SÓLO LOS INCOMPETENTES CONCEDEN PREMIOS



Odios las repeticiones supuestas y sin abordar, al terminar esta historia de una parte de la vida de Thomas Bernhard recuerdo que me siguen esperando sus Relatos autobiográficos. El sobrino de Wittgenstein es su autobiografía vivida en el manicomio de An Steinhof, la diferenciación y denominación de sus pabellones, sus religiosas, la operación de pulmón a la que fue sometido, visión desde el interior del arte, los cafés de Viena, sus paseos en tranvía, una vida de sanatorio distinta, sin inquisiciones, sin heroínas positivas, el mal y el bien contrastado una y otra vez sin pintorescas resoluciones de baja cuantía numérica.
Anagrama es la editora tanto de los Relatos autobiográficos de Bernhard como de El sobrino de Wittgenstein, también es la editorial de otras obras del autor que me quedan por adquirir, a Anagrama tal vez no le guste la reedición, por eso no conozco este autor lo suficiente, otras editoriales especializadas en lo clásico como Alianza Editorial te hacen conocer más al escritor y esa parte de su obra que publican con el formato Biblioteca Thomas Bernhard.
No pretendo criticar o revelarme respecto a Anagrama, ni siquiera hacer un juicio final separando los libros buenos Thomas Bernhard de los malos, los premios sólo los conceden los incompetentes dijo una vez aquí el propio Bernhard en nuestro país, sólo ha sido un ejercicio de lector que cae en el olvido para las editoriales no clásicas que sólo piensan en el negocio a través de lo novedoso, un olvido convertido en pura degeneración literaria para los incondicionales de determinados escritores, tal como fue precisamente la vida de Thomas Bernhard, obsesión e incapacidad para sustraernos a nuestras propias limitaciones.

EL PASEANTE SOLITARIO



Aparezco desnudo y crucificado en una especie de patio de los horrores, me la habían cortado e introducido en mi propia boca, al parecer se celebraba una función de circo donde las diferentes sesiones eran gratuitas salvo mejor criterio médico tanto para el personal sanitario como para los enfermos, otros invitados del exterior del sanatorio giraban a mi alrededor bailando con máscaras de payasos macabros, el boca a boca trajo más espectadores de la cuenta al hospital transformado por unas pocas horas en correccional de la depravación sexual. Ignoraba ahí subido en la improvisada cruz mi estado vital o de posible óbito, la praxis médica en estado experimental con el objeto de volverme loco del todo, el dolor anulado por la muerte, la anulación de las constantes vitales sin ningún derecho a la supervivencia.
Me despierto de ese estado onírico con grandes nauseas, una cuidadora está junto a mí con las bragas sin quitar, le propongo relatarle una obscenidad filosófica para ir encontrándome mejor y recuperar las ganas de comer, me recuerda que teníamos que salir por la ciudad a dar juntos un paseo, una dosis más para sanar mi situación en el sanatorio como desheredado, descarriado y devorado por la ciega pasión que había convertido mi destino en la más completa ruina al ser víctima de mi propia historia que estaba desembocando sin que nadie lo remediase en un suicidio realizado poco a poco tal como me contaban las propias paredes.
Salimos juntos de la mano, se me caen algunas lágrimas, el calor humano después de tanta frialdad en los pasillos calaba hasta el nivel de hacer surgir las más nobles de mis emociones, dejamos atrás la Iglesia de San Francisco deteniéndonos como primera parada de la excursión urbana en el escaparate de la Librería Entre Libros, ella aprovecha también para realizar alguna que otra gestión bancaria o compra farmacéutica sin separarse de mí en ningún momento siguiendo escrupulosamente el deber terapéutico que le había sido asignado por la dirección del hospital. En Cástulo se estaba celebrando la Ruta de la Tapa, aprovechamos al ser larga la tarde para hacer un recorrido por nuestra cuenta, Bar Marce, el Establo, la Capacha, la Carbonería, el Cordobés, la Cervecería Joga – Lesa, Bar Mañas los jamones, perdí la cuenta, cada local una etapa vital, un recuerdo, una vida y visión distinta de las cosas, cada bar o cervecería participante suponía una determinada época de mi estancia en la ciudad, cada parada una tapa y etapa diversa, diferentes situaciones y estados anímicos, distintas relaciones personales con los compañeros de estancia que tenía más cerca, perdí la cuenta, sé que estuvimos probando las tapas y cerveza en algunos más de los locales mencionados que equivaldrían a etapas vitales en Cástulo que a lo mejor no quiero recordar, nos habíamos propuesto los dos vivir esta ruta tapera o el come tapas como si fuésemos los apócrifos organizadores del evento adjudicando una puntuación a cada temporada en Cástulo equivalente a un local o cervecería, el mareo me iba superando ya conforme iba avanzando la tarde con tanto recuerdo y cerveza, mi egoísmo innato también me invitó a aprovecharme de este concurso de tapas buscando entre los bares y establecimientos ruteros un patrocinador invisible para mi próxima novela.

La dirección del centro no te va a permitir publicar tu libro hasta recibir el alta. Debes culminar como dijo Martín Walser de Robert Walser, ser el más solitario de los escritores solitarios.

Fue Carl Seelig quien acogió a Robert Walser en su casa, por eso no pertenece al mundo de los olvidados, yo por el hecho de no llegar a ser nunca escritor tampoco perteneceré nunca a la clase del olvido. Herisau no es Cástulo, tampoco Davos es Cástulo aunque Robert Walser fue a su vez destruido y salvado en el establecimiento psiquiátrico de Herisau, se sustrajo a las sombras que planearon en su vida como paciente. Mi cuidadora hacía como que no me escuchaba, creo que estaba harta de escuchar tanta teoría comparativa que le iba soltando por el camino, habíamos entrado en la Cafetería Fleming buscando un café que resacase toda la cerveza de nuestro organismo, desde la cristalera ignorábamos la lluvia de atardecer que caía sobre la calle Sagunto, nunca llegaría según ella a ser Robert Walser, al parecer leyó en El paseante solitario – En recuerdo de Robert Walser de W. G. Sebald que Walser escribía por supervivencia, por llenar el tiempo reprochándome a continuación que yo escribía por venganza y pataleo sobre el trato que recibí en el sanatorio repitiéndome una y otra vez sobre lo mismo, siempre la misma retórica. Yo también había leído El paseante solitario, recuerdo que el propio Walser observó de sí mismo que estaba siempre escribiendo la misma novela, una novela convertida en libro en primera persona partida o dividida de muchas maneras, la comparación entonces no es tan inusual le contesto a mi interlocutora mirándome con su sonrisa algo más desdibujada, Robert Walser sintió en Herisau similares miedos a los míos, le comento a mi cuidadora que no sé si publicaré, a Walser casi se le priva de esa posibilidad por culpa de los nazis que arrasaron con el mundo que le rodeaba, su vida y estancia en el Sanatorio de Herisau estuvo envuelta en una especie de atmósfera de ilegalidad, no le comento nada más, las comparaciones son odiosas, la tarde de terapia de paseo por las calles de Cástulo había dado todo lo que tenía que dar.
Escribir y escribir para combatir los desmoronamientos anímicos, luchar contra las fantasmales manías persecutorias de sentirse cercado y rodeado, de ser constantemente observado. Robert Walser apenas tenía con quién hablar, el desprecio de los que le rodearon se convirtió en universal aunque no todos se lo demostraban, se convirtió en un paseante solitario que en cada momento tenía que ir mirando a su alrededor.

