Camino del Purgatorio

Antes de bajarme del tranvía recuerdo que no le hice ningún caso al Imitador de voces de Thomas Bernhard, lo llevaba conmigo, en su día fue una venta virtual algo incierta por demasiados lectores, el mismo librero que me lo vende eleva a Bernhard a los altares literarios, pero no por El Imitador de voces, sino por cualquier cosa menos esta última. Igualmente como es liviano y de poco volumen lo llevo en el bolsillo del chubasquero para ir leyendo en las posibles colas, esperas o trayectos que tenga que realizar durante la jornada que al final resulto ser demasiado despistada, no he podido leer ni una letra del libro, menos mal que llevaba otro de reserva.
Seguimos en tiempos de hipotética guerra en la novela de Esquivias mientras algunos siguen aspirando a su particular purgatorio, los de la paz hipotética no entran en la sociedad presidida en muchas paredes por los retratos de los generales, todavía recuerdo que en democracia quedaba en los cuarteles de Melilla el retrato del algún general que otro. No gustar porque alguien te guste, lo peor viene cuando la que no le gusta y la que no gusta no se gustan entre ellas, el pensamiento hace mella, el problema de las relaciones entre amigos, vecinos y compañeros es cuestión de la correcta aplicación de aquellas preposiciones que estudiábamos en la EGB, nos hacemos nosotros víctimas de nuestros propios descerebramientos, el pensamiento nos traiciona, no escarmentamos al experimentar de nuevo las mismas premisas. Sigo con la parte final de Inquietud en el paraíso de Óscar Esquivias, las primeras detenciones por el contorno del pensamiento, dos épocas distintas que acaban mal de alguna forma, la chusma por un lado y los buenos cristianos por otro, unos son unos y otros son otros, pero el viejo oficio del mundo pasa de puntillas sin provocar escándalo también en esta época, sobrevive y sigue siendo necesario. Literatura que sin ser comedia lo parece, la situación del argumento todavía sigue iniciático a pesar del recorrido hacia el purgatorio que acaba de empezar, un extraño, jocoso y divertido viaje en días de terror.
Antes de llegar a la parada cierro un libro y abro otro, leo víctima de la obsesión personajística sobre la idea que me proporciona Bernhard respecto al aburrimiento de los pésimos lugares, que sea cada protagonista el que escriba el papel a representar en su propia comedia, nos hacemos más viejos, más maduros, el pasado lo vemos cada vez más misterioso y confuso, la belleza nos sigue deslumbrando en la distancia, el tranvía se detiene, no puede seguir su recorrido, una bolsa de hielo se ha acumulado en los raíles, costará trabajo reanudar la marcha, no sólo es el tiempo pretérito, también yo me veo más confuso, como si residiese más en Cástulo que en Jaén, aunque aquí no pienso en el pecado. Cuanto daría por pillar esa pequeña ciudad por sorpresa. Nada que hacer. Nubes y aullidos. El verbo todavía no se hace carne.

6 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

A mí me gusta que la carne no se haga verbo.
Por otra parte, el final de la novela de Esquivas es una sátira demasiado real, incluso ahora que ya no hay Purgatorio.

Lansky dijo...

me han hablado muy bien del libro de Esquivias

Lansky dijo...

Por cierto, tengo entendido que los del Vaticano se han cargado el purgatorio (véase tu título) y que ahora es sólo un ardor de estómago, no un lugar

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Ya me quedé a las puertas del Purgatorio...cada cual se "purgó" a su manera.....el final genial...un abrazo amigo.

Merche Pallarés dijo...

He leido varios de tus posts y es un placer descubrirte. Tu escritura es muy original, sencilla pero barroca al mismo tiempo. Muy curiosa. Besotes, M.

Juanjo dijo...

A veces pienso que hay muchos purgatorios entremetidos en nuestras vidas.