EL RINCÓN DE LAS PROTEGIDAS



Paseo esta tarde casi al oscurecer, el sofocante calor me había sacado de casa transformándome en un accidental urbanita cabreado, me detengo a observar el rincón donde expulso a plena luz del día el fluido amarillo que me brota de las entrañas después de tomar varias cañas con M al quedar después del trabajo. Llevo bajo el brazo Paraísos de Barrio, desde aquí recomiendo su lectura este verano, lo abro por la página 7 y empiezo a leerlo sólo con media mirada observando con la otra media los secos rastros abstractos que he ido dejando por culpa de esas meadas viernes tras viernes no precisamente malditos. Le media lectura me introduce en el viejo hospital de Cástulo clausurado de forma perpetua, soy un mero observador silencioso de los acontecimientos, la comida se organiza en lo que queda del patio entre restos derruidos de piedra de lo que fueron en su día las grises paredes, la mesa está puesta, los comensales están preparados, yo no estoy invitado aunque puedo permanecer de pie a dos metros de distancia, los congregados a la mesa son antiguos enfermos acompañados del extinto personal de enfermería, los alimentos son servidos de forma puntual, el banquete fraternal sólo es para los que fueron predestinados y ungidos de antemano con los santos oleos por la enfermera jefe gracias al mérito de haber servido de ejemplo o modelo de virtudes y perfecciones, los dechados que practicaron el vicio y la maldad, o simplemente jugaron a la sinceridad, deben de permanecer en pie observando a los escogidos el disfrute del ágape. Cuando se acercaba el final del acto fueron servidos en bandeja única los profiteroles de chocolate que no todos estaban dispuestos a degustar, surge la primera y única desavenencia entre los invitados, se me acerca Gonzalo Pérez Chamorro que había permanecido a mi lado contemplando la escena, había tomado notas, no se perdió de ningún detalle de los seleccionados a la mesa, podía ser un proyecto de obra teatral a representar con actores. Acepto el solícito encargo de su parte para escribirla, él se encargaría de las contratas de actores, los ensayos, el vestuario, la gestión con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Jaén para la designación y adecuación de la sala teatral, de la crítica…..yo sencillamente a escribir, escribir y escribir la escena. Los dos observamos el deleitoso disfrute de los profiteroles por parte de los elegidos de la mesa, los que solicitaron indulgencia por no querer probarlos utilizaron la excusa de no comer del mismo plato que otros.

El argumento debemos de decorarlo con el elemento contemplativo del observador no invitado a la mesa, su reafirmación como individuo, todo planteado en el guión de la obra con rigor, convicción y ternura al mismo tiempo. Vamos a transformar esta degustación gastronómica en una obra maestra, probablemente la mayor escrita sobre una comida en las ruinas del patio de un sanatorio mental.

Un viaje corto va a ser para mí la redacción del libreto, conozco la historia de memoria, he vivido esta comida una y otra vez, cada día la presencio para que me entiendas, una mezcla de temor a lo desconocido con una nostalgia anticipada de las cosas y los espacios que ocupé durante el tiempo que estuve aquí ingresado.

Terminado el acto gastronómico suena una campanilla en la misma mesa, los invitados deben de acatar y seguir el compás de la música dictada en el sanatorio bajo el percusionado tintineo del acústico instrumento, por eso están ahí sentados de forma totalmente obediente, ninguno de ellos ha sido condenado como escarmiento a permanecer de pie a poca distancia de la mesa. Vuelvo a estar solo, Gonzalo ha desaparecido, me planteo el encargo sobre si llevarlo todo a cumplimiento fiel, creo que redactar algo que ya está escrito y publicado es extraño, dejo de leer Paraísos de barrio ya anochecido envuelto en un clamoroso mar de dudas, la abstracta estructura cromática incrustada en el rincón por la micción expelida debido a la transgresión de ingesta de cerveza tras cerveza me hace recordar repasando los minutos anteriores que ahora estoy totalmente sobrio, que no había tomado ninguna caña con M hoy, que simplemente había salido a pasear huyendo del calor del hogar, que tengo que volver a casa y ponerme manos a la obra, la lectura sobre la comida planteada por el autor en las ruinas del hospital en Paraísos de barrio me otorga las directrices a cumplir, no sé si vive en Jaén Gonzalo, pero por si acaso escribiré el encargo tal como hemos acordado y pactado los dos en ese extraño capítulo, soy un hombre de palabra, no voy a introducirme ahora en ninguna máquina de languidecer, un argumento más de mi historia vivida en este libro que acabo de cerrar camino de casa.

Las fotos de Ettore me gustan, me bloque sin darse a conocer, no entiendo de cobardías, habla, no deja hablar.

4 comentarios:

ana dijo...

¿También tienes problemas con los comentarios?

Jesús Garrido dijo...

Sí, va restando uno, veo que lo tienen muchos o quizás todos de Blogger.

Lola dijo...

Yo lo tengo desde esta mañana.

Jesús ¿escribirás un libro alguna vez? me encantaría.

Pozo+10™ dijo...

HOLA MUY LINDO TU BLOG.!
TE INVITO A CONOCER EL MIO: http://www.planeta-grandt.com.ar/.
SALUDOS!!!