¿Qué programa utilizas para falsificar esos billetes falsos de tranvía?
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Se comporta como un personaje obsesivo creado también de mis propias obsesiones, nada que ver con alguien real de la ciudad o de Cástulo, nada que ver con mi mejor amiga del viejo barrio, una mujer imaginaria y complicada que ya veo temprano antes de las ocho cada mañana cuando atravieso por la pasarela los raíles del tranvía camino de los churros en el quiosco del parque, lugar que no ha servido como algunos temieron para que alterara la eterna espera en la Colombiana a la que sigo acudiendo a la misma hora a contemplar esa silla vacía, una silla vacía que me traslada en la imaginación a las grises paredes de Cástulo, a recordar a la chica de la playa, su eterno silencio, su espera desnuda en la arena.
Cástulo, la villa a la que espero no volver aunque fui feliz allí, prefiero fantasear con la nostalgia traducida en ilusión literaria, fui tan feliz en esa ciudad que a veces me planteó no volver, la atmósfera del sanatorio me persigue, las grases sobre el papel son utilizadas para escapar, algo me perseguía aunque siempre era más rápido, al igual que tantas mañanas en la vía verde del aceite.Vila – Matas tuvo algo en Veracruz, adora la ciudad pero no quiere volver tal como releo en Lejos de Veracruz, Veracruz lo convirtió en escritor, Cástulo hizo lo propio conmigo pero en malo, mi obsesión literaria no pasa de juntar letras con poca estructura semántica que le pueda otorgar algo de fuerza a la historia ¿qué historia?, he sido un amante imaginario, sigo siéndole infiel cuando me acuesto todas las noches y siestas con ella, M llamaba al hospital, el ambiente se crispaba, casi no salgo vivo, casi caigo en pleno ruedo como Manolete con las puntiagudas astas acechando.
He vuelto a la feria del libro, Pablo Peña Almagro firma sus libros, la parte positiva de la feria donde se pone de manifiesto el buen hacer organizativo al brindarnos a los visitadores actividades tales como tertulias literarias, presentaciones de libros, sólo falta el libro de ocasión, el libro desconocido e inexistente, el año que viene seguro que se arregla. He vuelto en anónimo silencio a la feria del libro, no he estado a la altura, los libros te cambian la vida, pierdo lectores, me hacen ver que me leen pero no pueden pasar sin mí. Pablo Peña Almagro y una fotógrafa en la caseta de firmas, llego de improviso, sin avisar, nadie me esperaba, no he sido capaz de precisar si me presenté como lector, como escritor o como fotógrafo, un triángulo fatal, en menos de cuatro minutos está la faena terminada. Pablo Peña me firma el libro, a mí me firma mi imaginario libro recién impreso, la fotógrafa fotografía a Pablo, después a Pablo y a mí, yo fotografío a Pablo, después a Pablo y a la fotógrafa, me estaba poniendo cachondo, lástima que el escritor no fuese hembra, mi depravación neuronal vuelve a aflorar, tiene razón Lourdes, debo de volver al sanatorio mental, y eso que cerró, da igual, sería capaz de encerrarme en sus muros a volver a cumplir la misma penitencia a la que me condenaron, reelería a Pablo Peña Almagro otra vez, cambiaría el pasado, estoy seguro.
9 comentarios:
No me imagino cómo será una condena literaria. Gracias por la visita. Tienes un blog interesante.
Yo me pasé por tu blog, a pesar de no tener mosca que matar, y me encantan tus relatos.
Repetiré.
Encantada de que una mosca nos haya presentado,
saludos
perdón, no era mosca, sino mosquito.., así aprovecho, que he tenido que entrar otra vez para rectificar, y me leo más relatos hoy.
Lo siento por la mosca; sigue con Berhard, El malogrado te sentará bien -o mal.
Pincio
¿Qué mosca te ha picado?
Buenas tardes Randle, pase, lei y me gusto. Un besito
En el fondo, ése el juego: fotografiarnos los unos a los otros.
Sólo un detalle: es Pablo Peña. Su hermano Pedro también ha escrito algo.
Eterno dilema el de Pedro y Pablo
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