NUNCA PUDIERON SEPARARSE



El interior del tranvía invita a mi personalidad de don nadie a leer Helada, los interiores de sus páginas me recuerdan al Sanatorio Mental de Cástulo relacionándolo con pasajes de Thomas Bernhard, reproches de la utilización de la fantasía en silencio, la fantasía como fusión de la ridiculez y de la maldad, evocar de nuevo el lento suicidio escuchado por las paredes como condena a la evasión de la invitación al placer, los tramoyistas de la soledad en su trabajo subidos encima del escenario contemplando lo irracional de la diseñada escena, la creación de mi propio universo para que me acompañase en aquel viaje de la soledad transformado en tinieblas de locura, un valle extraño, un pueblo peculiar y remoto donde en Helada unen a un estudiante a médico y un pintor, tipo Sanatonio de Wald en Davos en La montaña mágica de Thomas Mann.
El recorrido del tranvía se hizo corto, había quedado con no sé quién en el Mont elado, la rutina semanal me hace su peculiar menoscabo, no sé quién tenía que tomar café conmigo ese miércoles, veo una chica con una mochila impresionante junto a la mesa en la que sentada saborea lo que parece ser té malayo, no sé si es la que imagino, creía que iban a mandarme algún barón o varón de cierta dignidad literaria sin perjuicio de los posibles mejores conocimientos que obrasen en poder de la chica presente, más bien empecé de repente a sufrir una especie de recelo por la temática del contenido de Los perros de Tesalónica, la miro otra vez antes de sentarme intuyendo alguna ligazón invisible hacia su persona, causas que se me escapan al no percibirlas quizás, el azar vuelve a ser el promotor de las sorpresas, daba por hecho que ella me tenía que conocer al haber hablado más de una vez por email, pero no, nunca fue mi interlocutora virtual aunque sí se convirtió en real aquel viernes noche de Feria de San Lucas del año pasado donde colaboró con la inmortalización que sufrí antes de tomar cerveza con M en la caseta de la Casa del Pueblo.
Le pregunto si es Elle, me contesta afirmativamente aunque prefiere que la llame Ye debido según me explica a la lógica indemostrable de la desaparición de la i griega al darse un paso más en la decadencia academicista del lenguaje de los últimos tiempos. Siempre supe de su desaparición, más bien de ella o Elle que de la letra, aquel día en el tranvía no me miraba, hoy por lo menos ha levantado los ojos del periódico local abierto por Paisajes y mientras pido un café abre fuego reprochándome mi apócrifo comportamiento y manera de ser, le contesto sin venir a cuento que llueve, le hablo del último parte meteorológico, ella también hace caso omiso a mis palabras canturreando en voz bajo a lo que respondo tosiendo acabando así nuestro repertorio al solicitarle un cigarrillo si ninguno de los dos fumamos. Coger de nuevo el tranvía y volver a casa como la mejor solución, rompo de nuevo el hielo planteándole sobre si nos conocemos o no, situación de angustioso abandono parecía querer invadirme por la excitable indecencia de mis pensamientos. Le hablo que de que somos voyeurs de las vidas de las personas que nos rodean, cuanta más incomunicación existe entre dos personas que pasan horas y horas en la misma habitación más buscamos los posibles detalles desolados de su vida.

Copular y quedar atrapado sin la posibilidad inmediata de salir de tu interior.

¿Qué dices?

Nada, no has venido preparada, ni siquiera sé tienes el libro, un día leerás a Kjell Askildsen, Los perros de Tesalónica, nunca pudieron separarse tras haber copulado, condenados a vivir juntos por no haber culminado sus deseos.

FUERA DE CONTROL



Por un error en su promoción me quedo sin correr la XI Carrera Popular y Gran Caminata por la Paz y la Integración que organiza el I.E.S. Santa Catalina de Alejandría.
...¿dónde lo habían anunciado?, me dice al otro lado del auricular un compañero de trabajo.
Me suena otros años de anunciarse en la radio.

"Al llegar a casa, aún con una lúcida serenidad por dentro, saqué papel de escribir y un sobre. En el sobre escribí: -Al juez que me condenó-. Luego me senté junto a la pequeña mesa en la que suelo comer, y empecé a escribir esta historia". Todo como antes - Kjell Askildsen.

Quien no se consuela es porque no quiere.

