No era el mejor local, la evolución literaria en este cafetería de Cástulo se inflexionó a la plasmación de la soledad total, la hice evolucionar a términos y situaciones no descritas ni escritas, los instantes pasados vuelven, los oigo, nunca dejé de escucharlos, la soledad contemplada como un vacío para meter la cabeza, después el tronco con las extremidades, el final nunca se hallaba, había que estar preparado, la insatisfacción sexual de capacidad plena sin límites, oscura soledad donde no ves nada, tanta negrura que eres incapaz de ver algo, nula imaginación, los sentidos tienen que volver a ser desarrollados, veo curvas sinuosas, olfateo líquidos aromas al natural, prohibido tocar por si acaso, más placentero el saboreo, seguro que sí, visitas comprometidas, risa artificiosa, sonrisa plasmada gracias al guión desarrollado sobre la marcha, triste es quién no sabe la historia, nuestra historia, sólo la escucharon de oídas, la imitación como crítica, me comparo con el protagonista si es que existía de Cómo es de Samuel Beckett, gran edición en formato pequeño de Lumen pero con grandes caracteres.
En la primera parte del recorrido viaja la esperanza, el oído escucha sonidos de su boca, ilusión de no todo estar perdido, toda ilusión rota, como en Ferdydurke de Witold Gombrowicz (relectura), “no ocurría nada, nada cambiaría, nunca pasaba nada y aún cualquier cosa que se emprendiese no sucedería nada y nada”, variaciones preparadas del ánimo, veo luz, visión desarrollada antes de la ceguera total, tacto prohibido como estímulo, líquido emanado gota a gota, gemidos en el vació nunca proferidos, jadeos imaginados en el eco, eyaculaciones que previenen el caos, uñas que no arañan la piel, carnes mutuas en oberturas bucales, el deseo te ciega, la sinrazón te arroja al pozo de la soledad absoluta, personaje secundario de carácter proscrito sin nada que hacer, los adioses en decremento, los adioses desaparecidos del todo, saborear la oscuridad progresiva, un poco de luz en saludos como esperanza del día a día, gritos descompensatorios del silencio echados de menos, numerosas sesiones en el Fleming, demasiadas letras volátiles, oralidad absoluta, nulo sonido literario, cuánta literatura perdimos, Juan Rubio en Diario Jaén no conoce la Cafetería Fleming en Cástulo, cafetería que quedó sin ser literaria por algunos adioses definitivos, la angustia, la nada, el entontecimiento y aplastamiento de los acontecimientos, la proyección literaria de lo absurdo. La Cafetería Fleming como café de reunión para las tertulias de literatura contradictoria y sin sentido, la especialización literaria de su parroquia antes de la denominación artístico cultural del famoso café de la calle Sagunto.

La literatura como arte que produce goce estético y utiliza como instrumento la palabra
6 comentarios:
Tu puntito con las fotos en la entradas es tu firma. Un besito
Buf, pero la pereza que da cuando una buena cafetería se convierte en una pasarela de modernitos...
Creo que aún no conozco café más literario que el que me tomo en mi habitación con los blogger-tertulianos.
Gran afoto, vaya muslámenes.
Saludos.
Haría falta un cambio de automatismos a la voz de ya en la cafetería, no me imagino el son del canto gregoriano en su interior.
En Ávila también existe un local que responde al mismo nombre, si bien se coloca el altisonante título de PUB.
Saludos.
Es curioso: todos los lugares de ese tipo que yo recuerdo ya no existen.
JEJEEEEE, me das envidia sana por lo bien que escribes, y describiendo eres superlativo.
Aún así, yo también pienso que se pierden los buenos lugares para hablar de lo divino y lo terrenal.
Saludos.
Miguel
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