MEDIA MARATÓN JAÉN 2.009 (10 kilómetros saludables)




No recuerdas el nombre de estos dos corredores de Huelma, pero ambos ganaron la media maratón de Jaén en 2.006, este año en la segunda vuelta iban tercero y cuarto, y muy distanciados de los dos corredores de cabeza. No sabes todavía el resultado o clasificación de esta última media maratón de Jaén 2.009 o diez kilómetros saludables, pero no es difícil consultarlo en Ideain. La foto de arriba corresponde a la media maratón de Jaén de ese año 2.006, la de abajo la has tomado esta mañana cuando hacía más de cinco minutos que habían pasado el primero y segundo de cabeza y todavía les restaban cuatro kilómetros hasta la meta.

Los corredores de Huelma, estos y otros siempre brillan en las carreras, aunque también lo hacen corredores del Quiebrajano, Alcazaba, Paco no te vayas, etc. Todos han sudado hoy la gota gorda en una mañana veraniega de finales de octubre en los que tú te has limitado simplemente a ser un mero espectador tras correr eso sí bien temprano cinco míseros kilómetros. A ver si esta inyección de sudorosos de la camiseta te sirve ya de una vez de inyección de moral, y menos fotitos y más darle a la zapatilla.

En una carrera donde corren cientos, no sé si es un declive pasar de ganadores a ser terceros o cuartos, pero es un ejemplo de lo que fuiste y de lo que ocurrió, ser los primeros en su día para acabar siendo el despojo, el hazmerreír y la comidilla de los demás.

Lo más noble de estos dos corredores viendo estas imágenes con tres años de diferencia, es que ganen o pierdan siempre corren en pareja.


AQUELLOS SARAMAGUISTAS



Cuenta hoy Manuel Peñalver en Diario Jaén que sin ficción la literatura es casi imposible. “Caín” de José Saramago, no acabo de precisar si se basa en la ficción o en la verdad revelada, pero sí pone el dedo en la llaga al recordarnos que si Adán vivió más de novecientos años, casi sin comerlo ni beberlo perece en el propio diluvio universal al coincidir en vida con Lamec, padre de Noé que fue el que construyó y se salvó en el arca de su nombre, todo entre otras cosas que no he leído pero espero leer, porque si Adán tuvo tres hijos varones, Caín es desterrado por asesinar a su hermano Abel, suponiéndose que Set tuvo que cometer incesto con su madre algo imagino condenado moralmente y religiosamente pero reconocido en la biblia sin que se asuste nadie, siendo este último un libro religioso, salvo que se pretendiese hacer una salvedad perdonable para garantizarnos al resto nuestra existencia.
Los amantes de las letras de José Saramago tenemos la obligación de seguir leyéndolo, una antigua compañera me convirtió a saramaguista en los juzgados de Linares gracias al “Ensayo sobre la ceguera” y “la Caverna”. Ella lo era, y justo cuando me convenció para convertirme a este escritor mi amiga dejó de serlo, saramaguista quiero decir, lo de dejar de ser amigos para querer ser otras cosas no le atañía a ella de ninguna forma. No sé por qué dejó el saramaguismo estaba diciendo, no acabé ver por qué, fue por la época que Saramago escribía textos como “el ensayo sobre la lucidez”, fue muy tajante, dijo de no leerlo más y no lo leyó más, y eso que le presté “la balsa de piedra”, auténtica obra de Saramago que fue escrita en la época que era saramaguista, es decir, que cuando mi compañera dijo de oponerse a la obra de Saramago, no era para las presentes o futuras publicaciones, sino también para lo escrito en el pasado que había omitido leer hubiese sido por algún descuido u otro tipo de olvido u omisión. No sé qué vio u oyó del señor José Saramago, pero el cambio fue tajante y radical, no leo más a Saramago y no leyó más a Saramago, devolviéndome mi libro sin abrir ninguna de las páginas.

LAS MANECILLAS DEL RELOJ



Esa tarde justo al salir de la Librería Metrópolis Mc Alsen advirtió que la calle Cerón se ensanchaba hacia lo largo más de la cuenta pareciéndole igual y lógicamente que tendría que caminar más que otras veces para conseguir llegar hasta la Colombia 50 y saborear como tenía de acostumbrado su mejor café, aunque eso fue sólo un mero parecer, en esta calle histórica de Jaén todo parecía estar en su lugar como siempre sin variaciones ni alteraciones visibles a primera vista.

