EL PASEANTE SOLITARIO



Aparezco desnudo y crucificado en una especie de patio de los horrores, me la habían cortado e introducido en mi propia boca, al parecer se celebraba una función de circo donde las diferentes sesiones eran gratuitas salvo mejor criterio médico tanto para el personal sanitario como para los enfermos, otros invitados del exterior del sanatorio giraban a mi alrededor bailando con máscaras de payasos macabros, el boca a boca trajo más espectadores de la cuenta al hospital transformado por unas pocas horas en correccional de la depravación sexual. Ignoraba ahí subido en la improvisada cruz mi estado vital o de posible óbito, la praxis médica en estado experimental con el objeto de volverme loco del todo, el dolor anulado por la muerte, la anulación de las constantes vitales sin ningún derecho a la supervivencia.
Me despierto de ese estado onírico con grandes nauseas, una cuidadora está junto a mí con las bragas sin quitar, le propongo relatarle una obscenidad filosófica para ir encontrándome mejor y recuperar las ganas de comer, me recuerda que teníamos que salir por la ciudad a dar juntos un paseo, una dosis más para sanar mi situación en el sanatorio como desheredado, descarriado y devorado por la ciega pasión que había convertido mi destino en la más completa ruina al ser víctima de mi propia historia que estaba desembocando sin que nadie lo remediase en un suicidio realizado poco a poco tal como me contaban las propias paredes.
Salimos juntos de la mano, se me caen algunas lágrimas, el calor humano después de tanta frialdad en los pasillos calaba hasta el nivel de hacer surgir las más nobles de mis emociones, dejamos atrás la Iglesia de San Francisco deteniéndonos como primera parada de la excursión urbana en el escaparate de la Librería Entre Libros, ella aprovecha también para realizar alguna que otra gestión bancaria o compra farmacéutica sin separarse de mí en ningún momento siguiendo escrupulosamente el deber terapéutico que le había sido asignado por la dirección del hospital. En Cástulo se estaba celebrando la Ruta de la Tapa, aprovechamos al ser larga la tarde para hacer un recorrido por nuestra cuenta, Bar Marce, el Establo, la Capacha, la Carbonería, el Cordobés, la Cervecería Joga – Lesa, Bar Mañas los jamones, perdí la cuenta, cada local una etapa vital, un recuerdo, una vida y visión distinta de las cosas, cada bar o cervecería participante suponía una determinada época de mi estancia en la ciudad, cada parada una tapa y etapa diversa, diferentes situaciones y estados anímicos, distintas relaciones personales con los compañeros de estancia que tenía más cerca, perdí la cuenta, sé que estuvimos probando las tapas y cerveza en algunos más de los locales mencionados que equivaldrían a etapas vitales en Cástulo que a lo mejor no quiero recordar, nos habíamos propuesto los dos vivir esta ruta tapera o el come tapas como si fuésemos los apócrifos organizadores del evento adjudicando una puntuación a cada temporada en Cástulo equivalente a un local o cervecería, el mareo me iba superando ya conforme iba avanzando la tarde con tanto recuerdo y cerveza, mi egoísmo innato también me invitó a aprovecharme de este concurso de tapas buscando entre los bares y establecimientos ruteros un patrocinador invisible para mi próxima novela.

La dirección del centro no te va a permitir publicar tu libro hasta recibir el alta. Debes culminar como dijo Martín Walser de Robert Walser, ser el más solitario de los escritores solitarios.

Fue Carl Seelig quien acogió a Robert Walser en su casa, por eso no pertenece al mundo de los olvidados, yo por el hecho de no llegar a ser nunca escritor tampoco perteneceré nunca a la clase del olvido. Herisau no es Cástulo, tampoco Davos es Cástulo aunque Robert Walser fue a su vez destruido y salvado en el establecimiento psiquiátrico de Herisau, se sustrajo a las sombras que planearon en su vida como paciente. Mi cuidadora hacía como que no me escuchaba, creo que estaba harta de escuchar tanta teoría comparativa que le iba soltando por el camino, habíamos entrado en la Cafetería Fleming buscando un café que resacase toda la cerveza de nuestro organismo, desde la cristalera ignorábamos la lluvia de atardecer que caía sobre la calle Sagunto, nunca llegaría según ella a ser Robert Walser, al parecer leyó en El paseante solitario – En recuerdo de Robert Walser de W. G. Sebald que Walser escribía por supervivencia, por llenar el tiempo reprochándome a continuación que yo escribía por venganza y pataleo sobre el trato que recibí en el sanatorio repitiéndome una y otra vez sobre lo mismo, siempre la misma retórica. Yo también había leído El paseante solitario, recuerdo que el propio Walser observó de sí mismo que estaba siempre escribiendo la misma novela, una novela convertida en libro en primera persona partida o dividida de muchas maneras, la comparación entonces no es tan inusual le contesto a mi interlocutora mirándome con su sonrisa algo más desdibujada, Robert Walser sintió en Herisau similares miedos a los míos, le comento a mi cuidadora que no sé si publicaré, a Walser casi se le priva de esa posibilidad por culpa de los nazis que arrasaron con el mundo que le rodeaba, su vida y estancia en el Sanatorio de Herisau estuvo envuelta en una especie de atmósfera de ilegalidad, no le comento nada más, las comparaciones son odiosas, la tarde de terapia de paseo por las calles de Cástulo había dado todo lo que tenía que dar.
Escribir y escribir para combatir los desmoronamientos anímicos, luchar contra las fantasmales manías persecutorias de sentirse cercado y rodeado, de ser constantemente observado. Robert Walser apenas tenía con quién hablar, el desprecio de los que le rodearon se convirtió en universal aunque no todos se lo demostraban, se convirtió en un paseante solitario que en cada momento tenía que ir mirando a su alrededor.