EL FIN DE LOS OBJETOS COMUNES



Domino el arte de estar solo, escucho a través de las paredes el sonido amortiguado de las palmas, creo escuchar una gran ovación para los artistas, no existen espectadores en la representación al ser representada la obra para ellos mismos, están conformes con el acto que ha generado su propia salva de aplausos. Cena artística en el sanatorio, no he sido invitado, un debate teatral sobre futuros libros que se leerán en silencio antes de declararse prohibida su venta y lectura al resto cuyos autores quizás seamos los mismos pacientes del lugar, por la raja de la pared gris sigo escuchando, están hablando de mí, de mi no aceptación del papel esa estúpida comedia, de esos futuros libros, de la pronta censura literaria antes de que empiece a ser tarde, también hablan de los funcionarios del teatro a los que se les tolerará sus demenciales ideas, el estado cultural en el interior del hospital queda dividido en vidas fingidas permitidas por un lado y mi propia vida de prohibida ficción por otro, el pensamiento absurdo de los creadores de la obra como lo único verdadero, un absurdo distorsionador de las relaciones humanas del hospital, la esencia de mi enfermedad tan oscura como esta vida en su interior. Una voz masculina parece hablar al resto del delirio y la enfermedad literaria, no sé si hablaba de El mal de Montano de Enrique Vila – Matas, un autor prohibido desde hace algunas semanas en la biblioteca del sanatorio. Cuando cierro Tala de Thomas Bernhard se me desvanece este fugaz recuerdo de Cástulo, creo que las obras artísticas no suelen ser debido a una sola idea o descubrimiento, todo o parte es gracias a muchas inspiraciones, la ambición humana no tiene límites, aquí tampoco, la cultura es una especie de mina a cuyos yacimientos queremos acceder todos, me dio igual que en el pasado el resto de actores me lanzaran miradas hostiles, una fuente de tinta inacabable para el patrimonio de la literatura de pésimo nivel, la literatura como resultado de las dependencias que surgen entre el autor y los demás.
Las tostadas con café con leche de estos días siguen su curso, personajes cambiantes, otros permanentes, otros rescatados, me gustaría saber quién es el propietario de la idea de considerar ahora a estas alturas antihigiénica la utilización colectiva de las aceiteras en los bares, cafeterías y restaurantes, éstas y otras parecen surgir de la desidia y del aburrimiento legislativo, po porque a ese alguien le gustó esas absurdas cápsulas monodosis de usar y tirar que desde el origen material han pasado por mil y un lugar manufactures hasta tomar la forma definitiva llegando a tus manos sin pensar en las posibles víctimas de ese desdibujamiento de la aceitera de toda la vida, comercio interesado seguro que no, mucho plastiquito de usar y tirar, alguien se frota las manos. La imagen artística dentro de lo tradicional como posible víctima de una irreparable desaparición que a alguien se le debería ocurrir la feliz idea de que no prospere, una seña de identidad casi desaparecida, que sea la voluntariedad y criterio personal del cliente mayorcito el que distinga o no lo que es higiénico.

LOS PELIGROS DE LA SUERTE



La croupier ordena los boletos, los agita, su impostura fue desenmascarada desde el principio, la única forma de salir de Cástulo es vivir en Cástulo. Llego tarde a ese sorteo de desacuerdos, las papeletas ya han sido repartidas, jolgorio silencioso de los no participantes aunque víctimas de sus propios huecos insustanciales, vivir con risa triste y aplausos agradecidos en el Sanatorio Mental de Cástulo esas tradiciones que nunca deben de perderse, da igual llegar tarde a la rifa o no llegar, el resultado siempre es previsible, los números adjudicados son siempre los mismos, una escena teatral sometida al aparente resultado casual, la insaculación tiene más de imaginaria que de hecho real aunque los participantes muevan sus manos, ojos y demás detrás del boleto elegido. Las papeletas que han de sacarse a la suerte forman parte de la alegoría histórica del viejo hospital, la persona agraciada sigue acostumbrada a la ostentación de su fortuna y buena suerte, olvidos que son una simple tragedia menor comparada con cualquier exhibición de alarde histérico, las víctimas de las brumas ficcionales nos volvemos como objetos inmateriales, en algo que no cuenta ni para uno mismo ni para el resto, el efecto final de todo es la semana transformada en una fábula.
La autonomía me perturba de forma anímica, desconozco el origen de todo aunque existen ideas pertinaces y persistentes que asaltan mi mente sin salir de esta región, las leyes cambian, las últimas no se entienden, en silencio escucho otra tanda de protestas amistosas, hasta los no afectados amenazan con rebote de sufragio cuando toque, errores para contentar a unos pocos que quizás luego ni se acuerden de ti, muchos miles los afectados ¿y los que no qué?, estos últimos siguen chillando en silencio, ahogados aullidos educados, el pilar electoral de los suyos dinamitado si alguien no lo remedia, no sólo de la muchedumbre cultivadora vive el hombre, ¿por qué últimamente el sufragiado da la impresión de querer contentar sólo a minorías más bien enemigas cuando cambien de jefes?, una visión numérica errada más pensando en el futuro, cuentas extrañas, la prueba del nueve sin ejecutar, operaciones aritméticas de dudoso resultado a la vista de dimes y diretes de la abundancia y multitud más cercana.
Sigo aspirando a pertenecer al club de los malos imitadores de Gracq, Beckett, Bernhard, Gombrowicz, sufro una especie de hastío al buscar sueños que nunca se cumplirán y un deseo ardiente de conseguir un cierto nivel de dignidad, sigo escribiendo por la zozobra de ánimo que padezco desde hace algún tiempo, desde mucho antes de que me presentaran ese proyecto de ligera variación sentimental que en principio no acepté, no jugué y perdí, me faltó aptitud personal, la suerte tiene ese tipo de peligros, otros tales volvieron a su considerable éxito contando al resto su vida de autoficción o propia versión. Este principio casi de fin de semana empiezo a leer El error de César Aira, todo ha sido debido a una suerte de idea con A en la librería Metrópolis, me preocupa llevar tanto tiempo leyendo autores que en principio no están en la librería, de un tiempo a esta parte casi todo los adquiero por encargo, como si huyesen del vil comercio, algunos los cito al principio de este párrafo, otros son Walser (algunos), Chejfec, Carver, Coover (este ni consiguieron hacerlo venir), falta en la provincia o localidad una política literaria de traer a la venta a las librerías este tipo de libros inexistentes, justo los que no están.

RECUERDOS ANTICIPADOS

¿Cómo es que alguien de inferior categoría es capaz de criticar o cuestiones a otros de superior categoría? Retrógrado machismo con aroma a destilado alcohol en estado de ser poseída, desacuerdos rifados con papeletas blancas agitadas entre dos manos en posición de rezo, la derrota volando en el ambiente a punto de desplomarse sobre tu cabeza, sentencias de despedida redactadas antes de la bienvenida, los libros impuestos como refugio, baile de máscaras sin música, contemplar a mi musa al llegar, figuras burlonas danzando en ese baile silencioso cuyo sonido es anulado por otros danzarines acompasados, no vengas aquí a reconstruir el pasado me dice.
Escapada accidental a Madrid, Circulo de Bellas Artes, el pensamiento convertido en exposición, el pensamiento traducido en imágenes, Constelaciones, hacer visible lo invisible, el pensamiento y guión de Walter Benjamín convertido en arte.
Deseos ahogados de satisfacer los caprichos del cuerpo, también Los Ferri de Sergio Pitol son una familia extraña, el autor no lo niega, ellos tampoco.
La tercera lectura o segunda relectura de El lobo estepario casi me hace entrar otra vez.