Pocos metros separaban en el mismo caso la librería de la cafetería, poco menos de un minuto solía tardar en realizar el mismo recorrido. Daniel Sada, su obra completa ya la tenía encargada para él solo, nadie más podía leerla o solicitarla exceptuando “Casi nunca” que había obtenido una inmerecida fama al haber conseguido ser la ganadora de un mal llamado premio herralde de novela. Se había propuesto no entrar en los aseos del café, se había autopropuesto leer en las mesas de la terraza la prensa o cualquier otra obra barata y sin sustancia de cualquier pésima editorial novicia de esas que empiezan y que luego no saben ni cómo ni por dónde seguir y que luego quiere elevar a los altares en su blog.

Por eso siempre llevaba un ejemplar de Alberto Olmos en el bolsillo, cuando llegase a la Colombia 50 se sentaría a repasarlo y subrayarlo y pobre de aquel al que se le ocurriese leer algo en la terraza, la prensa y nada más, nunca jamás un libro, su mayor enemigo de entre los lectores de su círculo quería seguir promocionando la lectura por las calle, plazas, parques y barrios de Jaén, y él estaba ahí para impedirlo.

El camino se le estaba haciendo más pesado que otras veces, no lograba entender cómo en menos de un minuto de tiempo aparente había girado más de media docena de vueltas el segundero de su reloj, optando por detenerse y mirar hacia atrás logrando ver la librería Metrópolis que seguía en el mismo sitio de todos los días, cambiando a continuación la posición de su torso a la posición normal de hacia delante consiguiendo ver que la esquina de la calle Cerón con la plaza de San Francisco lugar de ubicación de la Colombiana que seguía también en el mismo lugar y a la misma distancia.

Decidió volver a consultar su reloj y seguir andando para comprobar lo que ocurría, si siempre realizaba el recorrido en un minuto o incluso menos, no podía ser que las manecillas del reloj hubiesen adelantado más de la cuenta, los relojes a veces se adelantan o atrasan, pero no realizan en la esfera más recorrido de lo que es normal y corriente tal y como conocemos todos lo que es el adelantarse o atrasarse un reloj, y así sin dejar de contemplarlo se dio cuenta de que cuanto más pasos daba menos le parecía avanzar pareciéndole igualmente que se movía más rápido también el minutero, manecilla que siempre solemos verla detenida aunque se mueva y tengamos que estar muy atentos forzando la vista para percibir su lento discurrir circular por la esfera del reloj. Se puso a andar más rápido, casi al trote, y el segundero empezó a girar tan rápido que ya ni lo veía, notando a su vez que el minutero giraba cada vez a mayor velocidad, pero por más que corría el reloj y habiéndose opuesto a correr más nunca lograba acercarse a la esquina de la cafetería pero eso sí, pareciéndole oler cada vez más el exquisito café colombiano.

El tiempo pasaba más deprisa, cada vez olía más cerca la Colombia 50 por el aroma del café que impregnaba toda la atmósfera de su alrededor en la calle Cerón, pero por más que caminaba despacio o deprisa no lograba verla, aunque de pronto le pareció oír a las camareras sugerir a los clientes de la terraza que optaran por uno u otro café. Preguntando incluso una de ellas por la calidad del libro que tenía entre manos.

Mc Alsen al escuchar esto último no pudo más al enterarse que alguien leía en la cafetería y no conseguía recorrer el camino completo, alguien estaba leyendo en las mesas y al mirar el reloj este no se paraba por lo que con suma decisión decidió quitárselo de la muñeca y estamparlo contra los bellos azulejos de la calle viendo con sus ojos como todos y cada uno de sus componentes saltaban en mil pedazos decidiendo en el último momento retroceder sobre sus mismos pasos y comprobar al entrar de nuevo en la librería Metrópolis que lo que en el día de ayer eran cuatro chominás escritas en Internet se habían transformado en lustradas publicaciones algunas de ellas premiadas con algunos premios de esos anuales que concedían antiguamente algunas editoriales al estilo Herralde en Anagrama, Alfaguara o Planeta antes de que fuesen a parar al olvido, convirtiéndose de repente con el reloj y sus piezas como el minutero y el segundero hechos trizas en los viejos azulejos de la calle Cerón en un escritor de éxito después de haber abierto y cerrado cientos de blogs y empezar a codearse articulística y literariamente con Joyce, Faulkner, Hesse y Mann.

