Punto Omega de Don DeLillo nos muestra un mejor ejemplo que el vivido en Cástulo de lo que es un auténtico destierro de interior, me atrae leyendo esta novela como si la protagonizara. Jim Finley quiere rodar una película, en mi caso publicar este libro inacabable con una nula búsqueda de algún tipo de prestigio o beneficio, sólo altruismo y trabajo de escritura en un anonimato relativo como compañero de viaje.
No hablábamos de todo a pesar de tantas cosas en común, sus deseos frustrados eran mi modo de vida, el protagonista odia la violencia, que frase tan fácil para acabar odiando la violencia silenciosa mucho más dañina para el alma.
Ella desaparece para el autor que narra, ella se quedó en el mismo lugar.
Sospechas que ella se pueda haber suicidado en pleno desierto, yo lo estaba haciendo poco a poco según me dijeron.
Al acabar la función vuelven los empujones, no sabemos si es comedia o terror, nuestra vida es lo que queremos, lo que pensamos, somos los tramoyistas del decorado que nos rodea y adaptamos a nuestros deseos, los decorados artificiales con trampa son creados por las reacciones impasibles.
10 comentarios:
yo no se si odiamos la violencia o es que no tenemos por suerte oportunidad de hacer uso de ella...a veces me dais / me doy miedo
great blog
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Muy buenoo!
:)
Un beso
El exilio interior parece destino obligado en nuestras vidas. Y las crisis, entendidas como tales las que terminan con algo y empiezan otra cosa. No los baches, los tropiezos de los que uno se levanta para volver al mismo sitio.
Parece interesante el libro de Don DeLillo.
¡Soberbio el último párrafo!, me siento identificado.
Una obra en la que ponemos todo el empeño, pero siempre de una u otra forma los secundarios la revientan... Empecemos de nuevo ¿se dará mejor hoy? Un beso
Nunca entendí lo de no dejar pasar una vez iniciada la función. Quizás, junto a las cortinas de las puertas de acceso, la función podría verse y además, sería diferente en el contenido. Y en el continente.
Me gusta más el punto Alfa.
El destierro interior: estar en un lugar centrico como si se estuviera en medio de la nada, protagonizar un libro escrito por otro, construir unos decorados adaptados a nuestros deseos, y luego volver al tranvia y a los empujones.
Parece ser que Hitchcock no dejaba entrar en el cine una vez empezada "Psicosis". Cuando vi esa pelicula por primera vez ya conocia el final, asi que quiza lo que vi fue una pelicula diferente.
"La divina Comedia" de nuestras vidas.
Precioso relato.
Besicos muchos.
por eso los niños no creen en la propia muerte, se creen eternos, aunque eso es lo de menos, porque no saben ni quieren conocer el (su) final
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