EL SILENCIO DE LOS BALIDOS



No que me quedaba otra opción que acabar algún día magnificando mi propio drama, retratar artistas adolescentes no es fácil, demasiados pensamientos confusos, demasiadas actitudes localistas, el patio escucha la violencia dialéctica del poder establecido, mecanismo silencioso de manipulación de masas que acaba asolando y enviando al ocaso la dulce convivencia diaria.

No me cuentes nada, no vivo en la ciudad, mi estancia es de paso, devuélveme ese libro de Joyce.

Él no duerme, ella tampoco, de momento no están juntos, existen otros modos de unir a un hombre y a una mujer, hay que retratar a un artista adolescente. Te lo cuentan y me lo cuentan, ellas se hacen culpables de callada forma, escándalos y humillaciones de terceros que le gustaba relatar y a mí no oír, el poder parental hace mella de diferente forma en cada hogar, existe la opción de la playa como meta, que mis ojos vean como te quitas la parte de abajo.

Parece que le está chorreando la baba…..así Dios le salve.

Aguantarnos de forma mutua para luego admirar al opresor que no es como otros lo pintaban, desproporción en las relaciones donde al final el culpable es uno sólo, el necesario, buscado y permanente, tenía que ser uno el elegido para que ellas sigan sintiéndose bien, intentar un día sí y otro también salir impune de esa absurda trifulca, el silencio de los balidos no da tregua, todo se hace y se desarrolla para que lo que no es acabe siendo, silencio de unos y aplausos de otros, todo dentro y fuera del claustro, un paseo entre los bordes del placer y las puertas del infierno, una auténtica duda sobre qué es lo que hay que elegir, nunca la muerte total, todo lo que podamos hacer lo haremos, vivirá una aventura maravillosa o seguiré otro poco más de tiempo en estado de idiotez con la misma música sonando, la vida transcurre por aquí tan banal e intrascendente.

Y había sentido también una presencia oscura, sutil y susurrante que penetraba por todo su ser, que lo incendiaba en las llamas pasajeras de un deseo vedado.

No te limites a la lectura de Ulises antes de que la radicalización secular no te deje leer el Retrato del artista adolescente, el sistema religioso ha sido abandonado por la mano de Dios, la lujuria con poder de consumir, el sanatorio como refugio de pecadores. Retrato del artista adolescente de James Joyce, obra de confesiones y eucaristías, el libro les invita a entrar en una Orden, terminó la época de deleites para morir y ser juzgado en cuestiones de segundos escuchando gemidos sin saber su origen y que nadie más escucha, nadie oye nada, sólo el sonido de su dulce voz cuando nunca le da por hablar, la obediencia de los obispos y sacerdotes, aventuras con orden y sin orden de Stephen Dedalus, o más bien su indudable alter ego, el monólogo de interior a nivel magistral, el verdadero Joyce alterándose en sí mismo durante la narración, otro ejemplo de Joyce descendiendo a los infiernos con su escritura.

Juventud y locura
nos casan cuando jóvenes,
por eso aquí no puedo
quedarme ya.
Para lo que no hay cura
no hay más que sepultura.
Con que, adios, que me voy...


8 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Jamás prestes un libro de Joyce.

Lola dijo...

Vengo de la comida de navidad y no soy capaz de aportar nada.... Me pierdo entre tus letras. Besitos

virgi dijo...

De los balidos me distrae la derecha: Bolaños, Walser, La Tejita (¡qué placer!), Vila-Matas, Perec, Proust, Auster, Buzzati, Faulkner, Beckett...echo en falta a Cormac MacCarthy...

Besos, gracias por tu visita, te sigo.

virgi dijo...

(sorry, McCarthy, no con la "a")

Anónimo dijo...

Quiero saber quien es la mina de la fotooo!

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

A mi sencillamente no me gusta prestar los libros....saludos

Anónimo dijo...

CONQUE, todo junto, una sola palabra.

J. G. dijo...

Correcto, la culpa es del autor, el poema es un copia pega.