
Sergio Chejfec contempla con su foto de la página 4 cada lector que entra en su libro
Cierro Mis dos mundos de Sergio Chejfec, una idea no se me iba de la cabeza, recordaba algo del comienzo del libro, en efecto el autor me ha observado al empezar su lectura, yo mismo he puesto mi cara para que la imagen de su foto me reconozca, es curioso, ha colocado su rostro de mirada extraña para ver qué aspecto tienen cada uno de los lectores que entran a leer su libro, no iba a ser menos, para mirón yo, al terminar la lectura vuelvo a ver su foto mirándonos mutuamente, contemplativas y fijas miradas como en mi época de paciente en Cástulo vagando por los pasillos del sanatorio totalmente desorientado, estoy solo, las enfermeras acabaron su turno, están en casa comiendo, viendo la tele o qué sé yo. Busco algo y no sé qué es lo que es, quiero saber lo que busco, afloran recuerdos de lo que iba a suceder en el futuro, fue al ver en las escaleras su habitual imagen, me que quedé paralizado al verla, siempre la había creído apátrida de la política del sanatorio, la inesperada presencia me hace desear la soledad sincera de los grises pasillos, la soledad que te hacer ver el invisible personal de los contiguos pabellones donde no existen pacientes internos, no tienen enfermos, la hora de la comida es vacía al no constar destinatarios del sustento. Su encuentro me pronostica el futuro, por deferencia a su compañera me anuncia su enemistad para dentro de algunos años aunque acepte a otros que llegaron después, experiencia vital, crónica de una amistad desaparecida cumplida en su totalidad gracias a la virtual tecnología tras el paso de los años con el alta guardada en un cajón de la mesita de noche, no entienden nada, cada uno tiene lo suyo, pero a uno lo conocen y a ti no, saludos en el patio o pasillos del hospital algo huidizos, muchas mañanas cuando descruzo las vías del tranvía intercambio saludos cariñosos, saludos afables, saludos huidizos que no son nuevos, los conozco, la línea invisible que ellos trazan donde quieran y con quiénes deseen, sabe el interlocutor de ser solícito de favores, yo no iba a ser menos, no creo que le sea difícil conseguir que Enrique Vila – Matas me enlace a su página, su rostro respira aliviado volviéndose desdibujada la línea que trazó hace varios meses ¿qué pensaba que le iba a pedir?, mi pequeña humillación mental deja de hacerme tambalear, se lo he dicho superando la frustración y este pequeño trauma que me invadía cada mañana al verlo por el barrio cuando descruzo la vía.

Abandono El mar de las Sirtes - Julien Gracq, me lo había presentado Enrique Vila hablando de tiempos de amor y de guerra, ni los personajes se creen su historia, son tiempos de lo absurdo, cuanto dolor nos hubiésemos ahorrado los humanos si en su conjunto nunca nos hubiésemos creído el argumento impuesto y vivido, abandono y soledad, me hubiese gustado coescribirlo con Gracq, una gran lectura, auténtica prosa sin que sea prosa, te sumergen en ese mar para ver el vacío de la realidad que nos rodea, la nuestra, no la de los personajes, surrealismo silencioso en el mejor de los estados, Gracq es todo un heredero del estilo.











