Correr o no correr, las fuerzas fallan un poco con el calor, este es el verano que no debo de fallar si aspiramos a distancias superiores de las habituales dejando si hace falta el pan de pipa que comemos en horario laboral hacia el medio día para mitigar el hambre los cuatro que habitamos las blancas (no grises) paredes del habitáculo.
Busco esta semana más páginas de Robert Walser, el primer eslabón de un lejano encuentro con mi propia persona, comienzo la lectura de el Ayudante, mi mente se traslada a mi librería habitual, pocos saben que su propietario se roba a sí mismo al atracar su propia librería, entra en plena sobremesa cuando permanece cerrada a la hora de la comida, los libros más leídos, reconocidos y vendidos trasladándolos todos a su casa atesorándolos en una habitación, necia forma de enriquecer su biblioteca, lo mejor para él, sumo cuidado en que no existan dos libros idénticos, en caso contrario sirven de donación al clausurado Sanatorio Mental de Cástulo.

Me despierto sobresaltado, empieza la temperatura ambiente a subir, quedamos juntos para desayunar en la Colombiana, casi nunca coincidimos por la mañana al trabajar en ciudades diferentes, hoy estamos en la misma, entramos a tomar café, ella se introduce en el reservado para mujeres quedándose junto al biombo que nos separa para así mantener la conversación, me cuenta que no sabe qué hacer con la huelga, es extraña, no está segura de nada, vidas propias y ajenas en torno a ella, poca unanimidad personal, el funcionario que no quiere darle el gusto al Gobierno de ahorrarle la nómina de ese día, el sacrificado que comprende la situación, la del sindicalista que sí la cobra aunque vaya a la huelga como es su obligación, el sindicato que parece un partido político en la oposición, los otros sindicatos que cumplen su cometido sin más, el cargo de libre designación con la disciplina impuesta en contraposición a sus pensamientos, aquellos de estómago agradecido, ………. Poco pronóstico de participación con esta situación inicial de vidas propias y ajenas. Es un día para romper el biombo rompiendo las normas de la cafetería y practicar sexo convencional, alimentar el dicho ese del mundo y su posible final ante el dilema de siempre, el derecho convertido en obligación, el retratarte o no retratarte. Cuando abandonamos el café la acompaño medio camino hacia casa, quiere coger el tranvía, al pensar en él se acuerda de tomarse la pastilla, sufre trastornos neuróticos desde que la línea ha sido amenazada de desmantelamiento por Fernández de Moya, me encarga a mí de que haga todo lo que esté en mi mano para evitarlo, no puedo hacer más de momento, el tranvía ahora está en buenas manos mientras el Ayuntamiento no sea tomado por otro grupo político con afán destructivo de todo lo realizado por el interés general, el interés general de Carmen Peñalver dirían algunos, no, el interés general cuyo derecho a decidir sí es o no interés general lo conlleva el ser la que gobierna ahora la ciudad. Veo desaparecer el tranvía, ha sido una mañana completa, recordando sueños, haciendo pronósticos de los días inmediatos……., desayuno acompañado aunque algo incompleto, como si no hubiese podido continuar, los minutos pasados pasan a convertirse en obsesión, la mañana termina sin mucha presión de los fantasmas mentales que me persiguen convirtiendo mi vida en una parodia con nulo estilo.
6 comentarios:
Me ha encantado volver a leerte. El martes veremos la repercusión de la huelga, como bien dices a algunos parece que se le han perdido los papeles....
Lo mejor que escribía Rober Walser eran sus Microgramas, brevísimos escritos en billetitos, que luego juntaba (o los tiraba): eran post breves en papel, como las órdenes del capo ese siciliano que no se fiaba de los teléfonos móviles.
Me ha gustado lo del "interés general".
Te lo cojo prestado...
Esa librería que atracan es la metrópolis y uno su dueño.
En el fondo, todas las líneas de tranvías han sido desmanteladas pero no nos damos cuenta.
me gustó tu blog, te sigo
saludos
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