EL LOBO ESTEPARIO



“¿En qué momento se jodió la cosa?” Fue una pregunta inesperada en el Café Mont elado formulada por mi interlocutora, de sobra sabe que en mi lucha en solitario contra la precariedad y sordidez del tratamiento cuando me encontraba en estado de anulación de todo tipo de ambición social se me impuso la obligación de leer El lobo estepario dos veces, aunque la segunda lectura fue un acto impulsivo y voluntario provocado por el carácter asfixiante de la atmósfera de la mañana. La lectura era necesaria le comento, no sólo consistía todo en escuchar música noble con poder de erotización y capacidad de abrir el deseo de beber del néctar de los dioses, empezamos a rodar hacia abajo así continuamos sin poder detenernos, la lectura con poder de refrenar la situación, le pongo el ejemplo de dos que se enamoran y varios terceros se inmiscuyen sin razón o autoridad para ello, el argumento ficticio de convertir a un practicante de todo tipo de virtudes morales en un pecador sin saber un mínimo ápice de verdad.
“Siempre surgen oportunistas creando sus propios reglamentos adaptados al momento, son capaces de inventar una sociedad paralela aunque sea en el interior de un sanatorio mental como el que cuentas”, me comenta la interlocutora periodista que ya va por delante de mí en mis impresiones sobre lo que le voy narrando de la época en que cayó por primera vez en mis manos El lobo estepario. Paisajes era el que invitaba ahora a su lectura, nos había dejado un café abonado en el Mont elado para los dos, lo que había empezado en broma llevaba camino de ser algo constante con carácter de habitualidad. Relectura de unas relecturas esta semana, Hermann Hesse y su lobo estepario, las notas de Harry Haller escritas por el autor no aparecen en cursiva en el ejemplar que tengo en mis manos tal como recuerdo haberlas visto en el que leí en las dos anteriores ocasiones, mi compañera de café me interrumpe para hacerme una foto a lo que no me dejo, no quiero que aparezca mi rostro en el diario, prefiero que siga tomando notas a bolígrafo en su pequeño bloc, le hablo de los tramos de lectura que realicé un rato antes esa tarde de martes en el tranvía mientras me desplazaba a la cita acordada con ella en el Mont elado, el leer los libros propuestos como pasajero de tranvías me estaba convirtiendo en un ciudadano de fijas costumbres, el protagonista del libro no es el extraño huésped de la tía del narrador, tampoco el propio lobo estepario, ni siquiera el sobrino, la verdadera protagonista del libro fue mi prestamista ocasional para la cuestión de la obra, una forma de prestar literatura que nada tenía que ver con la prestamera o estipendio que donábamos algunos pacientes en forma de silencio en el viejo hospital a una determinada rama del personal sanitario; logro despistarme adrede en el trayecto de la lectura recomendada de la semana para esta cita, quiero comprobar si tengo todavía en la agenda su número de móvil, el interior del tranvía lo considero con suficiente cobertura para llamar a otra provincia, su teléfono aparece en la memoria, todavía lo tengo grabado, en principio me resisto a hacerlo pero la tentación puede más, la instigación del estímulo de hablar con la legítima propietaria de esa primera versión del libro que leí en un par de ocasiones hace ya unos cuantos años se convierte momentáneamente con el traqueteo del convoy casi en un hecho, el tiempo ha pasado, los años han borrado muchas lecturas, otras han permanecido ahí, el personal sanitario pasó a formar parte de la historia pasada, la literatura los crea de nuevo situándolos en el presente. Cuando el tranvía enfila el Paseo de la Estación me quedan sólo tres paradas para llegar a mi destino, creo que llegaré a tiempo para la tertulia sobre el libro con la chica del periódico, me decido a marcar por fin el número de mi otra amiga sin temor a equivocarme, cuando después de tantos años vuelvo a escuchar su voz cuelgo de forma automática sin identificarme poniendo fin a la llamada y volviendo espontáneamente a la lectura de El lobo estepario, me había equivocado de cifras al marcar, no podía ser que el escuchar desde el otro lado del aparato la voz de “diga” ésta haya sido no la de mi vieja amiga sino la de la periodista que me había dado la cita para esta tarde en la Cafetería Mont elado, ¿con cuál de las dos había quedado?, no es ninguna ficción para resolver, todo es un elemento más del aislamiento, misantropía agradecida ante las circunstancias de soledad en Cástulo, no era de extrañar viajar solo en el vagón del tranvía, necesito un tramoyista de urgencia en el vagón para que me devuelva el anterior escenario sin ser visto, el reflejo del pasado iba determinando las circunstancias del presente actual, invitarme otra vez a estar loco, a entregarme otra vez a relaciones agitadas para dar pie a la fantasía, a ser anulados mis objetivos y deberes, crear de nuevo otra musa a la que deberle tantos párrafos y letras, no entiendo cómo vuelvo a encontrarme otra vez en un callejón sin salida sintiendo la tentación de acercarme a todo tipo de precipicios, prefiero cancelar la cita antes de llegar a la cafetería o simplemente no presentarme dejando en el olvido la identidad de mi interlocutora para hablar del libro, prefiero recordar su esporádica presencia diaria en los grises pasillos, el pánico y temor de que un día se marchase dejándome solo ante el peculiar resto de personal del sanatorio, el hombre hecho lobo estepario, un ser solitario que le hace diferente de la sociedad que le rodea, el protagonista se había encontrado con un tratado, un tratado sobre si mismo que intenta hacerle ver que no es tan diferente y que cada persona tiene, no ya dos caras, sino innumerables, al final no sólo la personalidad o las caras, al final todos tenemos o tendremos antes o despues nuestro propio tratado escrito con un sinfín de personalidades y formas de actuar.

