, dentro de muchos años, no lo sabes pero lo presientes, temes que sea en este momento y en esta misma playa por lo que me pides que nos vistamos para desaparecer entre esas rocas delante de las dunas. Me enfrento a ti y te digo que no, que todo lo has soñado, que tú mismo lo has enrevesado en tu cabeza, te digo que no va a presentarse nadie, que esa persona en la que piensas o te imaginas no va a llegar nunca, nunca te va a encontrar, simplemente no existe.

Te cambio de tema al sentarnos en la toalla, un corredor desnudo corre por la orilla de arena negra en este lugar denominado playa del Barronal, corre de una punta a otra una y otra vez, me dices que te produce cierta envidia la situación comentándome que cuando nos casemos te sentirás más centrado emocionalmente y retomarás esta saludable afición de correr que dejaste varios años atrás en Barcelona.

¿Casarnos? Que raro suena eso para mí, estudiante universitaria todavía y para ti que hablas de opositar al no querer saber nada de negocios familiares. La vida es un casamiento, una unión, nos fijamos en nosotros mismos que vivimos a temporadas juntos en la ciudad universitaria y que nos escapamos a estas calas cuando nos da la gana. ¿Casarse?, creo que no, tendrás que convencerme, y no te será fácil, no quiero perder esta libertar que siento aquí incluso contigo, en este lugar apartado del mundo, donde nadie puede encontrarnos.

Quieres irte cuando acabo de invitarte a volver al agua, no quieres acompañarme, me hablas del vacío de tu vida, de tus miedos al lejano o inmediato futuro, vuelves a hablarme de un posible encuentro con alguien que puede aparecer de un momento a otro, aquí en esta playa de las dunas cuando nadie sabe que hemos venido.

No me convencerás para casarnos, pero me convences para que me vista y decida acompañarte y alejarnos de este lugar. Atravesamos las dunas bajo el sol insoportable, ¿ves como nadie ha venido?, en el coche te sientes como a salvo.

EN LA FERIA DE DÍA

Esta lloviznando, salgo algo borracho de la caseta de los estudiantes, me había quedado retrasado con respecto al grupo, subo la rampa del ferial con evidentes síntomas de mareo en dirección al sector superior al haber quedado todos en la caseta del PSOE para tomar café y algunas copas. Cuál será mi asombro cuando al pasar delante de la caseta del PP me veo a mí mismo sentado solo en un rincón y aislado de la muchedumbre que comía, bebía y charlaba sin parar. No es que viese doble a los demás, no, simplemente es que me veía duplicado a mí mismo.

No sabía qué hacer, si seguir a la caseta socialista y reunirme con la gente con la que minutos antes habíamos compartido mesa y mantel o entrar en la del PP para preguntarle a ese supuesto impostor disfrazado de mi persona que qué estaba ocurriendo.

Sigo en la puerta inmóvil, el agua sigue cayendo despacio, no dejo de mirar a esa especie de otro yo, la cabeza me sigue dando vueltas, veo salir a Jesús Tíscar (pregonero de esta feria) con un paraguas y un diario bajo el brazo de la caseta contigua de Diario Jaén la cual suelen instalarla también en la misma explanada junto a la de los partidos políticos. Él no me preocupa, creo que no me conoce, me desazona más bien que salga cualquier periodista del periódico y vea dos sujetos observándose el uno al otro, el uno desde fuera y el otro desde dentro. Pienso que quizás sean cosas de la feria, yo contemplándome duplicado y el resto viéndome doble.

Tomo por fin una decisión aparte de no beber más en las ferias, opto por acudir a mí mismo para resolver lo que sea, pero oigo que la muchedumbre de la caseta pepera empieza a reírse al unísono, no faltaba nadie, la Inma, el Fernández de Moya, el Perejil, me veo aturdido al ser objeto de las risas de todos, mi alma gemela se descojona también.