LAS TEORÍAS SALVAJES



Las cosas había que tomarlas tal como venían, el periódico apetito de generación y las balas disparadas con silenciador provocaron mi expulsión del tranvía a mitad del trayecto en las inmediaciones de la Estación de Madrid de Cástulo sin conseguir nunca hacerme bajar y poder completar el resto del recorrido agazapado bajo mi asiento con un folio en blanco y un bolígrafo bic como único kit de supervivencia, mi interlocutor no parece dar crédito a mis palabras mientras saborea sus café, le empieza a temblar la mano derecha con mi relato, temo incluso que sea víctima de algún inesperado desorden emiliano ante la negra historia. No cuadran las cuentas de los viajeros del tranvía, no se apean en el recorrido el mismo número total de los que suben desde el cauce o arroyo de los andenes, datos que se repiten un día tras otro, pregunto a Emilio en el Mont Elado donde me había invitado a tomar café por ser miércoles para leer el suplemento cultural Paisajes de Diario Jaén sobre si son más los viajeros que se suben o los que se bajan, son más los que suben me responde, un principio extraño de incertidumbre estadístico, pasajeros elegidos para un viaje permanente que disfrutan no sólo del paisaje de las calles de Jaén, también de los habituales letreros publicitarios del tranvía sobre rebajas en grandes almacenes o grandes superficies, de objetos como el tirador de la alarma o las metálicas barras de ayuda al sostenimiento bípedo, de la lectura de actos vedados como el prohibido hablar con el conductor, prohibido viajar sin billete, prohibido intentar abrir las puertas en marcha, prohibido llevar animales, etc.; o de rótulos informativos tales como los de derecho a reserva de asiento a mujeres embarazadas, ancianos de edad avanzada y otras personas lesionadas o en evidente estado de embriaguez, hacer literario de uso moderno pensando en el bienestar de usuario, pocos son al final los que se bajan con tal oferta de lectura, nula perturbación del orden y disciplina de grupo que evitan la riña y confusión creada.
Emilio se explica bien, conoce mejor que yo la vida y costumbres de los usuarios del tranvía de Jaén. Pido un segundo café, mi amigo lo rechaza, no está preparado para los habituales desórdenes emilianos más en un céntrico café de la ciudad, la lectura de Paisajes se demora ante las desconcertadas charlas sobre otros temas objeto de la invitación de la que era objeto este miércoles, era el invitado de la semana, nos han dado veinticuatro horas para elaborar un discurso panegírico sobre las lecturas recomendadas del suplemento del día de hoy, nada de absurdos ladrillos, le comento pasajes del último libro leído, no habrá mucho tiempo pero lo intentamos, él escucha mientras hablo, una argentina escritora que además está muy buena, una aprendiz de las letras que tuvo que empezar de forma incomprendida, la lectura del libro como no fue real tuvimos que improvisar, le miento a Emilio, novelarle una novela para sacar adelante el encuentro y agradecerle la invitación, no me fío de los amigos, creemos conocerlos hasta el día de la sorpresa, máscaras y desconocimientos desprendidos de golpe, no leemos siempre a nuestro amigo con tota la atención el hecho requiere. Emilio me contempla, sabe mi pasado como paciente en el Sanatorio Mental de Cástulo, parafraseamos a Pola Oloixarac en Las teorías salvajes: “....la concha.....que segrega capas de calcio alrededor de la película mucosa que la lubrica......al cabo del tiempo ésta se rompe y el molusco regresa a la deriva.....”, forcejeos sexuales para determinar el nacimiento de la protagonista, estamos aquí vivos tomando café en virtud de un forcejeo le comento a mi amigo, en virtud de uno o de varios me comenta, forcejeos proyectados sin ánimo de provocar nacimientos le comento yo, por puro vicio y placer, nos salimos del tema, como no hemos leído todavía Las teorías salvajes ignoro en mi caso si la autora se basa en su propia autobiografía para narrarnos su obra, sus primeros amores, sus primeras adolescencias, sus primeros polvos,.... Pola Oloixarac no te deja respirar, te invita al despiste, acaricia al lector para que nos dejemos llevar buscando cada vez más, el privilegio del sexo para los guerreros, un guerrero en el Sanatorio Mental de Cástulo, el miedo nunca se supo cuando apareció, esta noche buscaré su blog, inventaré un encuentro con Emilio en la soledad del café, no llegó nunca a desprendérsele la careta, simplemente no vino, nunca estuvo aquí conmigo.