Me autoconsuelo con la contemplación de la soledad compartida del conejo blanco, aparece esta festiva mañana víctima de una gamberrada, totalmente impregnado, una gracieta infantil, una broma vistosa y sugerente, lo habían untado con el chocolate sobrante de los profiteroles de la comida del día anterior, cuando me acerco con la intención de lavarlo o saborearlo un involuntario estremecimiento tras los barrotes de la jaula me hace desistir, el conejo se bufa, se coloca en estado de alerta tornándose de un color rosáceo en plan receptivo……
Unos golpes en el portón de madera que data de los años ochenta del siglo anterior al pasado me hace volver en sí oyendo la exclamación de alguien que quiere visitarme, visionando al abrir a Jesús Tíscar vestido de negro con la anciana señora Ana María, viuda del señor Severino que falleció en Jaén en extrañas circunstancias.
Quiero saber qué le pasó a mi Severino.
Lo sabrá señora Ana, aquí se va a encontrar bien con mi tocayo, vuelvo rápido para Jaén antes de que empiece la misa, tengo también algunos relatos inacabados.
Sin darme tiempo a manifestar algún tipo de impresión en un sentido o en otro Tíscar desapareció con el mismo oscuro atuendo, algo de historias inacabadas me pareció haber escuchado, páginas sin terminar, los grandes autores como Jesús Tíscar se pueden ver en determinados momentos perseguidos y hostigados sin descanso por sus narraciones inconclusas, la señora Ana tras cerrarse el portón no dejaba de mirar al peludo conejo.
No lo dejan salir, el personal lo tiene sometido a cautiverio negándole la libertad del pleno placer, aquí se sentirá cómoda, le mostraré su habitación, soy el único retrasado mental que queda en Cástulo.
¿Por qué está usted aquí encerrado?
Por baboso.
Ana María evocó mentalmente los días de internamiento en esa residencia privada en Jaén, la canosa enfermera de ojos de reptil, le comento que el personal de enfermería del sanatorio de Cástulo solía ser muy abierto, sobretodo de talante, aunque de silencios condenatorios si te señalaban con el dedo, existía un dedo de calidad incluso, le hablo a Ana María de una cuidadora del centro con la que a veces sueño la cual se pasea vestida de imaginaria novia por la arena de la playa, una boda ilusoria que busca en eterna espera, una boda de pensamiento mientras escucha el canto testimonial de los pescadores y aldeanos del puerto cercano que contemplarían un día el sacramento con extrañeza súbita.
Mi pobre Severino falleció de una forma extraña, con un punto de inmoralidad si cabe, veo que usted y sus enfermeras también han sufrido sus rarezas, observo su carácter vacío haciendo juego con el lugar. Mi pobre Severino me enterró en vida antes de morir.
El vacío es el principio de todas las cosas.
Terminé acompañándola a su habitación, toallas limpias no faltaban, tampoco toallitas, el sanatorio se mostraba totalmente equipado de enseres de urgencia con el fin de atender algunas necesidades vitales que pudieren suceder en las horas de servicio. Sábanas limpias también sobretodo, todo un gesto de las buenas costumbres que podía presumir y darle fama al hospital. Me siendo en la silla mientras Doña Ana iba abriendo el petate, mañana vendría el médico a reconocerla, no quería llamar a nadie, no tenía a quién, la muerte súbita de su Severino la condujo al más hondo vacío, fue ingresada en Cástulo para hacer honor a su gloria, la curiosidad literaria acabó con su anciano esposo, el azar, la casualidad, el silencio de los que le rodeaban, un asesinato en vida, las paredes grises testigos silenciosos, los pacientes del Sanatorio Mental de Cástulo con sus imperfecciones no acabaron de ver la salida.
¿Cómo mataron a su Severino?
………mediante un eficaz metisaca*.
*Horario de visitas – Jesús Tíscar (Retazos de Jaén – ediciones RaRo)
5 comentarios:
buen texto, sisi, me gusta.
Deberías haber hecho que Tíscar se comiera vivo al conejo después de sodomizarlo, en plan "La poetisa".
Saludos.
ese conejo blanco parece toda una metáfora...
Great picture....I like this very much.
greetings, Joop
Reconozco y confieso que sentí mucho la muerte del señor Severino, pero no pude hacer nada por él. Y, además, golía ya muy a viejo.
Un saludo, Jesús. Me ha gustado mucho ese texto.
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