DÍAS



Un encuentro mejor que muchos regalos.
Un regalo que aparece mejor que determinados encuentros.
Días que buscas y no encuentras.
Un día sin buscarlo lo encontré.
Soledad mejor que muchedumbre.
Solos tú y yo y el resto lejos.
Esos días que no tuvieron que pasar.
Esos días que todavía están en mi mente.
Esos días de casi otoño que tú recuerdas y yo añoro.



XXV


Al entrar en el bar de la estación de Genavé estaba por fin ella, mucho tiempo buscándola en sus pensamientos y fuera de éstos desde que creyó perderla en aquel viaje que para muchos no existió pero que su propia cabezonería ante todas las situaciones de la vida le hacía ver que sí, que había vista hacía algunos días una muchacha cargada con muchos libros que tenía cara y aspecto de dirigirse hacia la ciudad de Granada.

Siempre era así, si ella la vio la vio, si en sus pensamientos se le metía alguien no lograba sacarlo tan fácilmente, ya fuese un amigo del hospital o un pequeño doctor de la ley que habitaba en una cercana plaza, siendo el peor veneno que sus huecos no fuesen cubiertos antes sus displicentes, ocultos, pero expresados a su vez silenciosos deseos. Todo eso importaba poco, había caminado muchas horas a pie por la inexistente y llena de polvo vía del tren desde Bienservida y ahora en esta estación de Genavé que también se encontraba esperando un tren que nunca llegó siendo ahora ella la eterna viajera solitaria, ocurría al contrario que en las otras abandonadas estaciones del absurdo recorrido que se encontraban por lo general vacías y abandonadas asomando ésta bajo una determinada animación propiciada por el buen ambiente de lectura que la muchacha de los libros con aspecto de esperar a la pasajera sin tren le estaba recibiendo y contagiando a su vez a otros lectores solitarios y silenciosos que tenían más aspecto de viajar hacia un destino inexistente como el ferrocarril que nunca venía que leer libros, pareciendo todo una interpretación más de una situación extraña por las que pasaba la chica de la playa durante todo el camino.

-Me imagino que ya estás más animada, ya desapareció por fin de tu vida.

-No ha desaparecido, está relatando lo ocurrido, quiere publicar un libro sobre todo lo que aconteció.

La chica con aspecto de lorquiana no tuvo más remedio que confirmárselo. Tantos días con él, tantas veces no queriendo escuchar y aparentando prestarle atención cuando no era cierto, por entonces y a pesar de los años pasados, era a ella a la que tenía que creer, era ella con la que quería pasar aquellos meses en el hospital, el escritor tenía que desaparecer a otras dependencias hospitalarias, hubiese sido bueno para todos, pero no hubo forma, también su cabezonería era maldita e infinita, fuera de serie, no hubo manera siquiera de prepararle el camino del cambio. Él siempre con su lectura, a veces pensó que una simple frase de Borges le abrió el borrador de toda su futura escribienda.

-Le gusta demasiado la lectura y la literatura, todo lo acontecido durante aquellos años fue su lectura de cabecera, ahora es un boceto que estoy segura que antes o después enviará a cualquier comisión de lectura para su aprobación, lo conozco y lo conoces lo suficiente. No fuiste capaz de reparar lo que según tú era irreparable, nuestros cafés no sirvieron para nada, el no querer oírle a veces y tener que hacerlo sólo de compromiso me hacía ver que no frenaba nada.

-Echó a perder todo cuando dijo lo que dijo en aquella comida al estilo mallorquín.

-No estuve en aquella comida, pero lo que le prometió contar el día de mañana a la doña alpujarreña no se refería al asunto del ridículo callejero o mala vida que tú le contabas que sufrían aquellos amigos tuyos.