TIERRA DE NADIE



La contemplo desde el otro extremo del vagón, ella en un lado y yo en otro, tiene la cámara preparada, capturar el preciso instante de algún ciudadano desde el interior del tranvía sin renunciar a su condición de pasajera, me he dejado la cámara de fotos en casa, no podemos hablar, decirle que yo también comparto esa afición. Igualmente no me conoce, es más guapa en persona de lo que yo pensaba, al mirarla una y otra vez me devuelve su mirada interrogativa como preguntándose sobre quién soy yo, tengo poco tiempo, me gustaría aprovechar el recorrido del tranvía para iniciar un viaje iniciático hacia ella, un viaje tranviario por las calles de Jaén aprovechado para vivir un cuento ilusorio en mi aproximación hacia su persona, una lectura que me retrotrae a una vieja sensación de complicados placeres, formas de vida extrañas que quizás no existieron ni existirán, releo sin concentración por esta circunstancia Tierra de nadie de Juan Carlos Onetti, el tranvía como mejor lugar para las relecturas, acabaré cerrando el libro, suena un vals en el hilo musical interrumpiéndose por la grabación anunciando la próxima parada.
Una frase de Onetti, somos un conjunto de cosas prestadas, su relación conmigo también es prestada, por eso la fotógrafo no me reconoce, su vida sigue siendo real aunque la poca relación de su persona proyectada sobre mí es suplantada, usurpada, por eso no sabe nada, es una puesta en escena totalmente ficticia, él me hizo desaparecer siendo ella la que representa la actuación cual inerte marioneta bajo los hilos de su titiritero o guionista, una tortura extraña, por eso soy un ser anónimo para ella, un ser invisible, una historia de la que hay que salir antes de entrar en una especie de delirio absurdo o estado psicótico.
Mientras seguirá siendo inaccesible como persona, un ejemplo más de situación horrorosa que nos ofrece la vida, un hilo de amistad del que soy destinatario sin que ella lo sepa, que él sea el que siga sabiendo de mí, levanto los ojos del libro cuando el tranvía se detiene en la parada del diario local de la provincia, vuelvo a intentar concentrarme en la lectura sin desear presenciar su desaparición, en la redacción seguirá disfrutando con él del arte, explotándolo juntos, vidas de artista como la de Gauguin antes que como la de Onetti, entregar la vida al arte, utilizarlo para embellecer la vida, existencia artística, uno de los protagonistas de Tierra de nadie se recrea con un sello en relieve de la Compañía de Tranvías, vidas paralelas de personajes que son y que somos, en cualquier momento podemos ser plasmados en alguna que otra página, en esta obra el arte es una comunicación con las personas, una forma de establecimiento de intercambio del trabajo artístico de cada uno sea cual sea aspiración profesiona o aficionado, no existe el arte si borras y rompes la comunicación, lo conviertes y tranformas en el título de esta novela de Onetti.

EL CLUB DEL PERDÓN



Nunca la conocí del todo, conmigo era algo extraña, no aparentaba lozanía en ninguno de sus actos o maneras de comportarse, seguramente se casó con el tiempo con su novio de toda la vida, a menudo nos atan las circunstancias, como si tuviésemos miedo a nosotros mismos, necesidad de esa persona que te sirva de amparo y a ser posible para siempre, me habló una vez en sentido burlesco, le conté yo primero lo de aquellas adolescentes que se quitaban las bragas hacía más de veinte años en el concierto de los Hombres G para lanzarlas al escenario: “.....a lo mejor yo era una de aquellas, a lo mejor yo estuve en ese concierto”. Seguramente no existiría él todavía en su vida, mucho menos yo, sus mirada de muchas mañanas me lanzaba una especie de interrogante, pensar en que te pueda querer como te quieran otras, qué poco me conoce con lo gilipollas que es uno, un capítulo donde el teléfono dejó de sonar, otro donde el sonido de distinta llamada se transformaba en su silencio. Ni él ni ella al otro lado tenían culpa de nada, daños morales para uno, risas o carcajadas para otros, dos cartas a barajar, elige uno de los dos palos, el que más te guste, alternar momentos de pundonor con instantes de emociones intensas, compartir miedos, coincidir en gustos y costumbres, la intermitente instancia geográfica cual viajera imaginaria en el tiempo, del interior al mar, del mar a la playa, desapariciones anticipadas de años atrás, coincidencia en tiempo y espacio en los viejos claustros y grises pasillos, volver a retar la posibilidad de viajar en el tiempo visitando con él el poniente, tratar de resistir durante varios años sin sobrevivir, obligación de redactar, recordar, no olvidar, sustituir lo que sabemos que no conseguiremos traer a la memoria, no haber pertenecido nunca al club de los que se les perdona todo.

