Podemos encontrarnos con expediciones que se convierten en un modo de vida, más cuando lo monótono les va dejando vivir, otras veces en otras situaciones ya consabidas no te dejarían ni respirar, las dificultades sirven para imaginar las vías de escape, las comparaciones odiosas como siempre la ciudad de Burgos no es la de Cástulo y la de Cástulo no llegará a ser nunca la de Burgos a pesar de que ambas puedan aparecer o haber aparecido ante los ojos del resto como amablemente peligrosas, no quiero comparar, pero poco ambiente laico fuera de lo castrense y religioso, lo castrense con textura de vinagre, a veces por los diálogos se confunde la cosa y parece todo un mismo unísono a pesar del discurrir normal de la guerra ¿o es guerra fría? Todo parece ser una pesadilla, el pasado de ambas ciudades puede ser tal, Burgos se recrea en su propio argumento como si viviese su particular patio escolar donde sus habitantes a veces no saben donde están para así tampoco saberlo mucho menos el lector, personajes que viven gracias a su actuación como tales más adentro que en las letras de Óscar Esquivias en
La ciudad del Gran Rey, mención de la libertad, el sentirse libres gracias a esa actuación, son liberados de forma más acentuada por el propio escritor.
Infiernos de soledad, vuelve Cástulo a la imaginación, los buenos la crean, la elaboran, te la plantean y ofrecen cada mañanita sea del mes de abril o no lo sea, todo para que la vivas y la disfrutes, tenemos la duda hipotética de cómo alguien aparentemente bueno crea un infierno a la vez que el cielo, o lo uno o lo otro, buen énfasis de Esquivias para el discernimiento de ese debate que por el ficticio aquel entonces también debatían algunos de los personajes, otros cielos serían cada una de las dos oquedades prácticamente juntas de tamaño desigual y que en algunos casos el mismo oscilaría según el caudal del arroyo interior de una de ellas.
Morir en vida, los habitantes viven en un lugar donde se supone que sólo se va en estado de óbito, están vivos pero están muertos, en cuatro grises paredes puedes ser condenado a morir en vida, mientras, ellos sufren, viven, presienten, les surge la duda de si morirían algún día si su permanencia fuese redundantemente permanente.
Días diferentes e iguales a su vez, calor y frío uno sí y otro no, el unísono de estas magnitudes no es agradable sufrirlo con la única visión satisfactoria de sus contornos y esa ventana que daba al patio de ese viejo hospital, el purgatorio es así.
15 comentarios:
es cierto , muy cierto !
que terrible incognito el purgatorio , me he quedado pensando en eso !
Un beso
Creo que el purgatorio nos rodea de vez en cuando. Sobre todo en esos momentos en los que nos hacen sentir culpables por hacer lo que nos gusta, mas que ná... Un beso
Jesús Garrido, ¡gracias por tu visita a mi blog! No había caído que eras el maravilloso y excelente escritor J.G. Besotes, M.
Narras como pocos en estos lares.
Una sorpresa grata la mia!
Besos
Cita
También hay ocasiones en las que se hace de la expedición el modo de vida, una forma de mantener en cartel la misma función cambiando el decorado.
Saludos.
Se parece más a un pre infierno.
Magnífica prosa.
un abrazo
Cierto
muy interesante
El hospital es el purgatorio. Difícil que el infierno sea peor.
Quién no es muerto en vida...
Al final, solo vestigios.
Más saludos aún.
Cada uno tiene su propio purgatorio, al igual que su propio infierno, mientras estamos vivos.
Besitos.
interesante comparación con la ciudad de Cástulo, que tuvo en una época lealtades cartaginesas.
Gracias por tus buenos deseos en mi blog por mi cumpleñaos. Bienvenido siempre.
Saludos
seguramente estemos ya purgando no nuestros pecados sino los que cometieron nuestros ancestros...salud
La vida no es más que una expedición que nos deja, de vez en cuando, un respiro.
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