
Leo a Javier Marías en la Colombiana quejándose de la futura ley antitabaco, el humo del cigarro de una cliente de la cafetería me envuelve a mí, al periódico y a la tostada, le toso en la cara una buena ración de saliva pulverizada.
Tenga más cuidado, me ha puesto lleno de babas.
Su pestoso humo me ha hecho toser.
Pero aquí no está prohibido fumar.
Tampoco está prohibido toser.
Volvemos cada uno a lo nuestro, la señora a su cigarro y yo a mi tos fortuita e inopinada, por lo menos aunque permitan fumar el aceite lo tienen en aceiteras de las de siempre, el otro día en la cafetería Zahori de la calle Cerón me lo sirvieron en una especie de cápsula cilíndrica y que dios sabe de qué tipo plástico estaba hecha, todo un desprestigo para el local, para el degustador, para el aceite e incluso para la propia calle Cerón, no hay que dejar la Colombiana ni una sola vez por cafeterías vecinas que te causan sinsabores dejando mal a la tierra que tan buen aceite produce, aceite encapsulado ¿a quién coño se le ocurrió semejante barbaridad?, odio estos locales que quieren jubilar o dejar obsoleto un objeto como la aceitera o cacharra de aceite de oliva que tan buen uso le damos imaginando que es un pincel que pinta figuras sobre el miajón de la tostada.
Me hace gracia a mí José Enrique Fernández de Moya cuando cuenta que Gaspar Zarrías sólo se ha preocupado por su sillón, él cuando con su funesta fama de politiquillo de despacho lo tienen que sacar casi a empujones del mismo para subir a algún barrio de Jaén a soltar exabruptos del resto haciéndolo más bien por lo general cuando viene algún mandamás de su partido para hacer bueno el dicho de que la causa obliga, como si no supiese salir solo a la calle. De Gaspar precisamente poco o nada lo vemos en sillones, más bien si pones la televisión lo puedes ver recorriéndose la provincia de cabo a rabo inaugurando algún colegio, comiendo con madres, o en algún acto de personas mayores. No hablo como defensor de uno o detractor de otro, este no es lugar, hablo de lo que veo, y si alguno se le ocurre pensar que se me ve el plumero que no se preocupe que se lo enseño si quiere.
Me consuelo con que Salinger (El guardián entre el centeno) tendrá su obra inédita oculta a la espera del oportuno rescate, no me imagino las últimas décadas de su vida sin escribir nada, mi apuesta es que sí, un escritor de este calibre no se puede conformar sólo con una gran obra que ya lo hizo leyenda, tiene que haber algo más, aunque todo esté en sucio o en borradores.
Mientras sigo mi autoficción excluyente Francisca Ortega Álvarez Secretario de Educación del PSOE me expulsa de su facebook, siento miedo, puede ser un primer paso para la expulsión del partido, me hizo recordar mi inminente expulsión del Sanatorio Mental de Cástulo, eterno excluido para todo, el vacío significativo vuelve a volar encima de mí.
7 comentarios:
Ves, de una forma u otra como digo en contestación a tu comentario en mi blog, formas parte de los capitulos de mi vida. Me gusta leerte ya echaba de menos alguna entrada en "Corredor Perezoso" aunque a veces y me conoces bien para confirmarlo no soy capaz de entender todo lo que escribes. Pero me gusta, cosas de Lola. Un besazo
Si publican el libro, los sucesores se hacen de oro.
Pues yo veo a Salinger quemando con devoción todos sus escritos...
Créete lo de Salinger; Rossini, tras estrenar Guillermo Tell a los 37 años, no volió a comoner nada, y eso que vivió 39 años más 8el caso más notable de prejubilación que conoce un servidor).
Saludos.
Quiza a Salinger le pasara como a mí, que era autodestructor, y muchas veces por evitar un suicidio físico, destruimos todo aquello que hemos creado....y no solo una vez, sino varias......y luego volvemos a crear y no sabemos hasta cuando, otro suicidio.....y lo que más duele de todo esto, es que la gente no lo entienda......que una persona como tú no lo entienda.........
Buen retrato costumbrista.
Todo iba bien hasta que mencionas a J.E. F. de M...
Uff, ¡yuyu! ¡yuyu!
;)
Saludos.
Discúlpeme Don Jesús, pero el inicio de esta "Apuesta", es una obra maestra.
Coincido plenamente en tu aversión al tabaco y a ese pestilente humo que generan en los espacios públicos. De hecho, es motivo por el cual (y desde que soy asmático) no sea un cliente habitual de tales espacios.
¡ Y con lo que me gusta el café de cafetera !
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