
Domino el arte de estar solo, escucho a través de las paredes el sonido amortiguado de las palmas, creo escuchar una gran ovación para los artistas, no existen espectadores en la representación al ser representada la obra para ellos mismos, están conformes con el acto que ha generado su propia salva de aplausos. Cena artística en el sanatorio, no he sido invitado, un debate teatral sobre futuros libros que se leerán en silencio antes de declararse prohibida su venta y lectura al resto cuyos autores quizás seamos los mismos pacientes del lugar, por la raja de la pared gris sigo escuchando, están hablando de mí, de mi no aceptación del papel esa estúpida comedia, de esos futuros libros, de la pronta censura literaria antes de que empiece a ser tarde, también hablan de los funcionarios del teatro a los que se les tolerará sus demenciales ideas, el estado cultural en el interior del hospital queda dividido en vidas fingidas permitidas por un lado y mi propia vida de prohibida ficción por otro, el pensamiento absurdo de los creadores de la obra como lo único verdadero, un absurdo distorsionador de las relaciones humanas del hospital, la esencia de mi enfermedad tan oscura como esta vida en su interior. Una voz masculina parece hablar al resto del delirio y la enfermedad literaria, no sé si hablaba de El mal de Montano de Enrique Vila – Matas, un autor prohibido desde hace algunas semanas en la biblioteca del sanatorio. Cuando cierro Tala de Thomas Bernhard se me desvanece este fugaz recuerdo de Cástulo, creo que las obras artísticas no suelen ser debido a una sola idea o descubrimiento, todo o parte es gracias a muchas inspiraciones, la ambición humana no tiene límites, aquí tampoco, la cultura es una especie de mina a cuyos yacimientos queremos acceder todos, me dio igual que en el pasado el resto de actores me lanzaran miradas hostiles, una fuente de tinta inacabable para el patrimonio de la literatura de pésimo nivel, la literatura como resultado de las dependencias que surgen entre el autor y los demás.
Las tostadas con café con leche de estos días siguen su curso, personajes cambiantes, otros permanentes, otros rescatados, me gustaría saber quién es el propietario de la idea de considerar ahora a estas alturas antihigiénica la utilización colectiva de las aceiteras en los bares, cafeterías y restaurantes, éstas y otras parecen surgir de la desidia y del aburrimiento legislativo, po porque a ese alguien le gustó esas absurdas cápsulas monodosis de usar y tirar que desde el origen material han pasado por mil y un lugar manufactures hasta tomar la forma definitiva llegando a tus manos sin pensar en las posibles víctimas de ese desdibujamiento de la aceitera de toda la vida, comercio interesado seguro que no, mucho plastiquito de usar y tirar, alguien se frota las manos. La imagen artística dentro de lo tradicional como posible víctima de una irreparable desaparición que a alguien se le debería ocurrir la feliz idea de que no prospere, una seña de identidad casi desaparecida, que sea la voluntariedad y criterio personal del cliente mayorcito el que distinga o no lo que es higiénico.
3 comentarios:
Hay libros que dejarán de leerse antes incluso de ser publicados.
El arte de estar solo es difícil: a veces la gente se empeña en romperlo.
Me gusta sentirme acompañada. Mi soledad es compartida por un buen libro, música, escritura.... no sé estar sola upssss.
La independencia de la soledad, de la que hablaba Steve Toltz.
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