CONSTRUCCIÓN



He cerrado la absurda historia de Giovani Grado en El Desierto de los Tártaros (Dino Buzzati), cierro los ojos y me voy al recuerdo, paso del fútbol, no me va mucho, prefiero pensar en las absurdeces en las que nos podemos ver envueltos sin buscarlas, como un camino a medio hacer que puede romperse dejando todo tal como se quedó, aquí tenemos la construcción del tranvía de lo cual me alegro de que se empieze a oler su final, su camino y trazado ha tomado ya forma imaginando ya los pasajeros subiendo y bajando tintineando su campana para avisar su paso.

Odio los detractores destructores que no quieren que en la ciudad se construya nada, odio los que destruyen antes de construir que ahora callan como resignados y con la curiosidad de ser los primeros en subirse o verlo pasar, odio los que destruyen las amistad, a los que te consideran un cabronazo cuando son los verdugos considerándote más cabronazo si cabe cuando pasan a interpretar el papel de víctima destruyendo otras amistades no firmadas en papel pero existentes, el papel de víctima es más sangrante que el de verdugo, es la historia conocida que ya sabemos, se comete el sacrilegio contra el cabronazo en la distancia aunque esté lejos. El lugar da igual, no tiene la culpa, a destrucción más construcción en esa misma ciudad, donde no te quieren pasas a multiplicar con éxito la amistad, algunas comunes, si os preguntáis por qué os diré que porque prefiero a los que construyen, mantienen y consolidan lo hecho, y lo que es más importante, te la aumentan en cantidad y calidad, la destrucción lo único que hace al final es hacer correr ríos de tinta, un amigo que desayuna conmigo muchos días ya se ha colocado entre los históricos cinco mejores, con muy poca cosa, a veces no hace falta mucho.



José María Merino nos cuenta sus historias del otro lugar, es un cuentista actual jugando con la realidad y la ficción, todos tenemos nuestras realidades y nuestras mentiras, nuestros recuerdos ficticios que nos persiguen, nuestro día de la marmota con triste final, el camino del tranvía ya está trazado, es un cambio que cuesta en la ciudad que como todos los cambios parecen darnos miedo aquí en Jaén tal como escribe Francisco José Campaña hoy en Diario Jaén, mientras no superemos esos miedos muchos caminos no se trazarán ni construirán obligándonos quedar estancados o atrapados en la misma estación a no ser que deseemos hacer el camino a pie sin destino alguno.

1 comentarios:

Lola dijo...

¿Miedo al cambio? yo tengo miedo a no cambiar porque la vida depara más vida (valga la redundancia) Construir y dejar construir para que el día a día merezca la pena. Un besito Jesús.

Ahhhh yo tambien tengo gana de ver ese tranvia terminado y darme una vueltecita para no dejar que el "tranvia" pase por mi lado sin utilizarlo.