NO ESTAR

Hoy pienso en su capacidad y aguante para disputar la subida al Pantano del Quiebrajano, me parece leer su nombre y apellidos en la clasificación o resultados, desconozco su actual estado de forma, también sus lecturas que siempre fueron únicas, cuantas impresiones vacías de contenido nos dejamos en el camino, la San Antón que nunca vino a disputar, autores que por entonces permanecían en el más puro anonimato a los que no les añadimos nuestra dialéctica simplista de meros lectores de la calle que nunca se las dieron de entendidos, echo de menos aquellas mañanas del sanatorio donde me dopaba a primera hora del día con su mirada hacia mi persona como personaje secundario de la representación principal, Enrique Vila – Matas, Marcel Proust, Julien Gracq, Robert Walser, muchos más, todos se quedaron sin saber de los dos. Al hablar de Proust, pienso que tengo que terminar su lectura, desconozco si llegó a abordarlo, me produce vértigo pensar lo que nunca llegamos a hablar de libros por la separación de los destinos, mi inconsciencia ha sido así de traidora, vivir las letras con los recuerdos, con el presente, dejar el futuro al libre albedrío, es una tortura necesaria, pensar en lo que nunca ocurrió en ningún lugar, un loco cuerdo al borde del abismo viviendo su ficción.
Esta carrera del Quiebrajano quizás era para ella, sus niveles de fibra por entonces eran aptos para la ascensión, estas carreras que no corres tienen una emotividad sin remedio, recrearla con corredores que no la disputaron, imaginar un inexistente desplazamiento a esta ciudad, fabricar imágenes mentales como si así fuese, como si realmente hubiésemos estado ahí, como si hubiese ido a esperarla horas antes de la hora de salida, como si hubiésemos terminados la carrera juntos sudorosos, decirle adiós o un triste hasta luego a la hora de partir hacia su ciudad tras esa comida que no se celebró.

8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

A veces uno ha soñado carreras en donde nunca estuvo y estuvo en otras que jamás soñó. Queda siempre una sensación amarga.

Lola dijo...

"un loco cuerdo al borde del abismo viviendo su ficción" Me encantaría poder ser ai, vivir mi ficción, recrearla y llevarla a donde yo quisiera. Buenas noches

Anónimo dijo...

Que ella venga a la carrera, salir del sueño al vivir la realidad, buena forma de correr.

Sombras Chinescas dijo...

Dárselas de entendido equivale a confesar que se asume la doctrina oficial; resulta mucho mejor leer por mera glotonería.

Saludos.

Isabel dijo...

No hace falta saber a quien refieres para adivinar lo mucho que tú quieres.

Lansky dijo...

Siempre que sueño que asciendo al Quiebrajano quedo segundo. Tengo que entrenar más soñando

Miguel Baquero dijo...

Vengo a devolver visita y encuentro a unos autores que me gustan, en especial Proust, y me encanta esa sensación de melancolía de la carrera no disputada, la subida a... tendré que mirar en Google dónde queda el tal pantano de Quiebrajano. Sólo por el nombre, desde luego, suena a subida durísima

Odiseo de Saturnalia dijo...

La melancolía de lo no hecho es un simple adelantamiento a lo que acontecerá. Caminar sería suficiente, no hace falta correr...