Tú ve allí, que todo
es fácil, quiero decir que estando allí
no necesitarás nada , y te sentirás bien contigo
siempre. Todo lo mejor
estará en y junto a ti, y todo alrededor
será claro, y también tú serás clara,
satisfecha contigo y con el mundo,
y de acuerdo con la vida.
Robert Walser – La habitación del poeta
Huyo de todo como mal alumno que he sido de Paul Auster, quiero ser tu lector, en el Café Mont elado leo en Diario Jaén el monográfico dedicado a los Microgramas que Robert Walser (Escrito a lápiz) escribió en el manicomio, en la página 23 nos muestra el rincón donde escribía de forma ilegible, debía ser un lugar lúgubre con vistas al campo, toda una trampa para el autor que nos manda el recuerdo de que muchos vivimos situaciones similares si nó en manicomios sí en sanatorios mentales donde también escribíamos si no a lápiz sí a bolígrafo, a partir de las páginas del diario local sobre Walser intento razonar por qué me sigue gustando Cástulo, una ciudad hecha mía como un autor y su libro.
En los principios del siglo XXI, y sin ir más lejos esta misma mañana vivo una imagen decimonónica, me desplazaba con el vehículo hacia la vía verde en busca de un rato de entreno matinal traducido luego en 8 kilómetros conseguidos con mucho sudor cuando al salir de la rotonda de los bomberos y enfilando el Gran Eje observo como un mozo con gorra en su cabeza lanza unos periódicos a través de una valla al interior del Parque de Bomberos, repito lo de la gorra del chico, le hacía juego a la escena protagonizada, me acordé de esos repartidores de periódicos que lanzaban los ejemplares al interior del jardín de la vivienda de los lectores, cuando regreso medio muerto de la carrera al pasar por el mismo lugar eché de menos a un lechero depositando en la puerta varias botellas de leche, son perdonables, las dos escenas, la vivida y la imaginada, no sé por qué intento añadir incoherencia a la coherencia que quizás tenga la primera escena del joven repartidor, me propongo escapar de estos fantasmas de los que yo mismo me creo su existencia, no siempre es fácil, ahora sé por qué aparte de los días malos logré ser feliz en Cástulo, con sus musas ora en el hospital ora en la playita, hay quien dice que las musas suelen habitar en los museos (¿museo de Cástulo?) a no ser que se escabullan hacia otro lugar de forma despavorida. ¿Qué hay que hacer para que esas mismas musas vuelvan a su lugar de origen y de donde no debieron huir?

No se admiten más de doce, adoro el jacuzzi junto a la piscina, el mejor rincón, el más relajante, el más curativo de males, el más creativo para el psique. El tiempo se detiene si cierras los ojos en su interior, la sobremesa como hora más óptima para su empleo, R promociona en su página los activos culturales, artísticos, deportivos y turísticos de Andalucía, se le olvida este pequeño lugar del peculiar hotel. Abrazas a tu pareja, la acercas junto a ti, practicas ante la simulada ceguez del resto una cópula discreta con gemidos contenidos en el silencio, prohibido correrse a ambos, evita que los fluidos de uno u otro impegnen el agua clorada con burbujas cuando emergiesen a la superficie agitada el líquido de naturaleza más espesa, una escenificación más de la vida dejando el contacto visual con las musas al caer la tarde en la arena de la playa, actividades primarias del ser humano sin las habituales trabas de género, un total exilio de las costumbres impuestas al pertenecer a una u otra categoría sexual, nos prohibimos a nosotros mismos todo tipo de costumbres o contemplaciones que te pueden convertir en un animal baboso incluso con el objetivo textilizado.
2 comentarios:
La desnudez total siempre es cruel, como la verdad desnuda. Nada supera a la imagen que nos formamos a través de los mínimos indicios que podemos intuir y, para enfrentarse a la verdad, nada como cerrar los ojos.
Saludos.
Vaya por dios, esto del contador de comentarios no rila.
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