BARRA SINIESTRA



Miércoles por la tarde en el Mont elado, me encuentro solo, nadie ha venida a la cita de Paisajes organizada expresamente sobre el libro Barra siniestra de Vladimir Nabokov, me habían encargado su lectura para el semanal encuentro, la soledad se presenta similar a la del cotidiano desayuno, la rutina como hábito adquirido de tomar café en el mismo lugar, una costumbre inveterada obrada por inercia y sin ningún tipo de razonamiento sobre el por qué, veo pasar uno y otro tranvía dándome por discernir debido al aburrimiento sobre si lo que lucen de colorido decorado es pintura o graffiti circunstancial que pueda ser renovado una y otra vez por voluntarios artistas que se presten en convocatoria pública oficial. Me acuerdo también de Cástulo, me traslado mentalmente a la cafetería Fleming, a su barra o a su mesa, de cuando salía del sanatorio de permiso tantas y tantas tardes, recordatorios de lectura en solitario intentando contemplar en una imaginada soledad el mito de Carmen, una obsesión compartida con Vicente Aranda, nada que ver con lo siniestro de aparentes deidades, hay que huir de lo funesto y malintencionado, prefiero lo mítico, disfrutar en la distancia de esa excelencia o cualidad que no vemos, una cigarrera de Sevilla, todavía recuerdo el sobresalto que sufrí cuando la descubrí con otros amigos fumando en aquella improvisada cerveza de despedida de no sé quién en un importante bar de Cástulo, un mito llevado tantas y tantas veces a los escenarios, ahora también al cine, también en la realidad, su cercana presencia sin hacer ruido cumple la misión de descomponer el orden social establecido, un silencioso juego triangular del gato, el ratón y otra vez el gato, me regocija ser su narrador solitario, lanzarle virtualmente esta historia a su femenina, azarosa y permanente inquietud lectora.
Sin salir de ninguna de las dos cafeterías en las que me encontraba, la real y fingida, evoco aquellos días cuando desde la mesa observaba siempre a un sujeto desconocido en la barra tomándose una copa con sus amigos escuchándole contar que cuando tenía cuarenta años se follaba a una mujer del barrio casada que frisaba unos dos años más que él, me pongo a pensar en lo fácil que es protagonizar una mediocridad, ¿quién es más mediocre? ¿el que narra sus sexuales hazañas vecinales a sus compañeros de barra? ¿los oyentes amigos con animosas expresiones? ¿el oidor silencioso que por el tedio o la desidia no tenía otra cosa mejor que hacer? Me importa un bledo lo que hacen los demás, lo que cuente de si se folla o no se folla a tal vecina, me importaban también tres pitos las caras de risas de sus amigos de excesivo rendimiento ante el narrador de sus heroicidades vecinales, prefería fijarme en realizar bien mi propia actitud, realizar el ejercicio de observador silencioso y desconocido procurando hacerlo lo mejor posible, en el peor de los casos observar la situación de reojo, pero poco más. Hoy desde la cafetería Mont elado recuerdo estos y otros recuerdos de la otra cafetería que nos rondan todavía por la cabeza, recuerdos e historia reales o ficticias que nos obsesionan y nos deforman la personalidad, de cómo somos capaces de llegar nosotros mismos a parecernos a esas obsesiones y deformaciones personales.
Sigo pasando el rato aburrido, pierdo la esperanza que venga alguien de Diario Jaén, tenía la esperanza de recibir algún contertulio para hablar de Barra siniestra, un ejemplo más esta obra de los múltiples exilios del escritor, yo le mostraría a Vladimir Nabokov mi experiencia de exiliado entre cuatro paredes, dos seres que se aman y se despedazan poco a poco, en un rincón mental creo ver a alguien con denominación de deidad, las bestias capaces de castigar a otras bestias, espejos enloquecidos de terror y arte, un comité de bienestar público para las largas estancias en el sanatorio, una frase demasiado sabia en el segundo párrafo del capítulo cinco. “....alguien está al tanto de todo”, deidad antropomorfa, la musa de las elegidas entre el resto con nombre de cigarrera.
Advierto que la cristalera del Mont elado que da a la calle es transparente, cubre todo lo que podía ser una pared inexistente, el contenido humano de la barra no termina de convencerme, lo siniestro vive en el interior, vive con nosotros mismos con un falso y extraño rostro halagador, visionamos los parroquianos sentados en las mesas todo lo que sucede fuera de la cafetería, emprendo esta vez un viaje iniciático desde el interior del café a la peatonal calle Federico de Mendizábal, pasan más mujeres solas que hombres solos, otras y otros circulan mezclados en grupo expresando cada uno su particular algarabía silenciosa que se mezcla con las sonrientes voces expresadas a la vez del resto, creo que no se escuchan entre ellos aunque no lo aparentan, van a lo suyo, exaltan de forma extrema y a nivel individual sus afectos, pienso en sus enmascarados vacíos personales, en sus ocultos desarraigos, en sus inconfesos deseos y pasiones, en la insidia silenciosa que existe al final entre unos y otros, tanta aparente buena relación cuando serían capaz de engullirse tras despellejarse los unos a los otros, las buenas relaciones no existen, por dentro de ellos mismos todo lo que tenga que ver con la relación interpersonal de su amigo más cercano es denigratorio, en la cara de cada uno de ellos se denota el esfuerzo que hacen para no ser los últimos o postreros en algo, todo un supuesto patrimonio de amistad inexistente en la realidad. Al final la relación acreditada es la más cercana, la no aparentada, la que viven un día y otro a pocos centímetros de distancia, los roces en los rincones, las miradas mutuas, el caer de los ojos del primero, el pensar en la vecina o compañera de trabajo que te follarías, desearás lo mismo que el resto, intento aplicarme el cuento sin poder, huir de tanta moralidad ficticia, es difícil reseñar un libro no leído en su totalidad.

LA POSTAL DEL FUTURO PAPA



Nadie se queda sin recuerdos, algunos se acuerdan, muchos menos los cuentan y muy pocos los transmiten transformados en textos, un camino para recorrer por nuestros ojos o aquellos mismos que fueron protagonistas, musas por voluntad propia, celestinas leyentes en el silencio, Raúl Cárdenas de la Torre en Onda Jaén nos habla de su libro Nubes de colores, pienso en Delirios en la arena que pronto vea la luz, Nubes de colores es también una especie de autobiografía de Raúl Cárdenas, la prescripción psicológica de la escritura como terapia de superación de vivencias, un desengaño del autor, desengaños también en los años de Cástulo, autoterapia escritora para subir a la superficie desde el propio pozo de los infiernos, quizás tuvimos el mismo psicólogo, nunca lo sabremos por la confidencialidad obligada del profesional curativo.
Mujeres trabajando en red, antes de apagar la tele descubro en Onda Jaén iniciativas desconocidas, mujeres apostando por algo, creadoras e innovadoras por el bien de los demás, nada que ver con las dependientas de El Corte Inglés antes de incorporarse a su puesto de trabajo en la Cafetería el Tren fumando como posesas, como si el mundo se fuese a acabar tras la chupada al último pito, espero la ley que me permita desayunar más pronto que tarde libre de humos y de otros fantasmas, cambio a la primera cadena donde veo un Josep Lluís Carod – Rovira entre otros esperando a pie de pista que descienda un papa del avión, el mundo evoluciona demasiado deprisa, las cúspides consentidas por los remeros siempre coinciden en la burbuja del poder, creo que es mejor no ver más televisión para no seguir siendo engañado, ya me lo decía hace décadas mi padre, “hazte político o cura con ambición de ser cardenal” así no habrá en ambos casos ningún republicano que se me resista, al final ni lo uno ni lo otro, seguir siendo mero oidor silencioso, posibles agujeros en la embarcación, no me gusta verlo hacer aguas, no hablo de sacrificios dinerarios de los remeros por la recuperación económica, es algo más cercano, tanto como lo es una grapadora o una caja de folios Din A4, descontento generalizado del remero que siempre fue fiel y ahora acecha con elección de castigo, por primera vez dicen no creer al jefe, el número de remeros es muy numeroso, eso es lo que me inquieta, más que los jefes acompañantes que siempre salen en la foto y puedan viajar por otros derroteros ajenos al nuestro, a los marineros no les gusta los cambios de definición en el diccionario, mareos legislativos de perdiz innecesarios que nadie entiende, y más cuando el horno dicen que no está para bollos.
Otra vez la religión, tuve que quitar la televisión, no fui capaz, veo el papa que dicen que pisa por primera vez Santiago de Compostela, la primera vez escucho de nuevo, el caso es que sí lo había hecho anteriormente como hombre varios años antes de ser papa, ser humano es una cosa y ser papa es otra, como humano vino y se paseó por el Camino de Santiago discrepando incluso con un hospedero de un pueblo de León, se busca una tarjeta postal que le envió el quizás aspirante a papa por aquel entonces al posadero anunciándole en la firma su futuro papado ya con el nombre de Benedicto XVI, ya lo sabía por lo visto, quizás su posible ego le hizo anunciarlo antes de lo debido, y eso que el actual de entonces y el ilusionante papable estaban bien entrados ya en edad, Ratzinger visitó Santiago en silencio, un desconocido clérigo que pocos conocían, una postal a la que ahora le siguen la pista, una postal que sufrirá una importante revalorización, una postal a la que a lo mejor fabricaron ya su inexistencia por si acaso.

