DUBLINESCA EN DIARIO JAÉN

Vuelve a sacar su rostro de malas pulgas, siempre con cara de enojo, menos mal que muchos no le debemos dinero a este hombre, no quiere nada para Jaén que sea bueno, aunque sí lo quiera para la vecina Granada. José Enrique Fernández de Moya destructor e invasor del deseo de la ciudadanía se quiere introducir en el pensamiento de muchos vecinos intentando a su antojo romper o desviar el criterio que tienen de querer lo mejor para Jaén como en este caso toca ahora lo del tranvía. Se aprovecha de la llegada de los calores que es cuando más molesta una obra en la calle para intentar abrasar a la ciudadanía con su retórica destructiva de no al tranvía y no a todo si le da por transformarse en Arlequín de la calle Génova. Nunca he entrado en la vida de este hombre, pero pienso que es mejor salir de esa vida enfadada que gasta el Fernández de Moya como es mejor salir de esta última frase.
Que diferencia la mirada con cara de morros con nula sonrisa natural las pocas veces que sale a la calle este enfadado crónico con todo lo que sea bueno para la ciudad, con el buen hacer constructivo que nos ofrece hoy Carmen Jiménez al reseñar de forma certera en Paisajes de Diario Jaén Dublinesca de Enrique Vila – Matas. Sé que ha pensado en mi persona al leer la obra antes de articularla para el periódico, sabe de mi pasión por el escritor al igual que AJ, mi asesor literario en la sombra que antes que solicitara varios libros de Robert Walser ya los tenía sobre la estantería de la librería esperando mi adquisición. Cada día me gusta más AJ, tanto adivina con total puntería mis gustos literarios como se transforma en personaje inexistente inventado otras realidades vagando a la deriva de blog en blog picando aquí y allá, estando sin estar, hablando poco aunque ese poco que nos muestra va a misa de 10 a 11. Todo un admirable personaje en la realidad y en la ficción, me debe ya varios cafés, gracias a su gran olfato para detectar obsesivos lectores hace vender a la librería lo que ya quisieran vender otras, aunque el equilibrio se consigue cuando hizo de intermediario para conseguirme algo de Juan Cruz, otro gran escritor (¿cuál es el otro?) de Jaén, que en sus desayunos funcionariales le gusta examinar con calma y sosiego los libros que descansan sobre las casi cilíndricas estanterías giratorias de la librería.
De forma desconcertante abandono la librería, demasiada clientela me turba los sentidos, AJ me invitó una vez a ser escritor, ya lo soy le dije una vez creo recordar cuando tomo asiento en el Café Colombia 50, empecé a narrar la historia de una pasajera en la Calle Bernabé Soriano esperando el tranvía en aquella tarde lluviosa y gris con una gabardina como única y exclusiva prenda cubriéndola, fue imposible de seguir escribiendo, afloraba mi depravación mental provocando esa turbación que se transformaba en permanente erección que no me dejaba seguir el desarrollo del argumento, la novela se quedó en mero proyecto, a veces me animan a publicarla como obra escasa de cuatro líneas donde describo esa impasible espera de la chica en la parada del tranvía, menos mal que queda poco para que terminen las obras, ya queda menos, quizás ahí me rodee de una buena inspiración y sepa desarrollarla, una narración que refleje los auténticos deseos del escritor y la pasajera.
Los tres forman un triángulo curioso, B es el más discordante, no ha superado el estado de envidia tras publicar en su blog como original primicia el haber leído a Ferdydurke de Gombrowicz, ignoraba totalmente que ese libro lo leí en el Sanatorio Mental de Cástulo hace ya algunos años al prestármelo como terapia una de las enfermeras con el objeto de compensar el apasionante anhelo silencioso de una de sus compañeras, los libros como terapia, como balanza de equilibrio, yo te enseño Antonio Muñoz Molina, Paul Auster….. y tú me hablas de Borges y me ofreces leer Ferdydurke alusionando la plebeyomanía como posible nuevo mal de las clases selectas. Cuando termino el desayuno releo el artículo de Carmen Jiménez sobre Dublinesca, sé que se ha acordado a mí al titularlo “bella realidad gris y lenta”. Realidad lenta y gris entre las paredes del Sanatorio de Cástulo intentando reestablecer la salud mental con la búsqueda de la autoficción como terapia definitiva escribiéndola el resto de los días fuera ya del hospital.

6 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Excelente.
A mí me pasa lo mismo: una librería llena de gente me agobia. Conozco buenos libreros a los que les pasa lo mismo, aun en contra de su economía.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

yo los tumultos cuanto menos mejor...¿donde metes tanto libro?

Lola dijo...

Prefiero un lugar en el que poder observar tranquilamente, quizá musica flojita de fondo a uno donde te empujen y te hagan los oidos estallar por lo fuerte que hablan. Buen día

Cornelivs dijo...

Me gusta la tranquilidad.

Un abrazo.

tr(a)nshistoria dijo...

Muchas gracias, Jesús.

Ya me gustaría que mis desayunos fueran funcionariales... En todo caso, son "becariales".

Un saludo!

José Antonio Fernández dijo...

La lectura como terapia. Creo que es la mejor medicina, siempre y cundo no te excedas de la dosis y no te equivoques de medicina pues no todos los libros curan todas las enfermedades. algunos las agravan.
Un saludo.