
El interior del tranvía invita a mi personalidad de don nadie a leer Helada, los interiores de sus páginas me recuerdan al Sanatorio Mental de Cástulo relacionándolo con pasajes de Thomas Bernhard, reproches de la utilización de la fantasía en silencio, la fantasía como fusión de la ridiculez y de la maldad, evocar de nuevo el lento suicidio escuchado por las paredes como condena a la evasión de la invitación al placer, los tramoyistas de la soledad en su trabajo subidos encima del escenario contemplando lo irracional de la diseñada escena, la creación de mi propio universo para que me acompañase en aquel viaje de la soledad transformado en tinieblas de locura, un valle extraño, un pueblo peculiar y remoto donde en Helada unen a un estudiante a médico y un pintor, tipo Sanatonio de Wald en Davos en La montaña mágica de Thomas Mann.
El recorrido del tranvía se hizo corto, había quedado con no sé quién en el Mont elado, la rutina semanal me hace su peculiar menoscabo, no sé quién tenía que tomar café conmigo ese miércoles, veo una chica con una mochila impresionante junto a la mesa en la que sentada saborea lo que parece ser té malayo, no sé si es la que imagino, creía que iban a mandarme algún barón o varón de cierta dignidad literaria sin perjuicio de los posibles mejores conocimientos que obrasen en poder de la chica presente, más bien empecé de repente a sufrir una especie de recelo por la temática del contenido de Los perros de Tesalónica, la miro otra vez antes de sentarme intuyendo alguna ligazón invisible hacia su persona, causas que se me escapan al no percibirlas quizás, el azar vuelve a ser el promotor de las sorpresas, daba por hecho que ella me tenía que conocer al haber hablado más de una vez por email, pero no, nunca fue mi interlocutora virtual aunque sí se convirtió en real aquel viernes noche de Feria de San Lucas del año pasado donde colaboró con la inmortalización que sufrí antes de tomar cerveza con M en la caseta de la Casa del Pueblo.
Le pregunto si es Elle, me contesta afirmativamente aunque prefiere que la llame Ye debido según me explica a la lógica indemostrable de la desaparición de la i griega al darse un paso más en la decadencia academicista del lenguaje de los últimos tiempos. Siempre supe de su desaparición, más bien de ella o Elle que de la letra, aquel día en el tranvía no me miraba, hoy por lo menos ha levantado los ojos del periódico local abierto por Paisajes y mientras pido un café abre fuego reprochándome mi apócrifo comportamiento y manera de ser, le contesto sin venir a cuento que llueve, le hablo del último parte meteorológico, ella también hace caso omiso a mis palabras canturreando en voz bajo a lo que respondo tosiendo acabando así nuestro repertorio al solicitarle un cigarrillo si ninguno de los dos fumamos. Coger de nuevo el tranvía y volver a casa como la mejor solución, rompo de nuevo el hielo planteándole sobre si nos conocemos o no, situación de angustioso abandono parecía querer invadirme por la excitable indecencia de mis pensamientos. Le hablo que de que somos voyeurs de las vidas de las personas que nos rodean, cuanta más incomunicación existe entre dos personas que pasan horas y horas en la misma habitación más buscamos los posibles detalles desolados de su vida.
Copular y quedar atrapado sin la posibilidad inmediata de salir de tu interior.
¿Qué dices?
Nada, no has venido preparada, ni siquiera sé tienes el libro, un día leerás a Kjell Askildsen, Los perros de Tesalónica, nunca pudieron separarse tras haber copulado, condenados a vivir juntos por no haber culminado sus deseos.
9 comentarios:
Qué bueno es el libro Los perros de Tesalónica.
Me ha gustado mucho tu entrada porque todos los libros que mencionas hoy los he leido y disfruté con ellos.
Buenas noches
Cuando no se sabe que decir, que facil es meter la pata jejejeje. Me hiciste reir Jesús. Gracias
El final del relato es la mejor versión metafórica de tu estancia en cástulo.
Me encantó Los perros de Tessalonica en su día, no sé ahora. Ahora bien la palabra 'copular' me parece tan clínica...no me gusta
Conviertes a la encantadora Ye en personaje literario... Eres un transgresor, pero me divierto mucho con tus textos.
Gracias por tu paso por mi blog y por tu comentario. Aunque éste me ha dejado con la curiosidad de saber más cosas.
"creo que te ha faltado algo, pero es un buen surtido textual"...
¿Me puedes decir qué ha faltado exactamente?.
He leído tu última entrada... Los perros de Tesalónica... Askildsen... me gusta: preciso, directo, atrapa y hace reflexionar al lector... Como tú...
Es curioso. El primer relato de un tranvía que conozco lo escribió Galdós: él también leía. No Helada, por supuesto.
En un tranvía sólo puede darse eso: leer o mirar.
No he leído Perros de Tesalónica.
Me quedo con la frustración que queda después de intetar romper el hielo, y en vez de romperlo, parece que todavía echarás más hielo.
¡Un placer!
Miguel
No he leído Perros de Tesalónica.
Me quedo con la frustración que queda después de intetar romper el hielo, y en vez de romperlo, parece que todavía echarás más hielo.
¡Un placer!
Miguel
Publicar un comentario en la entrada