CERÓN II

En el hombre que vio caer a Deleuze José Vidal Valicourt trata de imitarme o soy yo el que caigo en el vano intento de hacer lo propio, el plagiador que se plagia a sí mismo siendo a su vez autor y protagonista, los secundarios son todos el mismo aunque sólo uno se quedó en cáscara amarga durante aquellos fatídicos años.
Estoy con M en la colombia 50 sin prestarle atención al estar pendiente de que de un momento a otro empiecen a salir peatones de la calle Cerón, puede que salga ella y la recuerde cuando tomaba el sol en una playa del bajo levante con un breve biquini, tan breve que logro imaginar esa poca brevedad como si fuese inexistente, como cuando vuelvo también a recordar a la compañera vital que en este momento toma café conmigo sin nada en la piscina del hotel creyendo que aparecerá de la nada la pasajera del tren inexistente que nunca llegó a Cástulo y que una vez me citó en la playa a fin de que acudiera a esta eterna espera.
Tengo que poner fin a la historia le digo a M, los caminos se cruzan procedentes todos del recuerdo de aquellos años y con un incierto destino, sigo esperando que alguien salga de la calle Cerón sin aparecer nadie, la cafetería está en un lugar estratégico como una pila a la que le cae el agua de un grifo abierto, esta mañana ocurre al revés, la calle lo único que hace es absolver peatones hacia su interior.
Pagamos la cuenta sin dejarnos atrapar huyendo en dirección contraria, por el Pósito nos encontramos a una conocida pareja, ella no nos saluda al no conocernos aunque sí sabemos quién es, es uno de los problemas de la relación humana, conocernos los unos a los otros sólo la mitad de nosotros mismos, él es un tío amable y artífice inconsciente (o no) de posibles futuras implicaciones comprometidas de índole privada, me da la mano, un beso a M, el poder de la fotografía es inmenso, mucho más que las viejas sonrisas acompañadas de palmaditas en la espalda, no sé en qué grado me tengo que dejar o no querer, pienso en un apreciado amigo que se puede contar con él, pienso también en los límites de mi pasividad.


10 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Aún recuerdo cuando mi madre me compraba comics más o menos al lado de los almacenes el Pósito, según subes a la plaza a la izquierda...cuando mi abuelo estaba en la clínica de Fermín Palma.... que buenos recuerdos... un abrazo

ODISEA EN ROSA dijo...

De cierta manera todos somos personajes no del todo logrados, que creemos escribirmos a nosotros mismos, pero nuestra historia siempre la escribe el azar, esos medio segundos en los cuales decidimos hacer una cosa u otra, y van cambiando la historia de nuestra efímera existencia.....y así ando por la vida transformando mi locura en miradas hermosas, intentando que el azar se ponga de mi parte y me escriba el mejor de los guiones.....
Saludos,Don Jesús

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

En el fondo, todos somos espejos de otros espejos.

José M. dijo...

pero, ¿usted no se hacía llamar antes garrido, juan o andres o tomás o jesús garrido?

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

me mareaste con el nuevo seudónimo....ahora ya se de donde venía...de nuevo saludos

Lola dijo...

Cada día de nuestras vidas esperamos encontrar a personas que llevamos esperando para algún tema que quedó pendiente; una charla, una dirección que solo el o ella nos puede indicar, una gestión sin terminar. ¿las volveremos a ver? quizá si, quizá no, pero eso le dará un cierto sentido a la monotonía diaria. Un besito

Javier Cánaves dijo...

y cómo llega uno a adquirir un libro de vidal valicourt? azar? suscriptor de la bolsa de pipas? recomendación?

Anónimo dijo...

Bonita foto.

Alfa79 dijo...

Las situaciones estratégicas son los escaparates de la vida, de los recuerdos, de los sueños consumados o diluidos.

Muy buena frase: "...conocernos los unos a los otros sólo la mitad de nosotros mismos".

Sombras Chinescas dijo...

Si se ha de plagiar a alguien, que sea a uno mismo. Así, de no ser esquizofrénico, no hay riesgo de denuncia.

Saludos.