-Ahora ya da igual, ahora ya no está, creo que lo más importante es que lo hemos olvidado, pero su lectura está ahí, estoy segura que acabaremos leyendo su libro, puede que el día que lo leamos nos demos cuenta unos y otros de lo que pudimos haber hecho o no hecho. Mi odio fue tremendo e incontrolable, pocas veces se pueden sentir tanto amor y odio a la vez, sólo yo sé y algo también él hasta dónde hubiese sido capaz de llegar.

-Sabes que no fue del todo, recuerda casi lo que me dijiste entre líneas en aquel café.

-Sé también que se lo contaste, fue la única manera como de confirmárselo cuando le contaste que nunca sabría la verdad.

-En efecto, en la negada negación estaba la afirmación y él me la cogió al vuelo.

Cuando Lorquiana se levantó, los pasajeros lectores iban recogiendo sus maletas como preparándose para subir al tren que apareció de repente con el mismo aspecto con el que recorrió el trayecto entre Albacete y Alcaraz, no sabía si subir, no sabía si su destino era Cástulo, ciudad de la que nunca tuvo que haber salido en busca de esa lejana playa para encontrarse desnuda con él, el maleficio seguía una vez más, pero de momento decidió subir al tren, daba igual el destino, un tren que a veces no existe y a veces hay que montarse en él y sentir su traqueteo sin importar ninguna de las consecuencias.

Volvió a quedarse sola, vivió una especia de soledad acompañada, una forma de ver cómo se sintió el escritor cuando iba proyectando su obra durante aquel largo tiempo que estuvo alojado como huésped en el viejo hospital y acabó con la vida sin sobresaltos que había llevado durante tantos años desde que en el remoto pasado pensara en un incierto futuro muchas noches en el asiento del copiloto de aquel viejo Seat Ibiza.

El tren arrancó, un señor disfrazado de revisor anunció las próximas paradas en Puente de Génave y Arroyo del Ojanco. Se quedó pensando que estaba preparada para soportar la plenitud divina sólo un tiempo y que después soñar cosas posibles o imposibles era el resto de su vida.

SER O NO SER



Sí, me llamo Mc Alsen y he aparecido en el interior del espejo de los aseos de la Colombiana (ahora Colombia 50 o Mont elado) sin que él hubiese entrado aquí al WC a mirarse o practicar cualquier otra cosa de necesidad. No logro saber si él, mi persona real ha acudido en este momento a tomar café pudiendo estar en su casa practicando su denostada noctaviguez o quizás leyendo a Gombrowicz y su Ferdydurke, obra que fue descubierta mucho tiempo atrás por el otro mangante que suscribe y es el auténtico autor de esta historia, podía estar en cualquier otro lugar menos en este excusado en el que me he plantado sin saber cómo.

Él es yo y yo soy él, aunque sea su reflejo si entra aquí, cuando viene a tomar café seguimos siendo el mismo, no hay diferencia, él fuera del espejo y yo aquí, dentro y sin moverme esperando su visita al inodoro. Es un artista del lápiz y papel, un creador nato, cuando le ponen la tostada en la terraza traza formas artísticas al derramar el aceite de oliva virgen sobre la molla del pan tostado, cruces desdibujadas, espirales, líneas quebradas e irregulares; aunque ese arte nuestro o mío, o de él, somos el mismo recuérdenlo, sea destruido con el primer bocado antes también del primer sorbo del cremoso café colombiana, sí colombiana y no colombiano, todo sea en honor al histórico nombre del mejor café de Jaén.

Eso mismo pensé hacer con mis obras completas literarias, destruirlas antes de darlas a conocer al no existir lectores que estén a su altura, no hay necesidad de vender más o vender menos libros, me la trae floja el mercado literario, lo realmente importante es la calidad del lector que esté siempre al mismo nivel de mis obras y escritos, si quisiese prostituirme literariamente no hubiese sido difícil colocar mis libros en cualquier editorial y escaparate de librería, por eso quiero deshacerme de todo, seguro que mi real ya está sentado ahí en la terraza solicitando su desayuno pensando en el ser o no ser, le pego fuego a todo o el pueblo llano leerá toda mi obra. Hay cosas que no pueden ser consentidas.