Intento consolarme sin salir de la ciudad, buscar un abismo distinto sin dejar ninguna de las páginas, sean en blanco y o redactadas por un compañero de trabajo destinado y residente en Sevilla, Javier Mije durante sus ratos libres cultiva el campo de las letras como el que más al publicar El fabuloso mundo de nada, en este último libro de relatos escarba en las cenizas de la pareja de una forma un tanto peculiar, desciende al infierno literario de no de forma traumática sino dejándote el pensamiento abierto al extensivo infinito contemplado en un espejo sobre la relación entre hombre y mujer, te provoca de forma automática e impulsiva el intento de adquisición del primer libro de cuentos que escribió. Este resucitador del Larsen de Juan Carlos Onetti conserva todavía la estimación de hablar en privado con el lector, no entiendo como otros escritores que empiezan se hunden en su propia mediocridad guardando silencio con los posibles lecturibles o practicando una especie y absurda selección de amigos con los que sí hablar aunque nunca lleguen a vivir un conmovedor encuentro, intentar huir de una prostitución gratuita congelando al quedar fuera de contexto algún posible beneficio. La literatura es una obra mecánica para sobrevivir, para salir del poso, para contemplar el abismo que separa estos dos lugares serranos que nos esperaron este fin de semana, donde con retraso y con el bullicio cervecero se tenían que haber entregado los regalos y juguetes de los reyes magos.
Un relato favorito que vuelvo a releer es Evaristo Carriego de Jorge Luis Borges. Evaristo llegó a ser poeta y tertuliano de cafetería, el protagonista hubiese esperado en el Café la Antigua con las historias como testigos del encuentro, cuando llego al lugar no encuentro a este protagonista convertido en autor gracias a su amplio poemario, igualmente para salir del paso imagino a Evaristo sentado en los sillones al fondo del local, pienso de forma ilusa en una fotografía suya para convertirla en imagen real de forma accidental aunque sólo fuese para que tomase café conmigo sin estar presente de verdad, no se trata de ficción, Evaristo Carriego fue creado por los suburbios, ahora lo que se trata es de cubrir el encuentro de alguna forma aunque parezcamos tripular un bote invisible, interpretar conmigo Evaristo una posible estancia para explicarme la experiencia de haber duplicado su fama gracias a su transformación en personaje por la pluma de Jorge Luis Borges. No deseó por las dimensiones del local interpretarme un tango con letras fastidiosas, se sabe que toma café en Jaén y desea que su breve estancia ficticia deje buen sabor de boca, aporta un voto de favor a las últimas iniciativas municipales a pesar de la crisis de sacarse la música a la calle, la ciudad no puede vivir sólo de los tranvías que pasan por las aburridas esquinas, la ciudad necesita algo más, que las letras sean escuchadas por las aceras y las canciones interpretadas por todos los rincones, que salgamos del enloquecimiento personal que vivimos provocado por el aburrimiento de nosotros mismos. Acaba con Cástulo, conoce bien la ciudad, se siente partidario de los pasados personales, de unos más que de otros, su poemario nunca contempló el nombre de este lugar, ahora le pone letra a su recuerdo antes de decirnos adiós, el tango se baila todavía en lugares prohibidos para algunos:
Las estrellas que Dios cría,
Sin tener más compañía
Que su delito y las fieras.
Evaristo Carriego
4 comentarios:
No conozco ese relato, en realidad a Borges lo he leído poco. Pero qué hermoso sacar la música a la calle.
El sonido de las notas acompañando la vida de la ciudad.
Un abrazo
¡Ah, y gracias por tu visita!
Otro.
Un fin de semana más estoy por aquí. Navegando entre tus cosillas. Genial.
Saludos y un abrazo.
El tango puede que sea lo más literario de la música entera.
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