14 comentarios:

Lola dijo...

Lei un comentario aqui hace unos dias, respecto a escribir una novela negra o algo asi.... no soy muy ducha en el tema pero creo que podrías conseguirlo uffffffffffff, leerte a veces estremece.... no reconozco a la persona que lo escribe y ya llevo años conociendote. Besitos

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Es curiosa esa sensación de frío rota por un gesto de calor: hay tan pocos, en verdad.

Eastriver dijo...

Leerte, con tu prosa tan densa, es toda una experiencia. Pero contigo, más que con nadie, leerte aquí es como leer fragmentos. Me gusta mucho pero me quedo un poco sin saber si el tren llega o se va. Lo único que alcanzo a ver es que el tren es grande.

Mar dijo...

Siempre hay alguien que te salva del olvido.
Sebald a Robert Walser, el más solitario de los escritores solitarios...

Observo en tu escrito que lo haces en primera persona del singular... me gusta, porque así puedo decirte que, a pesar de lo duro y claustrofóbico que puede parecer tu relato, el via crucis de tapeo y cervezas por los locales y bares, son un soplo de aire fresco... aunque intentas "oscurecerlo" con la búsqueda egoísta del patrocinador de tu novela...

Me gusta leerte.
Sigo diciendo que enganchas.

La sonrisa de Hiperión dijo...

El mundo que tiene sorpresas en cada vuelta de la esquina.

Saludos y un abrazo.

Castigadora dijo...

PAso a devolver la visita. Y me llama la atención la manera en que escribes, imagino que me seguiré pasando.
Por cierto al mirar un poquito tu blog vi que hay muchas referencias a Linares y Jaén... Eso me encanta puesto que soy de allí a pesar de ya no vivir allí!
Un saludo

Luis Lucena Canales dijo...

Ya pasé por ese cuento y te lo cuento en Periferia o muerte

http://diariodelaperiferia.files.wordpress.com/2009/12/comienzo-de-periferia-o-muerte_luis-lucena-canales1.pdf

Este cuento se ha acabado.

Juanjo dijo...

Sólo conozco mis soledades, y no siempre se parecen entre ellas. No sería igual a la de R. Walser, supongo, una soledad casi esquizofrénica, una soledad tan llena de gente, que en realidad no es gente.

Lansky dijo...

Te mando uno de esos epigramitas escritos en papel de fumar de Robert Walser:

"Bien"

anapedraza dijo...

Yo quiero recordar mis etapas comiendo tapas.

Yo tengo pocas entendederas intelectuales. Sólamente decirte, que disfruto cada vez que te leo. Parece que me llevaras de la mano por tu mundo.

Miguel

Herman dijo...

La fotografía que preside tu texto es magnífica.

TORO SALVAJE dijo...

Escribir para retrasar lo inevitable.
Terapia para matar los propios demonios que resucitan una y otra vez.

Saludos.

mi nombre es alma dijo...

Quizás escribir era la única manera que tenía de moverse.

Gracias por visitar mi casa, como regalo de bienvenida un poema de Carlos Marzal en mi voz, pincha en: pluscuamperfecto de futuro

Linuxii dijo...

"Escribir y escribir para combatir los desmoronamientos anímicos, luchar contra las fantasmales manías persecutorias de sentirse cercado y rodeado, de ser constantemente observado."
Me quedo con esta frase...

Es increible leer este texto, tan llevo de pura realidad..

Un saludo, me gusta mucho tu blog, enorabuena^^