
Después de aquel corto paseo por la feria del libro en el Paseo de Linarejos no volví a saber de la ciudad en muchos años, la plácida vida en Jaén provocó en mi desmemoriada sesera que esta localidad dejase existir, nada me ataba a sus calles, plazas, librerías o cafés, ni siquiera su semana santa llamaba la atención de mi cámara de fotos, me llamarán sacrílego más de alguno de sus habitantes por mi denostada opinión a esos pasacalles procesionales que nada tienen que ver con el voto de pobreza que profesaba el real de la imagen que representan.
Aquella mañana cogí la travimeta, había mejorado con el paso de los años, ya no era la compañía de autobuses destartalados e impuntuales como se le había caracterizado por los pasajeros que hacíamos el recorrido de Jaén a Linares, me llevé para el camino Hijos sin hijos de Enrique Vila Matas, una buena edición de Anagrama de la que fui disfrutando mientras cruzaba al otro lado del Valle del Guadalquivir alternando su lectura con el monótono paisaje olivarero o cuasi industrial de los alrededores de Mengíbar que no se había alterado en grado sumo con el transcurrir del tiempo, este viaje a Linares fue una forma de escapar a la arbitrariedad de la existencia pero que en realidad el único propósito era la adquisición de un libro y volver a pasear mi alma solitaria por esa ciudad que me convirtió en escritor fracasado al más puro estilo vilamatiano en honor al prestigioso autor barcelonés que cada vez iba pareciéndose más a mí perdiendo enteros su popularidad. Hoy descubro que con gran acierto de ha abierto en Facebook un foro para denunciar todos los males de la empresa de autobuses Jaén Linares Travimeta.
Al llegar a Linares no llovía, nadie fue a esperarme a la estación de autobuses. Linares perdió hace siglos el nombre de Cástulo aunque en la literatura sigue conservando la denominación de origen, pasé primero por la Calle Sagunto y su Cafetería Fleming a la que omití entrar, fue un lugar en el que viví las más extrañas tertulias donde algunos de los que nos juntábamos pensaban más que hablaban mostrándose ausentes, otros sin embargo pensábamos en alguna diosa de la belleza que hacía alterar los instintos provocando que más de uno luego tuviese que desahogarse de forma unilateral. A continuación llegué a la Librería Entre Libros a la que sí entré.

Buenos días.
¿Qué ha venido a hacer usted aquí?
Quería un libro.
Esta usted en la mejor librería de Linares pero todos los lectores no siempre son bienvenidos. ¿Qué libro busca?
Delirios en la arena de Randle McMurphy.
Ese libro no lo tenemos, se prohibió su venta en la ciudad al no ser Randle McMurphy un escritor sino un enfermo mental de Alguien voló sobre el nido el cuco.
¿Eso es posible?
Totalmente, no pasó la prueba de la comunidad religiosa de la ciudad.
¿La iglesia?
No, las beatas que mandan más que la propia iglesia.
Pero mi libro no es inmoral.
No es cuestión de inmoralidad, ni ellas practican moralidad alguna, simplemente no pasó la prueba.
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¿Ha dicho su libro? ¿Quién es usted?
Randle McMurphy.
¿El protagonista de…..? Pero si en la película es Robert de Niro el autor.
El autor soy yo.
El actor quise decir
Si el libro no fue bien recibido menos será el autor.
En efecto.
Usted no es buen librero.
Nadie es perfecto.
Camino del Bar Marce pasé de nuevo por la churrería de Manolo a la que también omití entrar para evitarme problemas, nadie por la calle me miraba de forma aparente, sólo con una especie de reojo cuando yo hacía que no me daba cuenta, la gabardina y la mascota creo que más que ocultar mi persona la hacían resaltar más, mis carencias afectivas eran superiores al protagonista de mi libro, en mi caso cada vez que veo una mujer por la calle de cualquier ciudad me la intento imaginar sobre la postura que la haría chillar más. Al llegar al bar temí que el tabernero hiciese uso del temido para mi fracasada persona “reservado el derecho de admisión”. El posadero abrió el turno de palabra.
Ha abusado usted de su condición de escritor, se le ha permitido todo tipo de rarezas y caprichos.
En realidad sólo quiero una cerveza y coger la travimeta de las 13:45 y largarme.
El dueño del local me había entrado de frente sin saludar mirándome de forma perpleja examinándome detenidamente, se le notaba su condición de alguacil de la plaza de toros en la que cogieron provocandole luego la muerte de Manolete.
Usted aspiraba a construir un imperio literario y fíjese lo bajo que ha caído, aquí en Linares ya nadie lo quiere, lo mejor que puede hacer es largarse por donde vino.
Era la primera vez que salía del Marce a palo seco, la evolución de este bar y de mi persona habían discurrido estas últimas décadas por caminos distintos, la estación de autobuses estaba cerca, me coloqué unas gafas oscuras de pasta y una bufanda, pero más me miraban los vecinos como si fuese un imbécil, no entendía que les ocurría a los habitantes de Linares, llegué a la estación a coger el autobús, no llovía, no había nadie para despedirme.
6 comentarios:
Eres único, siempre te leo, nunca comento, pero eres único.
Me encanta pasarme a diario por aquí.
Me han entrado unas ganas tremendas de leer el libro, es de los pocos que me quedan por leer de Vila Matas.
Un abrazo
Estoy con madison, la lectura de tus entradas tiene algo especial, cada día miro si has puesto algo nuevo y me introduzco en tus letras para sacar todo lo que muestras en ellas y lo que no lo busco. Reservado el derecho de admisión, fea frase, cierran la puerta y no me gustan las puertas cerradas.
Jesús, excelente ese libro de relatos ubicados en ciudades reales, pero supongo que imaginarias.
El aurea de profundidad literaria de Vila Matas está muy presente en cada cuento.
¿Por qué será que nuestra mente borra así rostros, calles, ciudades?
Fíjate que yo creo que no las borra, sencillamente las aparca en un lugar de nuestro cerebro para mostrarlas cuando llegue mejor ocasión.
Apartarnos de este mundo, creando otros mundos........huir de la realidad........mejor irse a nadar, sentir el mar y el solo sobre la piel....
Borrar para volver a escribir.....
Creas adicción siempre me quedo con ganas de leer más....
Saludos
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