LA SOLEDAD DEL CHURRERO

Sueño que estoy metido en un gallinero con olor a tal, está el lugar colmado de gallinas, las gallinas se han convertido en amenazadoras metáforas, el gallinero se convierte en un lugar peligroso, la vida ficticia es la vida reinventada, aquí el recuerdo es por fin libre. Tengo presente que mi ausencia de Cástulo no consigue anular los recuerdos, tampoco compra el olvido, la literatura es puro divertimento para sus guionistas hoy transformados en protagonistas. Voy caminando por Mágina, la churrería de siempre está cerrada por vacaciones, pienso en El Jinete Polaco, me introduzco en las entrañas de sus párrafos, un mozalbete que sirve café al mismo tiempo que hace churros me increpa por hacer fotografías, o no ha visto nunca una cámara de fotos o no ha leído nada de Ramiro Retratista que sería como un ser extraño en la churrería Anpa, ambos no coincidieron en el tiempo, la churrería Anpa no existía en la época en que Antonio Muñoz Molina como creador de Ramiro Retratista estudiaba en el Instituto San Juan de la Cruz situado hoy todavía tras generaciones y generaciones de estudiantes justo en la acera de enfrente donde se levantó con el transcurrir de los años esta histórica churrería donde los retratistas son personal obtuso y extraños otorgando motivo al silencioso churrero para que por fin emita algún sonido, dando a conocer brevemente su real existencia.
Relectura de En busca del tiempo perdido, Por el camino de Swann, más apasionante que con la primera lectura, Marcel Proust hay que leerlo dos veces para arrancarle el gustillo, todo un preámbulo para posponer de forma más cercana la lectura del tomo siguiente. De momento vuelvo a Cástulo a disfrazarme de Budai, el protagonista de Metrópolis (Épépé), el húngaro Ferenc Karinthy es hijo de otro escritor llamado Frigyes Katinthy, los escritores son producto de otros cuando no son producto de la circunstancia, la circunstancia creadora de argumentos, la vida cotidiana como futuro relato apasionado, el silencioso churrero convertido en silencioso guionista improvisado, Budai vaga por Cástulo cuando creía estar en Helsinki, un Cástulo metropolitano cuyos tentáculos atrapan al protagonista en un auténtico viaje a los infiernos, navegar en kayak por la calle Sagunto, los bancos del Paseo de Linarejos convertidos en bancos de arena, un soplo en las grises paredes donde un anónimo kiosko recibe de manos extrañas bolas de manteca en las madrugadas de Cástulo.
Ceno con Pérez Chamorro, una velada cordial en la que en los postres muestro a Gonzalo el boceto de Doctor Pasavento hablándole de la temática y de sus tramas, de cómo encajaría ante el respetable público, antes de concluir la velada decidimos que el proyecto de representación teatral de esta obra de Enrique Vila – Matas es todo un acierto, no había nadie más para oponerse, eso sin contar que Gonzalo todavía no ha entrado en el meollo de la novela, pienso en Natalia Millán como nueva musa teatral, pienso en una visita con Gonzalo al Sanatorio Mental de Cástulo a fin de recoger anotaciones diversas sobre el lugar, su paisaje y sus habitantes.

6 comentarios:

Lola dijo...

Los sueños, sueños son. Pero si somos capaces de manipularlos lo convertimos en actualidad para nuestras vidas. Un beso

anapedraza dijo...

Algo de "churreros" tenemos todos, ¿no te parece?

Miguel

Sombras Chinescas dijo...

Cada vez se hace más agradable pasar por aquí gracias a las fotos. Y es normal que inquieten más las metáforas que las gallinas.

Saludos.

javier dijo...

chapeau
preciosa entrada, hilas fino con puntadas cortas
las fotos jejeje bien elegidas (a hora que no me ve mujer alguna)

Martha Cecilia Cedeño Pérez dijo...

Sigo tu comentario y me topo con tu blog. Sugerente. Me gusta cómo y lo que escribes.
(ah, no puedo decir lo mismo de tu foto...)

Martha Cecilia Cedeño Pérez dijo...

A veces son más elocuentes las metáforas, las palabras, aquello que permanece oculto en el velo del misterio, de lo clandestino.
Entonces dejemos las fotos en paz... por ahora.
Un saludo,
Martha