LA CIUDAD TENTACULAR

Espero el tranvía frente a la puerta de la Diputación justo al comienzo de Bernabé Soriano volviéndome a ver a mí mismo tal como era, tal como siempre había sido tras los años en el Sanatorio Mental de Cástulo, he dejado de pensar en demonios perseguidores de corredores cambiando las obscenas miradas a las imaginarias musas atávicas en el jardín del pecado por el placer literario fantasmal y oculto, todos los límites tienen su propio límite, por eso cuando veo acercarse el tranvía me acuerdo de Georges Perec, solía decir que los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y que los aviones sólo acceden a la existencia cuando los secuestran. Ya en el interior y perfectamente acomodado recuerdo que hacía algún tiempo que había aparecido un cadáver durmiente aquí en el tranvía en el que pocos repararon, todos hablaban de libros y de leer por encima del hombro los libros de otros pasajeros, no tuve la oportunidad de presenciar los hechos, aquellos días lo perdí por llevar el reloj adelantado, la ciudad de Jaén cada más tentacular desde que disponemos de este sistema tranviario que compite con el ferrocarril y transporte suburbano a pesar de su limitación kilométrica, los habitantes de la ciudad atrapados, han optado por él, pocos viajes al exterior, el incremento de la cifra de la población estática clama a las autoridades.
Esta noche antes de despertar me había visto en el sanatorio, en una ensoñación contemplo con beneplácito espiritual un acceso prohibido al templo del goce que tiempo atrás se me ofreció frente a mis ojos, mi llegada hasta allí no pudo tener mejor acogida. El templo está sujeto por dos hermosas columnas que han aparecido debido a la época casi invernal forradas de material elaborado con filamentos que dejan según la alteración o vaivén de sus posiciones irregulares formas romboideas desnudas al aire. Encima de la puerta observo con fruición una bóveda externa similar a un acento circunflejo juzgando que es mejor no escalarlo por la posible contingencia de riesgo de poder ser devorado por venenosa sierpe de otro templo lejano, o simplemente ser engullido hacia su interior al abrirse la entrada por parte de la habitante lengua de fuego la cual me arrastra hacia esos adentros sin enmienda o corrección. Se cuenta que en su interior corren diversos caudales fluviales que de forma inesperada entran en ebullición, todo una abstracción tentacular que te atrapa, cierro los ojos, no pienso, que pase lo que tenga que pasar, veo que es verdad lo que se cuenta, aprovecho el abrir y cerrar de la puerta que da acceso más al interior todavía para acceder otro tramo sin permiso, el lugar es complejo, parece una garganta con forma ascendente de difícil habitabilidad con el paso de la textura escabrosa y desigual a ser de repente de situación resbaladiza por culpa de la súbita emanación de líquidos de naturaleza desconocida mezclados con otros de origen residual a la vez de no poder seguir el camino debido a las alternas sacudidas del terreno por esas fuerzas misteriosas que parecen venir de más hacia adentro junto a esos alaridos brutales y ensordecedores que parecían provenir del exterior, todo ante mi jubilosa presencia y disposición después de haber desechado todo tipo de miedos y prejuicios con el disfrute del craso roce del suelo y paredes.



Cuando se produce el último desborde con agitación violenta de las aguas soy expulsado sin remedio del interior del templo, mi vació tras haber llegado al punto más alto de culminación del proceso me deja laso y sin fuerzas, dejo obviamente de ser bien recibido al transformarse repentinamente mi calidad de estancia en el sanatorio como paciente, alguien se encarga de borrar mi nombre de la lista y transcribirlo en otra, no existe nadie en el jardín, nadie en el quicio de la puerta para saludar mi partida tras la inesperada aventura, miro hacia atrás pareciéndome ver en las sombras a todo el mundo mirándome, todo el personal sanitario y pacientes del sanatorio, el templo posee otro color, más puro y bañado de luz, la bóveda externa aparece en posición natural de encogimiento, me siento débil y desahuciado.
Al descender del tranvía en la Plaza de la Concordia es cuando realmente empieza a sentirme agotado, la ciudad sigue igual de tentacular, una versión similar a la Metrópolis de Ferenc Karinthy, no se puede salir, hay que seguir atrapado en este camino de malos prodigios, seguimos sin tocar fondo, mi trastorno literario me hace buscar lo que parece no existir, lo carente de existencia, mi literatura no existe, miles y miles de libros a la venta que te hacen desear la literatura oculta no por ello trasnochada, tema a dilucidar de importancia ¿por qué suceden estas cosas?, mucha lectura, mucha lectura de autores de los que no se pone de manifiesto la venta de su hacer con las letras, la mejor literatura es la que no está.

7 comentarios:

anapedraza dijo...

La última frase me deja pensativo, no sé, no sabemos que si lo que vendrá superará a lo que ya está.

La ciudad es siempre un pulpo, te atrapa de alguna manera, algunos se dejan, otros se resisten, y todos caemos.

Miguel

Lola dijo...

Me gustaría algún día poder pedirte que me firmaras un libro, ese que por fin te decidieras a publicar. Me gusta leerte amigo mio. Un besito

Ahhh este año colaboro en la milla otra vez, que me gustan estas cosillas a mi, a ver si nos vemos.

Jonás dijo...

9 líneas, 9, 9 líneas como 9 banderillas antes de llegar al primer punto, punto donde llegar y tomar aire definitivamente, y tomar sentido sobre lo leído, donde llegar para darme la vuelta amigo tras decidir que lo leído no ha valido la pena...

La sonrisa de Hiperión dijo...

Estoy de acuerdo, los mejores literatos están ocultos, entre el anonimato de las editoriales que no saben buscar...

Saludos y un abrazo.

Toni Sagrel dijo...

La calle no sólo es teatro, también es el gérmen de la mejor literatura.
Subir a un tranvía es como alcanzar los personajes de un cuento sobre la realidad.

José Antonio dijo...

Jesús, que sé que no corriste la media maratón de tu ciudad, pero ¿y la de 10 kms?
Difícil era que nos viéramos por el volumen de corredores, pero me acordé mucho de aquella San Antón que corrimos juntos.
Dura la carrera y duro el clima, pero siempre agradezco visitar Jaén, que siempre he visto muy literaria -y tu la retratas de maravilla en tus entradas- e interesante.
Saludos.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Leyéndote, hoy, me he dado cuenta de que tuve una ensoñación en la que un tranvía no tenía ciudad...