EL MENTIROSO



C. Kesoi hablando de un relato le cuenta a Pablo González en sus minificciones La saliva del tigre, que una mujer es capaz de leerle el pensamiento a un conejo, tanto así cualquiera es capaz, no a uno, sino a varios, lo pequeño no es sólo hermoso, es fácil leerle las ideas, siempre a prudencial distancia. Leer a pesar de todo, es inevitable, recibo vía Chile con el posterior abono bancario del justiprecio las minificciones de Pablo González, he leído ya los relatos más cortos, uno de los más minúsculos es todo un homenaje al cuento y a los cuentistas, por su forma de narrar al autor le gusta lo que hace, hay que agradecerle esa actitud relatadora y su entusiasmo, aunque sea tras la fría soledad virtual que a veces nos comunica, La saliva del tigre entretiene en todo momento, si viniese a Jaén lo invitaría también a un buen arroz negro en la calle Maestra.

¿Qué hacemos ya el uno sin el otro?
Me imagino que aquel teléfono que de repente quedó en silencio habrás vuelto a oírlo sonar,has vuelto a la continuación de tu constante sosiego, monótono, uniforme y sin sobresaltos destacables, has dejado de vivir desavenencias y restregones con gente dañina, clandestina o proxeneta, volver a tu clase conformista de nulo riesgo antes de emprender la búsqueda de la persona que realmente amas. Lo más importante ha sido saber negociar las habladurías ocultar la historia, callar al mayordomo, que todo vuelva a su flujo ordinario, he soñado mi vuelta a Cástulo, un cuadro, sólo uno, un cuadro distinto, un triángulo amoroso del pasado, un encuentro, un saludo, una comida de bienvenida, tu vida en el recuerdo, un cuadro diferente, borrar el pasado, nuevo cuadro de desayuno en la cafetería Fleming, un triángulo amoroso ahora actualizado, un retrato tuyo si lo deseas, o de él, o los dos juntos, o los tres, una relación a tres, el buen hacer pictórico de Oliver Lyon, Everina no ve con buenos ojos esa pintura, sí el encuentro, llevaba años deseando volverlo a ver, sigue con su marido, él nunca tuvo que abandonar la ciudad, seguir viéndolo a diario viviendo su propio complot sentimental que desemboque en una especie de deshonores y falsedades, no soporta el nuevo cuadro cuando él vuelve, el mentiroso es su marido, el mentiroso es el furtivo modelo improvisado de Oliver Lyon, el Coronel Capadose, El mentiroso, sutil breve historia de Henry James, una historia compartida, las apariencias escondiendo las realidades más veraces.

DERECHO A DEFORMACIÓN



Diario Jaén dedica una página a la pintora de origen mexicano María Xochitl Espinoza, es de las últimas artistas que ha llegado a exponer en la Sala de Arte contemporáneo Cristóbal Bejarano en Cástulo. María Xochitl ha escapado a pesar de la noticia de toda influencia mediática, su única pretensión ha sido el buen hacer de sus manos buscando lo excelso y delicado gracias al óleo y al pastel. Cuadros con signos de hiperrealismo, pintura hiperrealista, suma perfección para hacernos confundir el arte con la propia realidad de su cuerpo como principal modelo de sí misma, artista y modelo todo en uno. Debería odiar sus cuadros por ser expuestos en Cástulo, ojalá su próxima exposición en la feria de artes plásticas de Reggio Emilia en Bologna gracias a la galería My Art y a la apuesta de Giusepoe Muscio aguante nuestro futuro disfraz de viajeros a la Italia más artística. Sus pechos pintados con una diana dibujada o su cara atravesando un reloj de cocina, la suposición del ser humano, imágenes vivas, la traslación de la realidad personal, social, familiar,… de los sujetos a la estática del colorido.
Otros personajes suyos aparecen con el rostro deformado e insustanciado, necesidad que no es por un casual, recuerdo que en mi época en Cástulo aprendí que los sujetos transforman su personalidad por propia iniciativa en provecho de satisfacer a la sociedad, los sujetos excluidos del sistema social como tal no tienen derecho ni a la propia alteración del rostro, quedar tal como son, sin ninguna legitimidad para dar a entender al resto lo que no eran, personalidad y faz estática sin derecho a nuestra propia ficción. Conocí con agrado a María Xochitl durante mis años en Cástulo, hablamos en ocasiones más de una vez, nada que ver con la pintura, tampoco del derecho a deformación de los individuos elegidos por sus desméritos.

