AUTODESTRUCCIÓN

Confieso que yo y sólo yo fui el culpable de haber entrado en ese proceso destructivo que casi acaba conmigo, todos los días la veía, ella me veía a mí, yo era una mierda, ella me veía como una mierda, cuando sufría un nuevo brote esquizofrénico inundaba la cerrada estancia de babas y otros fluidos que se hacían visibles en el pantalón del pijama de enfermo mental provocando que me subieran la dosis de ansiolíticos por pajero y por mirón del personal médico cuando intentaba adivinar la forma y estructura corpórea de lo que las batas blancas ocultaban me administraban por vía intravenosa una dosis de algún medicamento desconocido que aplacaba mi sistema glandular de secreción babosa.




Lo más importante era sobrevivir en el sanatorio mental de Cástulo, pero con cada vez menos contactos era difícil, algunos pocos me sacaban a paseo a una cafetería que me hacía considerar que el aceite y el café podían ser tu único aliciente de los eternos y reiterativos días, al igual que las carcajadas de otros parroquianos por mi absurda manía de buscador de objetos y malgastador del tiempo en cosas sin beneficio, no, no quiero salirme del tema, pero Cástulo era y es una ciudad rica, de gente bien y muchos no se soportaban, la más insoportable que le gustaba que le riesen las gracias era la que menos me aguantaba, la recuerdo por su andar en diagonal muchas veces en las proximidades de mi estancia si tomamos el lugar como un cuadrado, la más cachonda aunque su mejor amiga fuese soltando una y otra vez a la luz pública sus trapos sucios. Venía con algún libro para las horas de mejora, una libreta cuadriculada y a escribir, a escribir antes de que me viniese otra vez de repente los temblores y tuvieran que atarme de nueva a la cama sin derecho a cambiarme de calzoncillos con el fin de que pudiese ahogarme en mi propio hedor.

Hoy después de tantos y tantos años siguen esperando mi libro, no soportaron leer sólo el borrador, quieren la historia entera, no sólo hechos sino también lo que pienso, mi reflexión, el negativo fotográfico incluso, el cómo salí vivo de las tinieblas recuperando la identidad completamente repuesto gracias a esos cuidados médicos complementarios y en silencio el hospital.

2 comentarios:

Aquileana dijo...

Me trajiste a la mente a Foucault; también hay un cuento del Nobel García Márquez de gran calidad y referente a la razón de la sinrazón (Y/o viceversa, por qué no...). Se llama "Sólo vine a hablar por teléfono"


Te paso el link:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/ggm/solovine.htm

Saludos Jesús;

Aquileana
>>///>>>

Rosg dijo...

Algo extremadamente triste. Así suelen ser las enfermedades mentales. Y nadie estamos libres.

Saludos cordiales