La segunda salida

Hoy ha tocado ir al teatro, no vamos mucho al teatro, deberíamos ir más, sobretodo cuando se representan obras que suelen versar sobre lo divino y lo humano. La atmósfera es halagadora y atrayente para casi todos con las falsas apariencias que están dispuestos a contemplar en virtud del derecho que les da la entrada, todo es artificioso y con fines única y exclusivamente representacionales. El paisaje urbano se contradice en sí mismo, Burgos al igual que Cástulo también es amable con esa mezcla que esconde una violencia invisible, al lector de La ciudad del Gran Rey le da que el comandante sea otro y Galaz el cabo que al parecer y dentro de los límites del libro nunca llegará a comandante. Para problemas otros, más los de carácter monetario que se vuelven absurdos sobretodo para los exciviles al igual que otras divertidas situaciones comunes a ambas ciudades como las purezas y las impurezas, no sé si carnales o de pensamiento, ambas tienen su punto de morbo. Gracia me hace lo de exciviles, exmilitares sí me suena el término, el otro no.
En Cástulo el efecto realidad atrapa al turista que llega a la ciudad, se orquesta la situación por escrito, no falta ningún actor, cada uno estudia su papel, el espectador nunca necesitará buscar la sensación de realidad en otros lugares, le saldrá gratis la representación por el hecho de residir en Cástulo, no hará falta que abone cantidad alguna por la entrada, cada miembro recibe su libreto, tienen pocas horas para aprendérselo aunque dos de las aparentes actrices se saben el papel de memoria, más por la inercia prefabricada que por la calidad literaria de la obra de teatro. El público turista no sale de su asombro, contempla todo enrevesado sin moverse de su asiento, los espectadores de la ciudad permanecen juntos con ellos en la platea, son estos últimos los que conocen el guión de sobra, los que llegaron a la ciudad en visita turística no, no saben de qué va la obra, quizás le han comentado algo sobre el argumento, pero no han asistido a la función, todo al contrario que los habitantes de la ciudad que conocen de sobra la obra a pesar de haber acudido nunca a visionarlo o haberla leído primero.
La protagonista posee un carácter turbio y dolorido, igualmente y tal como contemplo en el escenario tiene una gran habilidad para convocar comidas con tertulias discretas en las que apenas intervenía, permanece muda casi todo el tiempo, sólo se reafirma verbalmente a la hora de señalar quiénes eran los mejores situados para que rodaran cabezas a pesar de que la mayoría eran amigos comunes a ambos comensales, igualmente y por exigencias del guión me da la impresión que existe tanta armonía entre esos amigos seleccionados que cada uno de forma individual se percata de la separación con el resto, reconociendo según mi parecer al ver el rostro de los actores que no serían los mismos si siempre hubiesen permanecido más o menos unidos en la apariencia. Con el transcurrir de la obra me doy cuenta de que la representación teatral no iba a ser muy prometedora, poco le servía a la protagonista principal a la que todos obedecían, apiadarse por menos de unos pocos y menospreciar a aquellos que le otorgaron más. El escepticismo del espectador no se transforma en ninguna clase de apasionamiento, otra de las protagonistas expresa distinto frenesí según fuesen sentimientos matrimoniales o no matrimoniales los que iba sintiendo con el transcurrir de los días.
Al terminar la función y justo a la salida es donde se descubre por obra y magia de Óscar Esquivias que los turistas no eran tales, estaban disfrazados, así tenían más fácil el pasar inadvertido que no conocieran las costumbres locales, en este capítulo de la novela a pesar del vació urbano los protagonistas optan por el disfraz para disimular su incultura local de Burgos, el turista que llegó al teatro de Cástulo simplemente no quería desvelar su desacuerdo con la realidad, no tenía más remedio que vivir a diario, no mezclarse con el espectador local que cierra los ojos y se deja llevar, igualmente, tanto en Burgos como en Cástulo el disfraz y la careta podía ser elegido a la carta.
Cuando ya se han ido todos bajo a la plaza de San Francisco, contemplo el buzón de correos, Burgos y Cástulo tienen unos buzones que simulan cabezas de leones que rugen, destrozan y escupen aquellas cartas con insuficiente franqueo, también su aspecto y atmósfera cambian de aspecto sin salir de las mismas, da igual que estemos fuera o dentro del teatro, y en su interior sea el escenario o contemplando la actuación desde la platea, unos y otros se acaban encontrado de forma mutua a pesar de que uno de los grupos no emprendió nunca ese viaje.


Fotografía Jesús Garrido

11 comentarios:

Lola dijo...

La vida es una obra de teatro, que bien argumentada puede ser un exito total. Me gusta ser la protagonista y elegir al actor secundario al que siempre "si se porta bien" le cedo el papel principal. Me gusta leerte me inspiras y me haces pensar. Un beso

Nacida en África dijo...

Como dice Lola, la vida es una gran obra de teatro, lo que sucede es que a veces nos imponen los papeles y no podemos representarlos de la misma manera que si lo hubiéramos elegido nosotros. Pero así es la vida.

Me alegro de que te haya gustado la imagen de mi tierra.

Brisas y besos.

Malena

Recomenzar dijo...

Bueno te leo y te cuento La pelicula que veo a diario es la que voy creando yo misma. Me encanta haberte encontrado te dejo un abrazo tu escrito hermoso

Miquel dijo...

Un saludo. Prometo seguirte. Es temprano y para contestar he de reflexionar (palabra diseño), antes pensar...Salut

Lansky dijo...

pues no, la vida no es una obra de teatro, como bien sabía el mejor autor de teatro que ha habido, sino un relato contando por un idiota lleno de ruido y furia y sin ningún sentido

Miguel Ángel de Mòstoles dijo...

La vida es puro teatro, el teatro es vida en platea, ¿ambas son verdades a medias?

Hace tiempo que no voy al teatro, eso cambiará ya, porque en él puedo vivir otra realidad.

¡Un fuerte abrazo!

Sombras Chinescas dijo...

A mí Burgos me resulta muy agradable, en particular en invierno 8a pesar del frío).

Saludos.

Manuel de la Rosa -tuccitano- dijo...

Nada más cercano que la mezcla de la realidad con el absurdo... es igual que nuestra vida enfrentándose al presente....lo que no sé es cual de los dos buzones "morderá" más...un abrazo

Juanjo dijo...

Deberíamos ir más al teatro, es cierto. Y también escribir cartas para que las engullan las cabezas de los leones.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

ES curioso: quizá podríamos meter la mano en la boca del león de Cástulo y sacarla en Burgos.

Kety dijo...

Ya lo expresó Calderón de la Barca en, "El gran teatro del mundo"

Saludos