LAS TEORÍAS SALVAJES



Las cosas había que tomarlas tal como venían, el periódico apetito de generación y las balas disparadas con silenciador provocaron mi expulsión del tranvía a mitad del trayecto en las inmediaciones de la Estación de Madrid de Cástulo sin conseguir nunca hacerme bajar y poder completar el resto del recorrido agazapado bajo mi asiento con un folio en blanco y un bolígrafo bic como único kit de supervivencia, mi interlocutor no parece dar crédito a mis palabras mientras saborea sus café, le empieza a temblar la mano derecha con mi relato, temo incluso que sea víctima de algún inesperado desorden emiliano ante la negra historia. No cuadran las cuentas de los viajeros del tranvía, no se apean en el recorrido el mismo número total de los que suben desde el cauce o arroyo de los andenes, datos que se repiten un día tras otro, pregunto a Emilio en el Mont Elado donde me había invitado a tomar café por ser miércoles para leer el suplemento cultural Paisajes de Diario Jaén sobre si son más los viajeros que se suben o los que se bajan, son más los que suben me responde, un principio extraño de incertidumbre estadístico, pasajeros elegidos para un viaje permanente que disfrutan no sólo del paisaje de las calles de Jaén, también de los habituales letreros publicitarios del tranvía sobre rebajas en grandes almacenes o grandes superficies, de objetos como el tirador de la alarma o las metálicas barras de ayuda al sostenimiento bípedo, de la lectura de actos vedados como el prohibido hablar con el conductor, prohibido viajar sin billete, prohibido intentar abrir las puertas en marcha, prohibido llevar animales, etc.; o de rótulos informativos tales como los de derecho a reserva de asiento a mujeres embarazadas, ancianos de edad avanzada y otras personas lesionadas o en evidente estado de embriaguez, hacer literario de uso moderno pensando en el bienestar de usuario, pocos son al final los que se bajan con tal oferta de lectura, nula perturbación del orden y disciplina de grupo que evitan la riña y confusión creada.
Emilio se explica bien, conoce mejor que yo la vida y costumbres de los usuarios del tranvía de Jaén. Pido un segundo café, mi amigo lo rechaza, no está preparado para los habituales desórdenes emilianos más en un céntrico café de la ciudad, la lectura de Paisajes se demora ante las desconcertadas charlas sobre otros temas objeto de la invitación de la que era objeto este miércoles, era el invitado de la semana, nos han dado veinticuatro horas para elaborar un discurso panegírico sobre las lecturas recomendadas del suplemento del día de hoy, nada de absurdos ladrillos, le comento pasajes del último libro leído, no habrá mucho tiempo pero lo intentamos, él escucha mientras hablo, una argentina escritora que además está muy buena, una aprendiz de las letras que tuvo que empezar de forma incomprendida, la lectura del libro como no fue real tuvimos que improvisar, le miento a Emilio, novelarle una novela para sacar adelante el encuentro y agradecerle la invitación, no me fío de los amigos, creemos conocerlos hasta el día de la sorpresa, máscaras y desconocimientos desprendidos de golpe, no leemos siempre a nuestro amigo con tota la atención el hecho requiere. Emilio me contempla, sabe mi pasado como paciente en el Sanatorio Mental de Cástulo, parafraseamos a Pola Oloixarac en Las teorías salvajes: “....la concha.....que segrega capas de calcio alrededor de la película mucosa que la lubrica......al cabo del tiempo ésta se rompe y el molusco regresa a la deriva.....”, forcejeos sexuales para determinar el nacimiento de la protagonista, estamos aquí vivos tomando café en virtud de un forcejeo le comento a mi amigo, en virtud de uno o de varios me comenta, forcejeos proyectados sin ánimo de provocar nacimientos le comento yo, por puro vicio y placer, nos salimos del tema, como no hemos leído todavía Las teorías salvajes ignoro en mi caso si la autora se basa en su propia autobiografía para narrarnos su obra, sus primeros amores, sus primeras adolescencias, sus primeros polvos,.... Pola Oloixarac no te deja respirar, te invita al despiste, acaricia al lector para que nos dejemos llevar buscando cada vez más, el privilegio del sexo para los guerreros, un guerrero en el Sanatorio Mental de Cástulo, el miedo nunca se supo cuando apareció, esta noche buscaré su blog, inventaré un encuentro con Emilio en la soledad del café, no llegó nunca a desprendérsele la careta, simplemente no vino, nunca estuvo aquí conmigo.

UN HOMBRE QUE DUERME



Un hombre que duerme
no es sólo una novela de Georges Perec, es alguien con cuerpo de mujer que viaja en el tranvía que no se ha bajado en su parada al quedarse dormida, la lectura de Perec como inducidora de ligero sopor suficiente para evadirte del recorrido del tranvía, la lectura que llevo entremanos desatendida por la desconcentración lectora que sufro como pasajero con mi nueva compañera de viaje.
En Babelia Enrique Vila – Matas me dedica un particular, subliminal e inmerecido homenaje sobre el fracaso, mi compañera tranviaria ha cerrado Un hombre que duerme justo al despertarse en la Plaza de la Concordia, se ha percatado en silencio que se ha pasado de parada, se disfraza de darle todo igual, de permanecer conmigo el resto del viaje sin buscar nada a cambio, sin confesión alguna de secretos prohibidos, contempla por la ventanilla las calles de Jaén, ha sufrido un fracaso leve con el olvido de apearse, nada que ver con otros fracasos, mi fracaso en Cástulo, fracasar donde nadie fracasó, musas literarias que transforman sus víctimas en los mejores prototipos de sujetos derrotados a perpetuidad. Mi compañera de viaje viaja ya despierta, o me ha leído el pensamiento o en algún momento se convirtió en pasajera lectora por encima del hombro mientras leía a Enrique Vila – Matas en Babelia decir que el fracaso antes te daba prestigio, ahora es una dura y amenazante derrota.
El tranvía sigue su curso descendente, dos desconocidos viajeros vivenciado el fracaso como extraños pasajeros, Samuel Beckett aconseja a sus actores al poner en escena su obra que fracasen, pero que fracasen mejor cada vez, el fracaso como resto artístico, mi fracaso es un fracaso fracasado que me ha hecho creer en las musas. M me comentaba el otro día en una marisquería de Sabiote que nunca le agradó mi musa elegida, actriz guapa pero de diversos papeles en la misma obra, espíritu de maldades quizás ocultos, no te fíes, un bello cuadro de costumbre al estilo de Vermeer, M sin rubor admira a mi actual pasajera que ha preferido no apearse del tranvía, un viaje compartido, viaje por fin sin revisor o interventor amante de las astucia, las trampas, la ilusión y los murmullos apagados que sueño a veces verlos viajar de un vértice a otro en diagonal atrincherado en un aparente silencio y diálogos bucólicos tras su tabique pleno de pinturas de graffitis honestas y decentes, cuando deja de adoptar como decana de esos muros grafieteados sus papeles prohibidos de mención.
Un hombre que duerme se deja leer, no comparto el que sea la gran obra silenciosa de Georges Perec, tampoco su fracaso literario, el término medio debe ser propiciado para la cuestión. Al terminarlo recuerdo aquellas sombras furtivas que vivían en el sanatorio, mi compañera de viaje en el tranvía es la mujer sin sombra, no parece lucirla, la miro cuando parece que va a volver a dormirse y llegar así hasta el final del trayecto, su silencio y cerrar de ojos hacen volver los emocionantes recuerdos trasnochados e impalpables, maullidos de placer en el silencio de la tarde, espejismos que atraviesan el jardín, reuniones invisibles en los rincones de la celda.