
Otros 5 kilómetros domingueros, no bajo, no subo, el calor es así, deseando concluir para ir a la cafetería el Tren con su asaura camarera, Robert Walser se impacienta, mi ausencia de Microgramas II le hace peligrar que acabe posándosele alguna mota de polvo o gota de café, sus escritos en el Sanatorio de Herisau no son comparables a los de Cástulo. En este segundo volumen se aprecia la evolución escritora de Walser, los sanatorios mentales como aula literaria del día a día con la compañía del transcurrir de los meses y de los años, hoy con el alta médica todavía sufro en sueños las silenciosas vivencias, las aromas, los fluidos. Escamillo (Tom Krause) me hace revivir “Votre coast, je peux vous le render” (Carmen), la música imprescindible en la terapia, para Walser abundaban los adoctrinadores insatisfechos, lágrima masculina, en Dean Mazas con M volvemos a recordar.
Volvemos a los alrededores de Argol, ver desde fuera el castillo al que hemos llegado río arriba, Las aguas estrechas – Julien Gracq, no creo en las aguas estrechas, todo es comedia, las rocas sí son peligrosas, en eso sí creo, les propongo a los comensales una escena ficticia en los Jardines de la Villa, una foto en la cascada con la piel bajo el deslizar del agua, miradas asesinas, castidad desorbitada en el instante preciso, me guardé la cámara de fotos, nunca tuve que sacarla del hospital, recuerdo con M cuando visitamos el Louvre y contemplamos La virgen del conejo de Tiziano, a lo largo del inmóvil curso del Evre no cambia nada, los días como los de Cástulo.
Bajo a la lectura ligera, un sin nombre a localizar un escritor, vivir el personaje, asimilarlo a los que habitan por la calle Cerón, Mario Levrero (Dejen todo en mis manos) estaba aprendiendo a escribir, me acuerdo de C, sus ligeras recomendaciones lectoras, no mereció el papel que le tocó vivir, una persona grande, demasiado grande, el despeje de la ecuación a su favor, otros se las daban de supuesto ganador sin serlo, no es lo que parecía, ecuación de primer grado, de una sola incógnita, ecuación simple.
3 comentarios:
Pues Tiziano le puso a la Virgen una mano de pelotari zurdo.
Saludos.
Buena observación por parte de Sombras chinescas, a eso le llamo yo mirar detenidamente una imagen jejejejejeje
genial paradoja
corredor perezoso
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