
Vivo en una biblioteca breve y móvil, el libro que leo desde hace semanas no le cojo el hilo, es algo extraño el argumento. He dejado de comprar o sacar libro como tales, el personal de la biblioteca convencional ha vuelto al estado de estupor funcionarial que siempre mantuvo desde que he dejado de darles la monserga sobre si deben de tener como prestable este o aquel libro, mi librero de confianza ha dejado el tratamiento de paroxetina desde que no he vuelto a revolucionar sus neuronas con esa fiebre literaria que vengo sufriendo desde hace años, vuelve a ser un hombre feliz.
Desde que subo al trabajo en tranvía procuro quedarme de pie, suelo buscar algún pasajero que vaya leyendo algún libro situándome a una determinada corta distancia para que sin que se percate de mi presencia pueda leer lo mismo que el auténtico lector que en ese tramo de viaje tranviario me convierte en otro lector voyeur en este caso, cuando el lector real cierra el libro para apearse busco entre los vagones con total desasosiego otro viajero con libro abierto obligándome otra vez a utilizar esa hábil sutileza para no ser descubierto, el problema no era otro que por la música del azar el argumento que mis neuronas absorbían era otro retándome a mí mismo a ir engarzando argumentos como si todos fueran el mismo con el ilusionante proyecto de fabricar mi propio libro con esa unión de todo lo leído por encima del hombro a los incautos pasajeros lectores del tranvía, me planteé incluso solicitar una excedencia voluntaria para darle más agilidad a esta gran idea, también me sugerí a mí mismo sacar un bono de viaje permanente que me permitiese permanecer permanentemente en su interior sin bajarme en las paradas ni en la de final o principio del trayecto, ser una especie de viajero eterno en busca de la mejor novela que jamás se publicase al ser la unión de todas la posibles habidas y por haber.
Antes de embarcarme definitivamente en el ambicioso proyecto letril decidí implicar a dos afamados lectores de la ciudad, la terraza de la Colombiana fue el lugar elegido para mostrarles mi desorbitante apuesta, analizar con ellos todos y cada uno de los posibles pormenores con los que podía encontrarme, no faltaron mis dos escritores de cabecera JC y BM, aunque me produjo una extraña inquietud que aparecieran con una señora no invitada por mí inicialmente que iba acompañada de un perro que no abrió la boca en toda la tertulia, el perro tampoco ladró, eso fue más importante incluso que la extraña señora que se fijaba y escuchaba todo lo que decíamos sin nada interesante que aportar al tema, por eso lo mejor que hizo es eso, permanecer callada sin inmiscuirse en esta especie de anómalo proyecto literario.
La reunión terminó sin acuerdo, nada sustancioso surgió del encuentro, mis dos compañeros junto con la señora del chucho fueron tragados por la Calle Cerón, no fue ninguna sorpresa que partiesen juntos, me sirvió este hecho de inspiración para otra historia literaria para más adelante, yo desaparecí calle abajo en busca de la parada del tranvía en Bernabé Soriano.
Me subo y me siento en el vagón del tranvía, no hay pasajeros de pie, menos leyendo, el prólogo pensaba escribirlo esa misma tarde tras las lecturas de los libros de algunos pasajeros, no hubo suerte, por la ventana veo circular la ciudad como si yo fuese un viajero estático, ¿qué es un tranvía? me pregunto, sólo me queda la opción de razonar conmigo mismo, pero la mente se me va, pienso en la señora que no habló nada, debía ser también escritora si acompañaba a mis buenos amigos, el caso es que pienso que alguien ha tomado sin que ella lo sepa su imagen real plasmándola en personaje ficticio y literario, puede ser el personaje de uno de los dos escritores, no sé, no acabo de verlo claro, es como si cumpliese un papel a la perfección, como desarrollando lo escrito de uno de ellos, imaginación al más puro estilo joyciano. Me bajo en la Plaza de las Batallas, me dirijo al quiosco del parque sintiéndome como un vudú, las letras se me tornan mágicas, los personajes escapan a ellas, contemplo el parque, han retirado ya las casetas de la última feria del libro, vuelvo a recordar el paseo con Juan Cruz bajo la sombra arbórea, este Juan Cruz no fue el mismo que con el que tomé café hace un rato, los dos son mis héroes, ambos me han obsequiado con parte de su obra, me gusta todo lo que escriben, vuelvo a pensar en la señora del can, una cosa está clara, no es la misteriosa e imaginaria pasajera del tranvía con la que llevo soñando meses, tampoco la chica del playa que se quedó sin el otro medio orgasmo, nuca debí de salir, nunca debí dejar el sanatorio.
9 comentarios:
¿Qué es un tranvía?
Un pedazo de ciudad que no acaba de encontrar su sitio, pero que tampoco puede ir a donde quiere.
Leer me produce una satisfacción enorme Randle, es de esas cosas en mi vida que me hacen sentir extraña a mis allegados y eso me gusta. Ayer cuando sali de trabajar, paré en la Plaza de San Francisco y me senté a leer en un banco, nunca antes se me paso por la cabeza leer en público. Mi libro siempre me acompaña en el bolso y fué gustoso el rato que pase en aquel entorno, dejando la brisa dar en mi cara, leyendo entusiasmada Cienfuegos. Lo repetiré con toda seguridad. Un besito
Leer es siempre saludable sin lugar a dudas. Por otro lado, vuelve a pinchar en el post de publicidad subversiva porque tenía un error a ver si puedes abrir el texto. Disculpas, saludos y agradecimiento por tu amable visita y tu interesante post.
Igualmente amigo Jesus. Feliz fin de semana...!
Es curioso. A mi a veces me ha pasado que me he perdido días enteros en una sola página...
Vaya tela... ya funciona??? y ahora donde aparcamos...que moderno está Jaén...salud
en media hora record de visitas. He cabreado a alguien.
vamos a ver RANDLE, ¿que es para tí la amistad? te agradezco el ofrecimiento pero no busco publicar nada en ninguna parte,¿porqué no publicas tú? pensaré si te admito de nuevo, según te portes.
O sea, que eres una variante del sobón de transporte público; en este caso, sobas con tu vista el libro de otros...Le metes mano a las lecturas de los demás
Publicar un comentario en la entrada