Trópico de Cáncer

Con este kit kat laboral me doy cuenta que desde hace rato no pasa ningún tranvía, la estación que hay delante de la redacción parece paralizada hasta que parece resurgir de sí misma cuando escucho una campana de lo que parece ser una unidad que llega a la estación, no es ningún tranvía, falsa alarma, a continuación un silencio otra vez de muerte. Delante del diario la niebla poco a poco va cubriendo los raíles, de la parada va quedando poca parte visible, pero él permanece ahí sentado esperando un tranvía que lo suba a la ciudad, logro ver que está leyendo con poco entusiasmo Trópico de Cáncer de Henry Miller.

Todo aquel babear empezó a tener sentido.


Desde la ventana y por su expresión pienso que la lectura de Trópico de Cáncer le pronostica algunos pasajes de su pasado, de Cástulo no vienen indudablemente tranvías, el camino no llega tan lejos, el vacío todavía lo invade, le cuesta superar los obstáculos de la vida, Henry Miller lo sitúa en distintas escenas del fracaso y la soledad, una compañera del diario y una de sus mejores modelos de la última feria también lo ha hecho desaparecer, y más que le caerán, perderá los pocos amigos que le quedan, su única defensa es la palabra, la mía al ser publicable es más resistente que la suya que vaga a la deriva sin posibilidad de retroceder, convertirlo en pura nulidad a pesar de su obcecada fidelidad lectora.

El trayecto desde la estación fue un largo sueño.


Trópico de Cáncer es la desolación convertida en escritura que todavía escandaliza a más de uno en Cástulo y sus falsas apariencias a dos bandas, como el deseo de la foto del fotógrafo con la otra comensal, permanecer los dos desnudos bajo la cascada en el exterior acristalado del Restaurante Los Jardines de la Villa, rostros obsoletos que enmascaran mentes colmadas de deseo, volver al sanatorio a dormir sin la preciada foto.

El caso es que empezaron a darle tratamiento mental. Y, mientras tanto, le sacaban los dientes, cada vez más, hasta que no le quedó ninguno.

Siente miedo ahí sentado esperando entre la cada vez más espesa niebla un tranvía que lo devuelva a la ciudad, es demasiado estúpido para saber que la soledad y el fracaso sigue con él, y que no corra el peligro de cruzarse conmigo para escuchar cuatro frescas.

No parecía dase cuenta bien de lo que yo estaba insinuando.

Henry Miller lo condena también a una perplejidad momentánea que interrumpe para olvidarse tanto de Trópico de Cáncer como de Cástulo para mirar hacia las ventanas del periódico entre las que me encuentro, es inútil que siga, si subiese a hablar conmigo nos pasaríamos toda la tarde riñendo y armando escándalo, de momento prefiero recrearme en la burla mordaz, pero esa frase del autor lo tiene todavía tan obsesionado que creo que es mejor vivir como protagonista de reparto.

En el último minuto, trastornado como estaba, era capaz de saltar del tren y acudir corriendo junto a ella.

No respondo a este párrafo del libro, ya no hay tiempo, cuando por fin llega el tranvía él ya no está sentado en la parada leyendo, no posee ni categoría de pasajero para subir al vagón. Dejo de mirar por la ventana, vuelvo al trabajo, es complicada la lectura compartida del mismo libro en una distancia de pocos metros.

......, su pasado, su antiguo suelo,

......, su curso es inmutable.


Pronosticar el pasado con vivencias literarias del presente se ha convertido en una obsesión, no es esa la lectura por la que se dejó influir como lo hizo Big Sur, esa obra también de Henry Miller que le sigue aguardando criando ácaros en la estantería, como ese tranvía que llegó cuando dejó de ser el pasajero leyente de literatura que lo esperaba para convertirlo en un fiel lector del periódico local. Pero todo producto de pasiones excluyentes que él mismo se labró sin saber todavía por qué.

10 comentarios:

Francisco Mendez dijo...

hace años leí los Trópicos de Henry Miller,los volveré a releer.

Saludos

Juanjo dijo...

Sin embargo, aunque no entusiasme, es preciso leer algo de nuestra soledad y de nuestro fracaso.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Por aquí ando otro domingo más. Siempre genial las cosas que nos dejas.

Saludos y un abrazo.

Miquel dijo...

Me gusta más el de Capricornio. Como jefe de personal de correos...esas tres páginas son imborrables... salut

NoSurrender dijo...

Hace demasiados años que leí los trópicos de Miller, los tengo algo descatalogados, arriba de una estantería.

Yo creo que para la soledad despistada de los modernos tranvías europeos quedaría más apropiado algo de Houellebecq.

Salud!

Henry Miller dijo...

guau!

Lansky dijo...

Envejecen mal los Trópicos de Miller, aunque fueron un deslumbramiento a mis 18 años; prefiero El Coloso de Marusi

Francisco dijo...

"Pronosticar el pasado con vivencias literarias del presente se ha convertido en una obsesión"
GRAN FRASE.

Toni Sagrel dijo...

La mayor defensa puede ser la palabra, sobre todo de quien te acompaña. Aunque no llegues a notarlo.

El trópico es ese lugar donde el paraíso empieza a hacerse realidad.

Y Andalucía, está muy cerca.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Acabo de recordar que hace demasiado tiempo que no leo a Miller.