Escenificación en la brisa

Con el riesgo de parecer algo exhibicionista o presumir de ofrecer al resto lo más íntimo, pienso sobre la posibilidad de buscarme alguna amante entre mis personajes. De los sujetos simbólicos con los que trabajo me atraen algunas cosas, las que más son las que aportan alegría y bienestar a los sentidos, muestro una miaja de entusiasmo ante estas sensaciones, pero buscar el enamoramiento de forma provocada no es tan fácil, tengo que pensar qué partes o formas gratas de su cuerpo me gustan más, como solución debería quizás intentar vivir una de las escenas de la película deseada por ella. Nos vemos los dos en las rocas junto a la playa, el regocijo es más absoluto que los anteriores instantes de la imaginación, la realidad se vuelve precisa y cuando la veo conmigo el pulso se me dispara, se me ofrecen sus lisuras, pliegues, elasticidades y rincones lampiños, el unir sus labios a los míos, el trazar un camino táctil con cambios de rasante que nos haga aumentar el estado de tensión hasta por fin llegar al destino, que su tacto sea el tramoyista que altere la cantidad y el tamaño de la acción, diseñarla en tu folio con el alma totalmente desalmada y desarmada para dejarse hacer sin ninguna prisa, pasar a ser testigo de primera fila de aquello de lo que tanto se ha hablado y deseado, busco en la escena real todo lo contrario a la narración de la historia, dejar el papel de ser un fantasma perseguido para pasar a poner tu cuerpo en estado de actividad sin ningún tipo de prejuicio al no imaginar otras historias o personajes secundarios reales que puedan afectar en sentido real o figurado a la historia que tenemos entre manos en las rocas, sólo esos tristes espectadores que abonaron la entrada que siguen ahí permaneciendo en silencio en la arena y sentados en su butaca rodeados del decorado, visionando el acto con gestos unísonos que certificarán con el aplauso agradecido el nivel de deseo.
A mitad de la escena le propongo que nos hagamos alguna fotografía, congelar la escena y convertirla en el instante preciso, que enriquezca el patrimonio del pasado, lo único que existe, el futuro y el presente no son nada, no existe otro sentido del tiempo, por eso los dos somos animales nostálgicos, tú más bien en silencio cuando no te ven y ni te escuchan, que quede constancia de nuestra representación teatral, un primer punto de partida para una muestra futura, que el vacío de esos años quede relleno de contenido.

9 comentarios:

Céfiro dijo...

Y qué razón tienes en eso de que no existe otro sentido del tiempo. El resto es humo y es hilarante. Futuro y presente.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Lomalo de buscarse un amante entre los personajes, mes que suelen irse al final de la novela con otro.

José María Souza Costa dijo...

Holla...
Pasei acá leendo en su espacio agradable, y muy bueno, con todo mí cariño.
Yo ti deseo un Tiempo Armonioso, y di mucha inspiración. Deseo mucha Paz Espiritual, en 2011.
Yo tengo un blog mucho simplón, y estoy invitando a visitar el mi blog, y sí posible vamos seguí juntos por ellos.
Sera un placer. Estoy mucho agradecido esperando vosotros la
Un fuerte abrazo, y fica con Dios !

Toni Sagrel dijo...

Escenificar debe ser rebuscar para encontrar un lugar, una plataforma, el personaje en cuestión y la escena donde vilipendiarlo públicamente. O edulcorarlo.

nueva gomorra dijo...

Gracias, Jesús. Siempre dando ánimos. Un abrazo.

Lansky dijo...

si te escribes un amante procura que esté bueno/a y que no lo sea.

La paciente nº 24 dijo...

El presente lo es todo; porque es el único lugar donde se vive para siempre.

[La idea no es mía pero no recuerdo de quién]

Dr.Mikel dijo...

Es el toro o el torero, quien esta enamorado de la luna??

Juanjo dijo...

Las amantes son algo perfecto para el presente. De ahí que, aparte de crear a tu amante, me parezca una gran idea fotografiarla.

En cambio, el futuro es aciago con ellas. Estas cosas se hacen, pero no se piensan.