VOLVÍA ANTES DE QUE SE MARCHARA



Al salir de la mundana y judicial comida de navidad en el Condestable Iranzo me detengo en la misma puerta del hotel, era ya de noche a pesar de ser poco más de las seis de la tarde, contemplo la catenaria del tranvía que parece desplazarse sobre el mismo raíl con todas las luces de la plaza reflejadas, la plataforma tranviaria sigue a la espera del último tren, con poco esfuerzo me hago cargo de que tengo que enterarme de lo que sucedió minutos antes en el comedor con todos los invitados, un nuevo ataque de pánico ante las multitudes que comen y beben a tu alrededor aunque nadie permanezca a tu lado para hacer el paseíllo camino de los lavabos al más puro estilo de los restaurantes de Cástulo.
Me quedo sin salir en la foto, el artista y fotógrafo de Diario Jaén José Poyatos inmortaliza el acto durante mi corta ausencia para recoges a la prole del cole, hay que joderse, me hubiese gustado invitarlo a tomar algo, que su corta estancia en el salón comedor no se hubiese limitado a decir que estaba de servicio, que no siempre acabe siendo modelo improvisado de mi adicción callejera a la fotografía, creo que otra vez será, otra ocasión alguna vez espero.
Durante el ágape la contemplé reflejada de cuerpo entero en el espejo, pasa más tiempo por nuestra ciudad que por la que reviste sobre su persona el carácter de oriundez. Cástulo, la ciudad de su vida, pero ella siempre está por aquí. Viene ella hacia mí, dejó dos compañeros para reunirme con ella en ninguna mesa concreta de aperitivos, los dos solos en medio del pasillo entre tanto comensal, hablamos de las ráfagas de calor que vuelan por las atmósferas de interior de su ciudad, flechas ardientes que envenenan el ambiente, volver a intentar lo imposible, volver hacia atrás para obrar de distinta manera, la dificultad añadida para gestiona la poca felicidad que me quedaba en el lugar.

"Nada sucede dos veces ni va a suceder, por eso sin experiencia nacemos, sin rutina moriremos." — Wislawa Szymborska

Nos hemos reído, nos damos dos besos, hablamos poco, le expreso el problema de mi nula personalidad, la has enriquecido de forma virtual me comenta, la veo más guapa que nunca, no se pierde ninguna comida de navidad de compañeros aquí en la capital, cuando vuelve a su mesa está otra vez metida en el espejo, fuera de él no puedo verla al taparla otras compañeras, una personalidad virtual desconocida, es como la mitad de La Celestina de Fernando de Rojas, en Cástulo comíamos a veces juntos en la misma mesa, la solíamos despedir antes de darle la bienvenida de nuevo, antes de que se difuminara ya estaba otra vez con nosotros, había vuelto antes de su partida. En mi caso nunca volví, tampoco me fui al no ser nunca despedido.