LEER POR ENCIMA DEL HOMBRO



Llevaba viéndolo muchos días atrás desde hacía unas cuantas semanas, siempre se sienta en la misma fila de asientos del tranvía. Un día y otro, nunca falla, los dos realizamos parte del trayecto, yo más reducido, cuando me subo él ya está ahí con su libro, cuando me bajo y le digo adiós está tan absorto en las páginas que ni me contesta. Suelo a veces leer algunas frases de su libro por encima de su hombro desde mi asiento de atrás, el vagón suele viajar solitario a esas horas, al hombre que viaja justo delante de mí y no deja de leer le da igual mi posible indiscreción. Adivino su libro, es una obra cuyo título leí hace años cuando estuve ingresado en el Sanatorio Mental de Cástulo, hablaba de otro famoso sanatorio llamado Wald en Davos.
Pasan las estaciones, me da la impresión que el lector que sigue delante de mí no pasa las páginas, se ha quedado leyendo la misma. Una compañera del viejo hospital me enseñó a detenerme en algunas páginas, leer despacio, reflexionar sobre lo leído, subrayar las palabras y frases de interés para luego volver sobre ellas. El libro no se mueve, el pasajero tampoco. Hoy como tantos días sigo sentado a su lado detrás.

- Una gran obra, Thomas Mann y su buen hacer literario, ¿sabe usted que yo también fui paciente de un sanatorio al igual que el protagonista de su libro.

Contemplo desde el interior del tranvía como asciende por el Paseo de la Estación, la Plaza de la Concordia, esa es mi parada de destino. Es una buena costumbre la lectura por encima del hombro de lo que leen otros en los viajes, lo aprendí en el metro de Barcelona, ahí la doble lectura de un mismo libro se realizaba incluso de pie en las horas punta, no sé si este pasajero ha advertido alguna vez mi presencia como lector que se aprovecha de su momento, no mueve sus ojos, siempre permanecen fijos en el mismo párrafo, no realiza ningún suspiro, su expresión de aplicación literaria reviste un carácter sin igual.
Contempla su libro abierto con el mismo gesto inmóvil de susto de todos los días, sus livideces han caducado incluso, el hedor también, a su lado también permanece siempre el mismo ejemplar de Diario Jaén de aquella jornada de otoño de hace ya casi medio lustro con un titular donde se leía que si el partido de la oposición llegaba a la Alcaldía de Jaén prometía arrasar con el Sistema Tranviario de Jaén a pesar de los pocos meses que llevaba en funcionamiento.

8 comentarios:

Lola dijo...

Yo suelo leer algunos trocitos varias veces para asimilar o para regodearme. Me gusta leer, me apasiona leer....

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Qué excelente imagen esa del lector siempre en la misma página: como si el libro lo leyera a él.

autor dijo...

Conocida situación ésa de leer por encima del hombro.
¿Quién no lo ha hecho alguna vez?
¿Quién no se ha sentido leído también en ocasiones?
Precioso texto e ilustración.

Cuando tengas un rato, échale un vistazo a esta página sobre tranvías. Creo que te gustará.
http://delostranvias.blogspot.com/

Un saludo.
Elías

Sombras Chinescas dijo...

Leer por encima del hombro es como registrar los cajones de otro: in acto tan impúdico como irresistible.

Saludos.

Frank Invernoz dijo...

Coincido con Pedro Ojeda Escudero, perfecto comentario. autor dice que quién no la leído por encima del hombro, es cierto. Recuerdo haber viajado, a diario para ir a trabajar, en el Metro (Subterráneo de Buenos Aires) y deleitarme viendo el gusto de los lectores de periódico "de ojito".

Mercedes Pinto dijo...

Bueno, tengo que decirte que no me extraña nada que un lector se pare tiempo y tiempo en un sólo párrafo de "La montaña mágica", yo misma siempre tengo la sensación de que en cualquiera de sus páginas, por más que las releo, me he dejado algo. Claro que yo nunca lo hago por encima del hombro de alguien, será porque no frecuento lugares públicos.
Por cierto, tengo la intención de hacer pronto una reseña en mi blog sobre este libro.
Saludos.

Céfiro dijo...

Una experiencia un tanto vouyerística, si se permite el vocablo. A mí me encantan. Y además son irresistibles.

elena dijo...

Me ha encantado la idea del lector indiscreto. Yo también lo hago, y a veces, después de leer párrafos enteros del libro de al lado, me da mucha rabia no conseguir ver el título, la incógnita permanecerá siempre.