Miércoles por la tarde en el Mont elado, me encuentro solo, nadie ha venida a la cita de Paisajes organizada expresamente sobre el libro Barra siniestra de Vladimir Nabokov, me habían encargado su lectura para el semanal encuentro, la soledad se presenta similar a la del cotidiano desayuno, la rutina como hábito adquirido de tomar café en el mismo lugar, una costumbre inveterada obrada por inercia y sin ningún tipo de razonamiento sobre el por qué, veo pasar uno y otro tranvía dándome por discernir debido al aburrimiento sobre si lo que lucen de colorido decorado es pintura o graffiti circunstancial que pueda ser renovado una y otra vez por voluntarios artistas que se presten en convocatoria pública oficial. Me acuerdo también de Cástulo, me traslado mentalmente a la cafetería Fleming, a su barra o a su mesa, de cuando salía del sanatorio de permiso tantas y tantas tardes, recordatorios de lectura en solitario intentando contemplar en una imaginada soledad el mito de Carmen, una obsesión compartida con Vicente Aranda, nada que ver con lo siniestro de aparentes deidades, hay que huir de lo funesto y malintencionado, prefiero lo mítico, disfrutar en la distancia de esa excelencia o cualidad que no vemos, una cigarrera de Sevilla, todavía recuerdo el sobresalto que sufrí cuando la descubrí con otros amigos fumando en aquella improvisada cerveza de despedida de no sé quién en un importante bar de Cástulo, un mito llevado tantas y tantas veces a los escenarios, ahora también al cine, también en la realidad, su cercana presencia sin hacer ruido cumple la misión de descomponer el orden social establecido, un silencioso juego triangular del gato, el ratón y otra vez el gato, me regocija ser su narrador solitario, lanzarle virtualmente esta historia a su femenina, azarosa y permanente inquietud lectora.
Sin salir de ninguna de las dos cafeterías en las que me encontraba, la real y fingida, evoco aquellos días cuando desde la mesa observaba siempre a un sujeto desconocido en la barra tomándose una copa con sus amigos escuchándole contar que cuando tenía cuarenta años se follaba a una mujer del barrio casada que frisaba unos dos años más que él, me pongo a pensar en lo fácil que es protagonizar una mediocridad, ¿quién es más mediocre? ¿el que narra sus sexuales hazañas vecinales a sus compañeros de barra? ¿los oyentes amigos con animosas expresiones? ¿el oidor silencioso que por el tedio o la desidia no tenía otra cosa mejor que hacer? Me importa un bledo lo que hacen los demás, lo que cuente de si se folla o no se folla a tal vecina, me importaban también tres pitos las caras de risas de sus amigos de excesivo rendimiento ante el narrador de sus heroicidades vecinales, prefería fijarme en realizar bien mi propia actitud, realizar el ejercicio de observador silencioso y desconocido procurando hacerlo lo mejor posible, en el peor de los casos observar la situación de reojo, pero poco más. Hoy desde la cafetería Mont elado recuerdo estos y otros recuerdos de la otra cafetería que nos rondan todavía por la cabeza, recuerdos e historia reales o ficticias que nos obsesionan y nos deforman la personalidad, de cómo somos capaces de llegar nosotros mismos a parecernos a esas obsesiones y deformaciones personales.
Sigo pasando el rato aburrido, pierdo la esperanza que venga alguien de Diario Jaén, tenía la esperanza de recibir algún contertulio para hablar de Barra siniestra, un ejemplo más esta obra de los múltiples exilios del escritor, yo le mostraría a Vladimir Nabokov mi experiencia de exiliado entre cuatro paredes, dos seres que se aman y se despedazan poco a poco, en un rincón mental creo ver a alguien con denominación de deidad, las bestias capaces de castigar a otras bestias, espejos enloquecidos de terror y arte, un comité de bienestar público para las largas estancias en el sanatorio, una frase demasiado sabia en el segundo párrafo del capítulo cinco. “....alguien está al tanto de todo”, deidad antropomorfa, la musa de las elegidas entre el resto con nombre de cigarrera.
Advierto que la cristalera del Mont elado que da a la calle es transparente, cubre todo lo que podía ser una pared inexistente, el contenido humano de la barra no termina de convencerme, lo siniestro vive en el interior, vive con nosotros mismos con un falso y extraño rostro halagador, visionamos los parroquianos sentados en las mesas todo lo que sucede fuera de la cafetería, emprendo esta vez un viaje iniciático desde el interior del café a la peatonal calle Federico de Mendizábal, pasan más mujeres solas que hombres solos, otras y otros circulan mezclados en grupo expresando cada uno su particular algarabía silenciosa que se mezcla con las sonrientes voces expresadas a la vez del resto, creo que no se escuchan entre ellos aunque no lo aparentan, van a lo suyo, exaltan de forma extrema y a nivel individual sus afectos, pienso en sus enmascarados vacíos personales, en sus ocultos desarraigos, en sus inconfesos deseos y pasiones, en la insidia silenciosa que existe al final entre unos y otros, tanta aparente buena relación cuando serían capaz de engullirse tras despellejarse los unos a los otros, las buenas relaciones no existen, por dentro de ellos mismos todo lo que tenga que ver con la relación interpersonal de su amigo más cercano es denigratorio, en la cara de cada uno de ellos se denota el esfuerzo que hacen para no ser los últimos o postreros en algo, todo un supuesto patrimonio de amistad inexistente en la realidad. Al final la relación acreditada es la más cercana, la no aparentada, la que viven un día y otro a pocos centímetros de distancia, los roces en los rincones, las miradas mutuas, el caer de los ojos del primero, el pensar en la vecina o compañera de trabajo que te follarías, desearás lo mismo que el resto, intento aplicarme el cuento sin poder, huir de tanta moralidad ficticia, es difícil reseñar un libro no leído en su totalidad.
9 comentarios:
¿moralidad ficticia o doble moralidad? la imagen es lo que cuenta en nuestra sociedad actual y algunos son artistas a la hora de utilizar el "photoshop" Besos
Hombre, en ese concurso de mediocridad al que aludes habría que dar un premio 'ex-aequo' o como se diga, al que narra, a los que escuchan y jalean y al que calla (y otorga?), pero el de más vil es para el narrador, sin duda
En el fondo, todos los que escuchaban al fanfarrón sabían que todo era mentira.
Saludos.
¿Nadie lee ya a Nabokov? Me temo que hemos perdido la guerra, aunque todavía demos alguna batalla.
Supongo que conoces el cuadro de Hopper... Qué bien puede describirse el estado del mundo contemporáneo con el ejemplo o metáfora de una barra (siniestra). Muy bueno...
El estado del mundo contemporáneo y, añado, los estados de ánimo humanos, a menudo cambiantes y tan contradictorios...
Yo desearía poder abstraerme lo suficiente, para sí entender mejor las cosas, pero no puedo, me arrastra la corriente de la sociedad en la que vivo.
El cristal de la cafetería es como un televisor doble, se ve desde ambos lados, ¿que se ve?, ¿realidad o ficción?
¡Feliz día!
Miguel
Entre la usurpación de derechos de imagen que llevas a cabo en Flickr (ojo por ahí, que te puede caer el pelo cuando menos lo esperes) y esta mierda de blog, yo diría que te hace falta un casquete mas a menudo.
me ha encantado el comienzo, de verdad, pero me abstendré de decir nada inteligente, ingenioso, bello, honesto o que indique la talla de mi verdadera persona que hay demasiada gente mirando y me da vergüenza...
un saludo
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