LA ESTANTERÍA



Hoy lo he vuelto a saludar, es una historia extraña de mi absurda realidad, fue en el centro médico de Adeslas donde consigo comprender que donde antes existía una misma y sola persona ahora son dos distintos, y además hermanos, los dos estaban en la salida de la carrera de la salud, luego también en meta, más irrefutable no puede ser la prueba de lo que digo, mi capacidad vilamatiana de ver protagonizar a mis convecinos hechos singulares no tiene límites, el efecto de la recién llegada primavera le otorga a cada uno su propia identidad que el pasado sólo uno de ellos portaba dos identidades al no existir el otro.
He aprovechado la interminable tarde de domingo para ordenar los libros pendientes de leer, los he sacado a una de las estanterías del salón, no los leeré todos, rara es la semana que aprovecho el desayuno para visitar la Metrópolis y comprar algo nuevo sin que nuevo quiera decir novedoso, nuevo para mí aunque la obra tenga algún siglo quiero decir. La estantería la voy actualizando semanal o diariamente como cualquier vulgar página de Internet, la pendencia literaria que tengo con los libros ahí colocados es infinita, mejor leer buenos libros que no los disparates virtuales que colgamos en la red, autores como Chejov, Shriver, Bellow, Muñoz Molina o el propio Montaigne están a la espera compartiendo lugar con otro tipo de chusma literaria como Miguel Ángel Muñoz, Manuel García Rubio así como otros innombrables, Bolaño y Vila – Matas no sé cómo catalogarlos, París no se acaba nunca y Una casa para siempre son los pendientes de leer del primero, de Bolaño hay más, casi la mayoría de su obra, ahí macerando para una lectura sosegada cuando convenga. La estantería me produce vértigo al haber colocado a los simples, a los incatalogables y a los innombrables todos juntos, unos vivos y otros no, por eso a M no le extraña que luego dé alaridos en la cama y tenga que aplicarme una intravascular ansiolítica.

Tienes que volver a solicitar tu ingreso como paciente psiquiátrico en Cástulo. La literatura diversa va a acabar contigo y conmigo.

Cástulo cerró hace muchos años.

La estantería me sigue esperando a que entre la nueva semana para ser actualizada, La Sinagoga de los Inconoclastas de Juan Rodolfo Wilcock se la voy a encargar a A que vive en Madrid, aquí en Jaén y Cástulo es imposible conseguirla , La quietud que precede de José Miguel Vilar Bou y Verónica Leonetti no la envían a la Metrópolis porque al distribuidor de Sevilla no le sale de las pelotas hacerlo. Luis Heredia Barragán y su La luz entre las tinieblas permanece en otra estantería, merece un trato especial, es abogado y muchas mañanas a lo mejor me pregunta por algún expediente suyo que tramito, no hay ningún libro más que sujete al suyo por lo que la contraportada deja ver su foto que me mira impasible con los brazos cruzados.

7 comentarios:

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Yo ahora estoy Con el Mapa del Tiempo F.Palma... y lo llevo mal..porque no me sobra el tiempo...pero es mi vicio...admiro tu capacidad...saludos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Este fin de semana para mí nuevo significa leer a los trovadores provenzales.

Lola dijo...

A mi me tiene absorbida CIENFUEGOS de Alberto Vázquez Figueroa, actualmente voy por la IV y digo absorbida porque me tiene enganchada. Buenas noches

Sombras Chinescas dijo...

En el momento en que asumí que voy a dejar muchos libros sin leer, fue cuando decidí no perder un minuto con uno que no me guste.

Saludos.

Lansky dijo...

Aunque sea compatriota tuyo, aunque sea académico y buen chaval, yo prescindiría de Múñoz Molina, francamente tosco.

Myr dijo...

Raro que no consigas los libros que quieres-

Yo me los pido a La casa del LIbro o Iberlibro.com y me llegan aquí a Tel Aviv.

Myr dijo...

( Claro que cuándo llegan amigos de España, también me traen)