
Que sólo escriban unos pocos, que se midan los centímetros de la polla por el número de publicaciones y el dinero ganado para él y sus descendientes que luego sin dar un palo al agua administren ricamente fundaciones con derechos conseguidos que parecen seguir dando vida al escritor, al pobre juntaletras que se la pique un pez. Me aguanté esta mañana las ganas de mear en el Mont elado para leer a uno que sabe bastante en las páginas de cultura de El País que además me iba a servir para publicar algo hoy mediadamente decente entre tanta farsa y descrédito durante estos días que mi musa me tiene abandonado. Ya lo sé, el Mont elado es de la misma gente que la Colombiana ¿y qué?, el trato es exquisito, hacen buen café, me suda la polla que algún que otro juntaletras viva en el barrio, es como una historia de amor, nada que ver con la cafetería de la calle carmelo torres donde también siento las posaderas con compañeros de otras dependencias de la administración que toma prestados mis servicios a cambio de una insustanciosa cantidad de dineros mensual. También veo a P padre de un amigo de mi hija que cuando me ve como lobo solitario en la terraza de la Colombia 50 me saluda preguntándose en silencio sobre qué coño hago aquí arriba, como si este lugar fuese territorio de los trabajadores de otras administraciones como Ayuntamiento y Diputación, pura querencia al lugar, otro tipo de amor eterno, lo dije antes, las cosas son porque sí o son por alguna razón y es esa y no otra, sólo falta mi amiga de la gabardina que la imagino en Bernabé Soriano esperando el tranvía para convertirse en pasajera de la bancada de atrás, pero eso es otra historia, yo soy como un pasajero sin billete en un recorrido inusual de ese tranvía, no pinto nada, seguiré subiendo aunque tengan señalado su territorio.
Estaba diciendo que en el Mont elado me quedé con las ganas de mear aguantadas para leer en El País lo que opina un tal Robert Bringhurst en Cosmopoética catalogado en el artículo como poeta, filósofo y amante de la literatura oral, yo también soy amante de la literatura oral, seguro que más que él, teníais que verme practicándola en pareja relatando de memoria y en voz alta las andanzas de nuestro Quijote en la Cueva de Montesinos.
A Robert Bringhurst no le gusta que la escritura haya perdido su soporte natural del papel y que esté en peligro de pervivir por el exceso de trillones de gigabytes en datos e historias que nadie a va a tomarse la molestia ni a tener tiempo de leer todo, claro, eso está bien, que no exista competitividad, que Rosa, Lola y Ana no publiquen nada y que el ser escritor sea cosa de unos pocos y que con algo de suerte este escritor famoso gracias a sospechosos y discutibles premios literarios consiga enriquecerse él y a varios generaciones, así con el tiempo alguno dirá lo que leo a Roberto Bolaño en Entre Paréntesis: todos tenemos algún antepasado imbécil en la familia.
3 comentarios:
El problema de muchos es que sólo piensan que merece la pena lo suyo y los de sus amigos que opinan lo mismo de él.
Ya que citas el Quijote: a Cervantes ni le considerban escritor alguno de sus contempráneos.
Lo demás es sólo publicidad.
Me gusta escribir como bien sabes y a parte de verlo publicado en alguna carta al director o en mi propio blog, dudo que algún día vea nada más. Ese privilegio hacen que nos venga grande, tipos como los que describes. Un beso
antepasado y coetáneo... los imbéciles siempre existen..yo descubrí que me gustaba escribir...pero no me dio por ello...saludos
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