
Es imposible unir los vértices por las aristas en Cástulo, en Jaén se unen con el paso de las décadas, subo a la Casería Escalona con el fin de resolver un trámite administrativo donde consigo ver a compañeros de quien fue gran amigo hace como tres lustros y que el tiempo convirtió en viajero de recorrido paralelo que aunque está cerca no vuelves a cruzártelo, veo muchos días a su compañera, me acuerdo de él, me orientaba sobre cómo aprenderse bien una asignatura universitaria para superarla son éxito, trabajarla, no el estudiar por el mero hecho de contestar, ir por ella antes de que ella vaya a por ti, vértices unidos por aristas perfectas, sólidos geométricos con caras iguales y paralelas, en el Sanatorio de Cástulo sentado en el pupitre intentaba formar figuras planas, no había forma de estudiar bien los polígonos, no existían, las aristas formaban ángulos cuyas líneas que partían del mismo punto nunca se cerraban, siempre permanecían abiertas, no había forma de cerrar la condenada figura geométrica, la praxis terapéutica de geometría se convertía en insalvable condenándome a repetir día tras día el mismo ejercicio sin éxito.
Pienso en el Bloomsday, la inhabilidad de los días de agosto a efectos administrativos te hace pensar en tu propia mesa de trabajo que Jaén necesita un Bloomsday, no me quito la idea de la cabeza, mi fingida personalidad no piensa hoy en otra cosa, no ha sido idea mía, ya en su día se me apareció una noche en Cástulo un fantasma para darme instrucciones, el primer paso consistía en dejar las hojas del borrador de anotaciones del diario del sanatorio olvidadas en algún lugar público, así lo hice, en un absurdo recorrido en tren entre Salou y Vinarós opté por dejarlas abandonadas adrede en el sillón del vagón al llegar a mi destino, lo siguiente fue quedar en el Café Vilet de esta ciudad de Vinarós con Alicia Jiménez Bartlett sin los perros asesinos que a veces pasea.
No es igual Barcelona que Dublín, mucho menos Jaén, igualmente seguro que en tu calurosa ciudad existen lectores febriles y enfebrecedores, buscar calles y cafés donde se cotice la literatura.
A lo mejor en el Mont elado quiero recordar, pero no, la única lectura promocionable en esa cafetería es el Diario el Mundo y Diario Jaén, mejor la calle Cerón y sus librerías, me viene a la memoria Blasco Ibáñez que seguro que también tomó café y habló de libros aquí en el Café Vilet, imagino el llamado público literario (Julien Gracq, La literatura como bluff) que ante sus escritores reaccionan de diferente forma, o le gusta o no le gustan los libros, en el mejor de los casos expresan verbal o por escrito una opinión, mejor todavía, si esa opinión es rebatida se genera debate, al final la literatura como droga que siempre tienes a mano.
Ya en Valencia conciliando la vida familiar
6 comentarios:
Tú lo has dicho: la literatura como droga. Está en todas partes, pero hay que buscarla, vivir en la literatura.
Te sigo leyendo en el estío.
Así es, droga que estimula y relaja segun el libro que tengas entre manos. Un besito
El el sino del amante de la literatura, estar siempre al acecho, buscar rastros de su aroma en el aire, estudiar las huellas tras su paso, y llegar hasta donde se esconda...
Echaba de menos las historias sobre Cástulo. Vuelvo y leo hacia atrás lo que me he perdido.
Mucha literatura para leer en este blog, me alegro de la mosca fortuita. Saludos
En efecto, se trata de una droga muy adictiva y además alucinógena, pues te hace vivir vidas agenas.
Saludos.
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