El café de Aulabar

Es inevitable combatir el absurdo vicio el de escribir en las terrazas de las cafeterías de Aulabar con las impresionantes y vertiginosas vistas a las separadas localidades por sendos barrancos Solera y Bélmez de la Moraleda, escribir para expulsar el veneno moral acumulado por la vida de condena, el fracaso como compañero de arte. Mientras repaso la lectura de La calle Fontanills de Juan Antonio Massoliver Ródenas me da por pensar que este escritor quizás no exista, que sea un negro producto de la invención de Enrique Vila – Matas para mostrar al lector lo más nostálgico del relato delirante y absurdo, personajes creados por un protagonista que hace de escritor aunque alguno de los primeros tienda a confundirse con el verdadero escritor referenciado.
La imagino subiendo por el arcén de la carretera hacia la aldea de Aulabar en la que me encuentro descansando unos días, un lugar al que nunca iba a llegar a ese paso de ascenso con su negra falda ceñida, nunca iba a coronar la cima entrando en la aldea en cuya terraza tomo café esta tarde, la imagino totalmente herida de amor huido como relataba Federico García Lorca. Entre tanto me siento una especie de intruso en este pequeño pueblo de artesanos sin futuro e insidiosos jugadores de chinchón en el bar junto a la iglesia. La creo ver cada vez más cerca, me hace recordar con la contemplación a lo lejos de su ascensión una época de exilio con el enemigo cerca. Había soñado con ella esa noche, había vuelto después de varios años al Sanatorio Mental de Cástulo como paciente sano y salvo, me la encuentro en el mismo lugar de siempre, hablamos, me pone al día de todos los murmullos del lugar, el momento más grato de la visita fue cuando en el mismo sueño me mostró esas zonas privadas que no llegó a enseñarme nunca, fue el instante más agradable y complaciente, imagino el recorrido de esas dependencias ocultas que siempre mantuvo en perfecto estado de protección hacia mi persona, romper lo insoslayable de los entrantes, un camino sin espesura difícil pero no imposible de recorrer, un retroceso a la época de la miseria y de absoluta impotencia que una visita onírica como la de esta noche me ha hecho mejorar el recuerdo, la huida de la soledad ad infinitum, pienso otra vez despierto en ese bollo de harina que me ha servido el camarero aquí en Aulabar con el café, por el efecto del ambiente se vuelve jugoso y más dilatado justo cuando está a punto de ser ingerido, la crema del café se torna más espesa por la espera, dejo a un lado los anteriores pensamientos cuando llega ella junto a mí tras la subida, estaba exhausta por lo empinado del camino.

Tienes que volver a Cástulo aunque sea de visita.

Le pregunto si ha comprado mi libro, si lo ha leído, no contiene ninguna frase hecha. La observo otra vez, pensaba que no iba a llegar nunca a la aldea, fue desesperante e interminable el café. En el sueño había desaparecido como habitualmente ocurre con los buenos sueños, que siempre te despiertas en el mejor momento, y más cuando estaba descubriendo esos lugares que nunca me mostró. Ahora la tenía junto a mi presencia, mucho mejor que verla en sueños, en vista de que no quiere saber nada del libro opto por contarle el contenido del sueño de esta noche pasada que todavía me traigo entre pensamientos. Se gira y mira hacia la montaña que todavía se elevaba más por encima de al aldea.

¿No te gustaría ir de excursión y ascender hasta a lo inaccesible?

Me sorprende la pregunta, podemos esperar hacia el anochecer, a veces tras un cuscurro antes de la penumbra y esa espera puede convertir el camino en más asequible igualmente me sorprende el conocimiento de las veredas y senderos de la zona de la recién llegada.

¿Y si vuelves a soñar conmigo otra vez como anoche?

Al despertarme en el Sanatorio de Cástulo tras dormir profundamente por efectos de las pastillas no reconocía si había soñado con ella visitándome en el café de Aulabar, o era yo que regresaba a Cástulo como visitante a conocer esas partes que nunca logré descubrir, igualmente me la encuentro al amanecer, la veo como todas las mañanas, el eco de su invitación me ilusiona percibirlo todavía en estado de vigencia, sé que la lectura de La calle Fontanills de Juan Antonio Masoliver Ródenas me había desconcertado, ha permanecido toda la noche en la mesita junto a mi cama, ella se fija en el título por si le da por pedírmelo prestado, no sería el primero, se sienta en un taburete, permanezco de pie.

Pienso que estoy a punto de descender a lo inaccesible.

13 comentarios:

Cornelivs dijo...

Gracias, amigo Jesús.

Un cordial saludo.

Juanjo dijo...

Pienso que hay lugares a los que no merece la pena volver. Incluso personas. Aunque se sienta una gran tentación por el regreso.

trilceunlugar dijo...

Me encanta tu blog.

Antonio de Castro dijo...

Se puede regresar a un lugar del que nunca se ha escapado? Se puede escapar de un lugar que solo hemos visitado en nuestros suenos?
Un relato compacto y complejo que nos acerca a lo inaccesible, a esa otra realidad que se solapa con la nuestra.

Lansky dijo...

Sí, eso, ¿se puede regresar a un sitio al que nunca has ido? Yo creo que sí, creo en esa sensación

Anónimo dijo...

Volver a ese Linares o cástulo. Todo depende de si JG logró realmente escapar de allí.

Lansky dijo...

perdona, JG, he suprimido de momento el post en el que has comentado, pero cuando lo reedite dentro de dos días aparecerá d enuevo tu coemntario sobre Marilyn.
Un saludo, madrugador

Miquel dijo...

Siempre estoy en lo inaccesible, al frente del abismo. Solo he de dar un paso al frente.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Por aquí ando, haciendo una visista de tarde. Paseando entre tus cosillas. Y como siempre encantado de haber pasado por tu casa.

Saludos y un abrazo.

Makeda dijo...

Quizás ninguno salio del todo y es ella quien lo soñó,quizás también leyó el libro ..que manera de escribir,me ha gustado mucho,sobre todo el principio,también creo que las terrazas,las vistas y escribir..conduce a lo inaccesible. Un saludo.

Odiseo de Saturnalia dijo...

¿Y cómo se sabe que se regresa a un lugar en el que nunca hemos estado?

Elena Lechuga dijo...

Lo inaccesible. Lo que Lacan llamó lo Real. Lo que Freud dijo del inconsciente. Lo que los hombres dicen de las mujeres y las mujeres del amor. Lo que dicen los protosereshumanos, no lo sé.

Los recorridos, en función de las pieles. Siempre fue así ¿no?

Saludos

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Escribir al borde de varios barrancos tiene la virtud de que la tarea se convierte en necesidad de vértigo.