Al llegar a casa vuelvo a Don DeLillo, me leo el segundo libro con una especie de desconfianza y aburrimiento, pienso abandonar su lectura, pasar a ojearlo disimuladamente con prevención hostil, la literatura americana, la del norte digo, no me acaba de convencer, el que repase este lugar que avanza diariamente sobre un terreno cada vez más seco, se dará cuenta de que no leo ni hablo de autores de América del Norte, prefiero la literatura europea o americana pero de más hacia el sur, literatura que te explica y narra, la que menos te dialoga y no te traslada casi siempre a agobiantes metrópolis o a esa carretera con ranchos cercanos rodeados de campos de algodón. Me gusta retrotraer a la mente otros tiempos y otras épocas con la literatura, con Don DeLillo no lo consigo aunque no todo está perdido, la primera frase de Cosmópolis de un tal Zbigniew Herbert lo consigue.
La rata deviene moneda de curso legal
En la primera página del libro en sí ya casi me obliga de una vez a cerrarlo ante el fantasma de Cástulo. Era cuestión de silencios, no de palabras. Don DeLillo intenta de nuevo seducirme con estas frases sin apenas transcurrir páginas, van a tener razón los comensales que compartían conmigo el día de año nuevo en el Restaurante la Tramoya de Barcelona sobre mis deprimentes gustos literarios.
Estamos aquí para celebrar el día de año nuevo y esperar a ver si aparece Vila – Matas.
Comemos en la primera planta, un ventanal en el chaflán del edificio nos hace disfrutar de la vista urbana de Gran Vía y Rambla de Catalunya, medio día de frío y sin lluvia, en vista de no aparecer el escritor debatimos sobre las impresiones causadas por la diferente influencia literaria de las musas, sean estas musas del sexo o musas de la muerte, terreno pantanoso, es normal que prefiera a la primera, además en mi caso ella lo sabe que es la preferida, me gusta explicarme por mí mismo, les digo que me gusta tener familia, amigos, compañeros, siempre me ha gustado disfrutar de su compañía, y más en una comida como la de hoy, esforzarme en relacionarme de forma positiva con todos, no soporto tanta maldad atmosférica, recuerdo otra vez el silencio de las ovejas, los sistemas no autónomos de obediencia, las campanas que repiquetean cada vez con menos fuerza, el sonido ya no es lo que era, ahora ya ni tocan, se les fue todo lo que tuvieron.
9 comentarios:
Bueno, tus prevenciones a la literatura de América del Norte (no se si incluyes a Canadá y a México, pongamos que no) te priva de clásicos geniales como Poe o Thoreua o Chandler o Dos Passos, y ahora de gentes como el propio don deLillo, Updike, Pynchon, Doctorox, Stegner, McCarthy, Wolf, Bellow...No sigo, me pareces como esos vegetarianos, pobres, que no prueban el jamón.
(Está bien esa literatura en drecto de tranvía, yo hoy hablo del metro, que allí no tienes)
Un saludo
Bellow sí, Poe también, otros que dices todavía sin descubrir.
^Pynchon es una estafa.
Sin hablar de Salinger, Ford, Cheever o carver.
Saludos.
PD: a mí, cada vez me gusta más leer libros escritos en español.
El Pynchon actual efectivamente es algo estafa, pero no el setentero de 'El Arco Iris de la Gravedad'. Hay dos Pynchon (y uno ha matado al otro)
La práctica de la literatura en directo es tan sana que podría obtenerse el alta en el sanatorio de Cástulo.
Sobre gustos literarios, hay tantos como forma de desgustarlos.
Miguel
Me encanta ir desgranando cada frase para intentar averiguar lo que quieres decir... Solo tengo un libro que he sido incapaz de leer "Mujeres que corren con los lobos" lo compre con ilusión para absorberlo como suelo hacer, pero lo que iba leyendo mmmmm me lo impedía y decidí cerrar página y pasar a otra cosa. Besitos
En algunos pueblos todavía es posible escuchar el sonido real de las campanas, y yo creo que cuando suenan a duelo la tristeza penetra más profundo que con cualquier otro medio.
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