
Nunca la conocí del todo, conmigo era algo extraña, no aparentaba lozanía en ninguno de sus actos o maneras de comportarse, seguramente se casó con el tiempo con su novio de toda la vida, a menudo nos atan las circunstancias, como si tuviésemos miedo a nosotros mismos, necesidad de esa persona que te sirva de amparo y a ser posible para siempre, me habló una vez en sentido burlesco, le conté yo primero lo de aquellas adolescentes que se quitaban las bragas hacía más de veinte años en el concierto de los Hombres G para lanzarlas al escenario: “.....a lo mejor yo era una de aquellas, a lo mejor yo estuve en ese concierto”. Seguramente no existiría él todavía en su vida, mucho menos yo, sus mirada de muchas mañanas me lanzaba una especie de interrogante, pensar en que te pueda querer como te quieran otras, qué poco me conoce con lo gilipollas que es uno, un capítulo donde el teléfono dejó de sonar, otro donde el sonido de distinta llamada se transformaba en su silencio. Ni él ni ella al otro lado tenían culpa de nada, daños morales para uno, risas o carcajadas para otros, dos cartas a barajar, elige uno de los dos palos, el que más te guste, alternar momentos de pundonor con instantes de emociones intensas, compartir miedos, coincidir en gustos y costumbres, la intermitente instancia geográfica cual viajera imaginaria en el tiempo, del interior al mar, del mar a la playa, desapariciones anticipadas de años atrás, coincidencia en tiempo y espacio en los viejos claustros y grises pasillos, volver a retar la posibilidad de viajar en el tiempo visitando con él el poniente, tratar de resistir durante varios años sin sobrevivir, obligación de redactar, recordar, no olvidar, sustituir lo que sabemos que no conseguiremos traer a la memoria, no haber pertenecido nunca al club de los que se les perdona todo.
10 comentarios:
No sé si es insoportable pero tu texto me ha recordado, en una versión existencial, la levedad de las almas y de nuestro paso por el mundo. Muy bueno, aunque también algo desconcertante.
cada decisión y posterior acción conllevan a los daños colaterales...en eso me hizo pensar tu escrito.
Tu foto no es menos sugestiva... ;)
Perdonar pero no olvidar, es lo que mas daño hace a continuar con nuestras vidas. Los daños colaterales son inevitables, maximo se pueden hacer más livianos.
la amnesia es terapeutica
Tal vez haya sido sin querer, que se casó con el tiempo con su novio de toda la vida. Se casó con el tiempo. Al final todos nos acabamos casando con él, y nos atrapa. El tiempo nos perdona, pero también nos olvida.
Tan denso todo para un hilo tan delgado...
Me siento como una mosca atrapado en la tela de araña, que es tu post de hoy. He vivido eso que tan bien has descrito.
Miguel
Por aquí ando entre tus cosillas, en esta tarde de sábado... Pasa un buen fin de semana.
Saludos y un abrazo.
te leo, me recuerdas a mi abuelo, el coleccionaba tambien, como tú
almas hermosas, en cuerpos comunes.
desconcierta, y engancha..y además,sabes acompañarlos de buenas fotografias..todo un lujo para el lector..
un Saludo!
Publicar un comentario en la entrada