TIERRA DE NADIE



La contemplo desde el otro extremo del vagón, ella en un lado y yo en otro, tiene la cámara preparada, capturar el preciso instante de algún ciudadano desde el interior del tranvía sin renunciar a su condición de pasajera, me he dejado la cámara de fotos en casa, no podemos hablar, decirle que yo también comparto esa afición. Igualmente no me conoce, es más guapa en persona de lo que yo pensaba, al mirarla una y otra vez me devuelve su mirada interrogativa como preguntándose sobre quién soy yo, tengo poco tiempo, me gustaría aprovechar el recorrido del tranvía para iniciar un viaje iniciático hacia ella, un viaje tranviario por las calles de Jaén aprovechado para vivir un cuento ilusorio en mi aproximación hacia su persona, una lectura que me retrotrae a una vieja sensación de complicados placeres, formas de vida extrañas que quizás no existieron ni existirán, releo sin concentración por esta circunstancia Tierra de nadie de Juan Carlos Onetti, el tranvía como mejor lugar para las relecturas, acabaré cerrando el libro, suena un vals en el hilo musical interrumpiéndose por la grabación anunciando la próxima parada.
Una frase de Onetti, somos un conjunto de cosas prestadas, su relación conmigo también es prestada, por eso la fotógrafo no me reconoce, su vida sigue siendo real aunque la poca relación de su persona proyectada sobre mí es suplantada, usurpada, por eso no sabe nada, es una puesta en escena totalmente ficticia, él me hizo desaparecer siendo ella la que representa la actuación cual inerte marioneta bajo los hilos de su titiritero o guionista, una tortura extraña, por eso soy un ser anónimo para ella, un ser invisible, una historia de la que hay que salir antes de entrar en una especie de delirio absurdo o estado psicótico.
Mientras seguirá siendo inaccesible como persona, un ejemplo más de situación horrorosa que nos ofrece la vida, un hilo de amistad del que soy destinatario sin que ella lo sepa, que él sea el que siga sabiendo de mí, levanto los ojos del libro cuando el tranvía se detiene en la parada del diario local de la provincia, vuelvo a intentar concentrarme en la lectura sin desear presenciar su desaparición, en la redacción seguirá disfrutando con él del arte, explotándolo juntos, vidas de artista como la de Gauguin antes que como la de Onetti, entregar la vida al arte, utilizarlo para embellecer la vida, existencia artística, uno de los protagonistas de Tierra de nadie se recrea con un sello en relieve de la Compañía de Tranvías, vidas paralelas de personajes que son y que somos, en cualquier momento podemos ser plasmados en alguna que otra página, en esta obra el arte es una comunicación con las personas, una forma de establecimiento de intercambio del trabajo artístico de cada uno sea cual sea aspiración profesiona o aficionado, no existe el arte si borras y rompes la comunicación, lo conviertes y tranformas en el título de esta novela de Onetti.

15 comentarios:

Lola dijo...

La comunicación ese "bicho raro" a veces en la vida diaria. Me gusta leerte. Un besito Jesús

nueva gomorra dijo...

Muchas gracias, Jesús. La verdad es que hay días que me lo pregunto muy en serio. Un abrazo.

Stanley Kowalski dijo...

De un viaje cotidiano y generalmente abúlico, construiste un post maravilloso.

Agradezco tu visita.

Un abrazo y buen domingo!

plinnn... dijo...

hablas de un encuentro como si fuese un desencuentro :) con sus tristezas y nostalgias, ojalá la tierra se volviese fértil y pudiese brotar la alegría :) que buena falta hace :) dejo por aquí plantada, a ritmo de ronroneo de gato, una sonrisa :) de las que contagian, si es que son como un virus y no paran quietas, ojo con ellas :)) y muchas gracias por tu comentario

Thabitha dijo...

Me encanta :)

javier dijo...

y si la hubieras hablado?

David dijo...

Hola.
Hace poco también he comprado un libro de Onetti, "Cuando entonces" se titula, a ver que tal, es la primera vez que leo a este autor.
Siempre me ha fascinado lo que sucede en los vagones de los trenes, en los autobuses y demás lugares de tránsito. Nunca me he quedado indiferente ante estas situaciones, por contra, siempre uno termina por hacerse participe ya sea en el silencio o en la observación; y siempre hay alguien que ejerce sobre nosotros un punto de atracción, y que cuando se apea parece que nos hayamos quedado un poco más vacíos que cuando nos montamos.

Saludos Jesús, un placer leerte.

Lansky dijo...

comprendo el placer de leer en los transportes públicos, pero -tu mismo lo refieres-: es mejor mirar a la chica de enfrente

Camy dijo...

Interesante el relato tuyo con la relación al libro de Onetti. ¿cuántas vidas cruzadas nos acompañan al cabo del día?.
El observar y ser observado admite toda clase de sensaciones e ilusiones.

anapedraza dijo...

¡Me ha encantado!

Miguel

P.D. Yo he hecho que leía en el transporte público, cuando en realidad estaba "leyendo" a alguna moza.

Caminante dijo...

Por si no te llega... te he dejado este comentario en la entrada "MALA JUGADA", de julio de 2009-

Caminante dijo... 15 de noviembre de 2010 04:17 -en verdad son las 13h.-

Muy bonito texto.
Mencionas un golpe que te impidió correr durante un tiempo, no sé si definitvo.
Cuando nos sucede algo que nos trunca aquello con lo que disfrutábamos, suele ser el momento en que nos planteamos muchas cuestiones, reflexionamos como tu dices.
A base de cavilar vislumbras que es muy importante relativizar los asuntos y aprender a tener claras las prioridades de cada momento. Todo muta, cada momento es ese y no otro. No vale mirar atrás para sólo sufrir, sino es para sacar alguna lectura de ello.

Y... me parece que ya me estoy pasando con las reflexiones...

Un abrazo: PAQUITA

OTRA COSA... ¿eres de Jaén?
Acabo de publicar -en las últimas semanas- 4 crónicas de un viaje a Sierra Mágina en el puente del Pilar -octubre pasado-

Antonella Cuevas Zambrano dijo...

Gracias J.C. por pasar por mi "casa" y dejar un breve mensaje. Yo estoy leyendo su blog y le confieso que me ha gustado mucho, desde ahora lo tendré entre mis lecturas diarias. Espero saber de usted nuevamente.
antonella cuevas zambrano

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Onetti es siempre recomendable. Entre un libro suyo una cámara de fotos, siempre elegiré lo primero.

madison dijo...

Genial reseña y tentadora lectura Jesús, me gusta mucho Onetti pero este libro que nombras no lo he leido todavía.
Un abrazo

Veronica Curutchet dijo...

Te sigo y te enlazo! un abrazote!